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La negociación de Facturas de Crédito Electrónicas (FCE) gana cada vez más popularidad como mecanismo de financiamiento para las pequeñas y medianas empresas.

En julio, el volumen operado en el mercado de capitales alcanzó los $ 80.000 millones, con un crecimiento del 172% interanual, según datos difundidos por Plataforma FCE, del Mercado Argentino de Valores, Grupo MAV.

El avance se produce en un escenario en el que las pymes buscan alternativas para obtener capital de trabajo y reducir el costo financiero.

Eligen este mecanismo cada vez más porque la particularidad de la FCE es que permite a una empresa de menor tamaño anticipar el cobro de una venta realizada a una compañía grande, pero acceder al mercado tomando como referencia el riesgo crediticio de esta última. “Desde la pyme es el instrumento para financiarse más barato y más eficiente a nivel impositivo”, explicó Eduardo Goldman, de Alycbur.

Una tasa mejor

Según detalló, cuando una pyme negocia una factura emitida a una gran compañía, la tasa que consigue está asociada al riesgo del pagador y no al de la empresa que originó el crédito. Ahí aparece una de las principales diferencias frente a otras fuentes de financiamiento. Una pyme que vende a una compañía de primera línea puede hacerse de los fondos antes del vencimiento de la factura con condiciones vinculadas a la calidad crediticia de esa empresa.

“Cuando se vende la factura en el mercado, ni siquiera lleva el endoso o el nombre de la empresa pyme que la vende. Directamente se vende la factura con el nombre de la empresa grande a la cual se le facturó”, señaló Goldman. Además, sostuvo que una vez realizada la operación no existe responsabilidad patrimonial para la pyme por la venta ni por un eventual atraso posterior en el pago.

Los números muestran una aceleración de las operaciones. Durante los últimos doce meses también se observa una tendencia ascendente, aunque con algunas oscilaciones mensuales y un máximo cercano a $ 85.000 millones en junio.

Margen de crecimiento

No obstante, para Goldman todavía existe un margen considerable para que el instrumento gane profundidad y considera que una de las barreras es el desconocimiento entre las propias empresas. “Todos los días estamos enseñándole a nuevas pymes este sistema, que es un mecanismo súper sencillo y todo digital”, aseguró.

Detalló que la factura puede alojarse en una cuenta comitente para esperar su vencimiento o negociarse en el mercado para obtener liquidez anticipadamente. El ejecutivo destacó además que, dentro de la cuenta comitente, los fondos pueden posteriormente invertirse, transferirse a una cuenta bancaria o utilizarse para realizar pagos a proveedores.

Según Goldman, entre las grandes compañías que utilizan el sistema se encuentran empresas como YPF, Carrefour y Quilmes. Para estas compañías también existen incentivos: al facilitar que sus proveedores descuenten las facturas en el mercado pueden obtener mayores plazos comerciales sin trasladar necesariamente ese costo financiero a la pyme. “Puede conseguir más plazo de sus proveedores, que se van a financiar a las mejores tasas del mercado, y eso va a redundar en menor costo para los productos que compran”, explicó.

Según explicó, la normativa no establece una penalidad específica por no incorporarse al esquema. Por eso, a su entender, el crecimiento depende en buena medida de que las compañías comprendan los beneficios tanto para ellas como para sus proveedores. También identifica una cuestión regulatoria pendiente: la ausencia de un interés compensatorio o punitorio específico cuando la empresa pagadora cancela la factura después de su vencimiento.