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Los últimos datos actividad económica, así como los indicadores sociales de las últimas semanas contribuyeron a formar las alertas que los inversores encendieron respecto de la Argentina. El Indec informó que en julio el nivel de actividad registró una caída desestacionalizada de 2,9% y de 1,4% interanual. En tanto la pobreza alcanzó al 36,8% en el primer semestre. El riesgo país superó los 600 puntos y las acciones profundizaron pérdidas. El menor dinamismo de la economía podría modificar expectativas.

“Si bien el oil & gas, la minería y el agro siguen traccionando, el derrame no llega al resto de la economía”, explicó a El Cronista Gastón Lentini, analista financiero. Señaló que el Gobierno mantiene un margen de maniobra reducido para estimular la actividad.

“El desempleo está controlado por ahora y considero que alguna acción se podría tomar para impulsarlo, pero el corset actual que se produjo en parte por la baja de la recaudación y no deja espacio para muchas maniobras”, sostuvo Lentini.

Los datos económicos en el ojo

Para Leo Anzalone, director del CEPEC, los datos económicos comenzaron a ganar protagonismo en las decisiones de inversión. “Durante buena parte del año, la discusión estuvo concentrada en la cuestión fiscal, la inflación y la acumulación de reservas. Pero cuando los datos empiezan a confirmar que la economía no viene bien, el mercado empieza a hacerse otras preguntas”, afirmó.

Consideró que una desaceleración persistente puede alterar la percepción de riesgo de los inversores. “El dato de julio es bastante claro en ese sentido. Si esto se repite y la economía entra en una etapa de contracción más prolongada, deja de ser solamente un problema de actividad y empieza a tener impacto sobre las expectativas financieras”, explicó.

“El inversor mira la capacidad futura de generar recursos para hacer frente a los vencimientos. Por eso, cuando los datos económicos empiezan a mostrar debilidad, el mercado puede exigir una mayor prima de riesgo, aunque las cuentas fiscales todavía mantengan cierto orden”, indicó.

No obstante, aclaró que “también hubo un fuerte deterioro del contexto internacional que hace más difícil la valuación de los activos emergentes”, agregó. Hacia el 2027, el principal interrogante será si los datos recientes representan un episodio aislado o el inicio de una tendencia.

“Durante meses el mercado vio datos flojos de actividad y siguió de largo porque la inflación venía bajando y se compraban reservas. Eso cambió. Los números de actividad y de pobreza salieron peor de lo esperado y por primera vez en mucho tiempo los inversores reaccionaron”, explicó la directora de Emerald Capital, Elena Alonso.

Dijo que hay tres mecanismos por los que una economía más débil repercute en los activos financieros. Uno son las cuentas públicas. A eso se suma el impacto sobre las empresas. “Si la gente consume menos y le cuesta pagar lo que debe, los primeros en sentirlo son los bancos”, afirmó.

El tercer canal son las expectativas. “Una economía que no arranca empieza a generar incertidumbre para el año que viene y el mercado ya empieza a ponerle precio a eso”, indicó. El riesgo país es el principal termómetro de esa percepción, dice. Descarta una crisis financiera, pero recomienda prudencia.