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A pesar de una cosecha fina que aportó oxígeno, un blanqueo que dejó depósitos récord y empresas que se endeudan en el exterior para traer divisas, el mercado cambiario argentino muestra una anomalía: el dólar no se desprende del techo de la banda de flotación.

Para el economista Pablo Goldin, director de Macroview, la explicación no reside en la falta de oferta, sino en un delicado equilibrio de flujos que tiene al ahorrista minorista como el gran protagonista silencioso.

En una entrevista con el streaming Ahora Play, Goldin desmenuzó la compleja ingeniería que sostiene la paz cambiaria actual y puso un número concreto sobre la mesa que el mercado mira con lupa: los u$s 1000 millones mensuales. Según el analista, ese es el umbral de tolerancia del sistema actual antes de que el tipo de cambio empiece a sufrir presiones insostenibles.

El “número mágico” del mercado minorista, según Goldin

Consultado sobre por qué el dólar se mantiene “caliente” —cerca del límite superior— a pesar de que los indicadores macro parecen alineados, Goldin fue tajante sobre la conducta de los argentinos y la demanda de divisas.

“En Argentina ‘poco’ es 1000 millones de dólares por mes. Si las personas demandan eso, es condición necesaria para que el Banco Central compre sin que el tipo de cambio se vaya muy para arriba”, explicó el economista.

Para el especialista, si la demanda minorista supera ese escalón, el BCRA pierde la capacidad de acumular reservas sin forzar una devaluación del peso que el Gobierno no está dispuesto a convalidar.

Esta “paz armada” en el mercado de cambios depende de que el ahorrista no se asuste. Goldin recordó que este equilibrio ya se puso a prueba en los últimos meses de 2025: “Pasó en noviembre y en diciembre; si la gente compra por debajo de ese nivel, el esquema cierra”. Sin embargo, la persistencia del dólar en el techo de la banda indica que la oferta está siendo absorbida casi en su totalidad por la demanda privada.

Las empresas: el “superávit paralelo” que sostiene el plan

Uno de los datos más potentes que arrojó el director de Macroview es que el superávit comercial por sí solo ya no alcanza para financiar una economía sin cepo. La verdadera llave del éxito cambiario del último año ha sido el ingreso de capitales financieros del sector privado.

“El año pasado entraron como 12 o 13 mil millones de dólares de ingreso de capital de empresas, casi un superávit comercial entero. Eso debería seguir pasando”, advirtió Goldin.

Su tesis es clara: si las empresas dejan de tomar deuda o de traer inversiones, el Banco Central no tendrá con qué abastecer la compra de dólares de “la gente” sin recurrir a restricciones o ver saltar el precio. “Si el Banco Central sale a comprar el superávit comercial, tiene que haber suficiente ingreso de capitales para que financie la compra de dólares de la gente sin cepo”, sentenció.

El Banco Central en el “medio del sándwich”

Goldin describe al Banco Central (BCRA) como una institución que intenta hacer equilibrio en una cuerda floja. Por un lado, necesita inyectar pesos para que la economía no se hunda más; por el otro, debe evitar que esa liquidez se vaya al dólar.

“Me da la impresión de que el Banco Central está en el medio del sándwich. Muchas empresas están esperando cuándo hay más plata en la calle, cuándo vuelve el crédito, cuándo vuelve la liquidez, porque hace 6 u 8 meses que la economía se frenó”, analizó.

Para él, el programa de compra de dólares que el Central inició en enero busca, precisamente, “matar dos pájaros de un tiro”: “Trata de acumular reservas para pagar deuda externa y, por otro lado, emite pesos e inyecta liquidez”. Sin embargo, advirtió que no es una estrategia de emisión descontrolada: “No es un Banco Central inyectador de pesos a la carga barraca. Va a ir probando. Es prueba y error”.

El rol de Caputo y el “impacto neutro”

En un análisis técnico sobre la liquidez, Goldin desmitificó el efecto expansivo de las compras de dólares del Central. Explicó que la coordinación con el Tesoro, a cargo de Luis Caputo, es lo que evita que el dólar vuele por exceso de pesos, pero al mismo tiempo es lo que impide que la economía se reactive con fuerza.

“Si el Banco Central compra dólares, pero al mismo tiempo el Tesoro, para pagar deuda externa, le compra los dólares al Banco Central y le lleva pesos, el impacto de la liquidez es neutro. Los pesos que a la mañana emitió el Central los termina absorbiendo a la tarde porque el Tesoro se los lleva”, detalló. Este mecanismo es el que mantiene el dólar a raya, pero a costa de “secar” la plaza.

2027: el verdadero “paredón” de dólares

Finalmente, Goldin alertó que el actual entrenamiento cambiario de 2026 es solo un ensayo para el desafío monumental que vendrá en apenas 12 meses. La calma cambiaria de hoy es la única oportunidad para prepararse para un salto violento en los vencimientos.

“El 2026 tendría que servirnos de precalentamiento para estar bien preparados para el 2027. Porque el 2027 es más difícil”, aseguró. Goldin puso números al “vía crucis” financiero: de los u$s 10.000 millones que vencen este año, se pasará a u$s 20.000 millones en 2027.

“Hay que devolverle plata en serio al FMI, hay más vencimientos de Bopreal y empiezan a vencer los Repos... el 2027 es más difícil”, repitió, dejando en claro que cualquier error en el manejo del flujo de los u$s 1000 millones minoristas hoy, podría dejar al país sin defensas para el choque que se avecina en el horizonte cercano.