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Argentina poco a poco conforma un sólido ecosistema emprendedor, siendo de los más activos de la región. Con más de 1.030 startups y un crecimiento del 12,2% en el último año, el país sigue atrayendo talento e inversión.
De hecho, en 2025, las startups locales captaron cerca de u$s 500 millones en capital de riesgo, según datos de la Asociación Argentina de Capital Privado, Emprendedor y Semilla (ARCAP), y 2026 comenzó incluso por encima de ese ritmo.
Este dato refleja un renovado interés de los inversores, aunque con una lógica distinta. “El capital es mucho más selectivo. Hay menos espacio para las promesas y mucho más foco en modelos que efectivamente funcionan”, explica María Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina.
Las 7 claves para que un emprendimiento funcione
A partir de su experiencia con emprendedores, Bearzi identificó una serie de factores entre los proyectos que tienen éxito y los que quedan en el camino.
Validar el problema antes de invertir
Uno de los errores más frecuentes es avanzar sin confirmar si existe una necesidad real. En este sentido, la directiva explica que muchos emprendimientos no superan los primeros años, no por falta de esfuerzo, sino porque nunca validaron si el problema que resolvían era relevante.

“Todavía vemos muchos emprendimientos que no superan los primeros años, pero en la mayoría de los casos no es por falta de esfuerzo. Es porque nunca terminaron de validar algo esencial: si el problema que resolvían era realmente importante para alguien”, detalla.
“Cuanto más tarde se hace esa distinción, más caro sale”, advierte. La validación, en este marco, no es una etapa puntual, sino un proceso continuo que determina la viabilidad del negocio.
Medir y tomar decisiones con datos
Otro punto central es incorporar métricas desde el inicio y evitar decisiones basadas únicamente en intuición.

Bearzi remarca que los emprendimientos que logran consolidarse son los que ajustan constantemente en base a resultados concretos. Ese proceso de iteración es clave: “La rentabilidad no aparece de un día para el otro. En general, los modelos que logran consolidarse atraviesan primero un período de ajuste muy intenso: probar, medir, corregir y volver a probar”.
Construir modelos que puedan escalar sin depender completamente del fundador
Diseñar un negocio que funcione en el tiempo implica pensar más allá del corto plazo. El desafío no es solo que el emprendimiento funcione, sino que pueda crecer sin desarmarse en el camino.
Según Bearzi, una señal clara de solidez es la capacidad de sostener el crecimiento: “Un modelo que no se rompe al escalar”.

Entender los unit economics antes de priorizar el crecimiento
El foco del ecosistema cambió: crecer ya no es suficiente si no hay una lógica económica detrás. “Clientes que vuelven sin tener que salir a buscarlos todo el tiempo, unit economics que mejoran cuando el negocio crece, un modelo que no se rompe al escalar. En la mayoría de los casos, llegar a esa evidencia real lleva varios años”, explica la directiva.
Ese cambio también se refleja en la mirada del mercado: “Durante muchos años el foco estuvo puesto en crecer rápido. Hoy la pregunta es otra: qué compañías logran construir un modelo sólido, con clientes reales, capacidad de ejecución y una lógica que se sostenga en el tiempo”, detalla.
Armar equipos complementarios, incluso antes de expandir la estructura
El equipo es un factor determinante en las primeras etapas de un proyecto. “Muchas veces vemos fundadores que eligen socios o primeras incorporaciones por afinidad personal, cuando en realidad lo que más necesita una compañía en etapa temprana es diversidad de capacidades y miradas”, advierte Bearzi.

Y destaca una característica esencial de los equipos que funcionan: “No el equipo que simplemente se lleva bien, sino el que se complementa, discute bien y puede tener conversaciones incómodas a tiempo”.
Mantener el foco y evitar la dispersión
La multiplicidad de oportunidades puede jugar en contra si no hay una estrategia clara.
“Lo que diferencia a los emprendimientos que logran sostenerse de los que quedan en el camino rara vez es la idea. Las buenas ideas son bastante más comunes de lo que parece. La diferencia suele estar en la ejecución y, sobre todo, en la capacidad de tomar decisiones con criterio”, aclara.
En este contexto, sostener una dirección definida y evitar la dispersión resulta clave para avanzar con consistencia.
Profesionalizar la operación antes de que el crecimiento exponga los problemas
Por último, anticiparse al crecimiento con una estructura ordenada es un factor crítico. En un contexto como el argentino, marcado por la volatilidad, este desafío se vuelve más complejo: acceso limitado al financiamiento, costos variables y baja previsibilidad.
“El riesgo es que esa lógica de resolver urgencias permanentemente termine dejando en segundo plano lo importante: construir un modelo sólido, profesionalizar la operación o pensar el crecimiento desde una lógica más global”, concluye Bearzi.
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