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Microsoft, Amazon, Google y Meta protagonizan una carrera sin precedentes por liderar la inteligencia artificial. Entre centros de datos, chips y capacidad de cómputo, el gasto conjunto de los cuatro gigantes tecnológicos se acercará al billón de dólares anuales en 2027.

Ahora, Wall Street empezó a hacer la pregunta más importante: ¿de dónde saldrá el dinero para justificar semejante inversión? Goldman Sachs cree tener la respuesta.

Hasta hace poco, el mercado celebraba cada anuncio de nuevos modelos o mayores inversiones en infraestructura. Pero el debate cambió. Para los inversores ya no alcanza con que la IA sea cada vez más potente: ahora quieren saber cómo esos desembolsos terminarán convirtiéndose en ingresos y ganancias.

En un nuevo informe, Goldman Sachs sostiene que la respuesta no pasa solamente por vender más servicios de inteligencia artificial.

El verdadero negocio consistirá en capturar parte de las ganancias que hoy generan otras industrias, trasladando gasto que actualmente se destina a personas hacia software, modelos de IA y capacidad de cómputo.

El próximo gran negocio no es crear riqueza, sino redistribuirla

Según Goldman, la IA está entrando en una nueva etapa. Durante los primeros años, las empresas utilizaron estas herramientas principalmente para mejorar la productividad. Ahora comienza una fase distinta: la automatización de procesos completos.

Eso significa que muchas tareas que hoy requieren intervención humana podrán resolverse mediante modelos de inteligencia artificial, reduciendo la necesidad de contratar personal para realizar el mismo trabajo.

El dinero que las empresas dejen de gastar en mano de obra no desaparecerá. Una parte importante se redireccionará hacia infraestructura tecnológica, licencias de software y servicios de IA, precisamente los negocios donde compiten Microsoft, Amazon, Google y Meta.

En otras palabras, los hyperscalers no recuperarán el billón de dólares invertido únicamente vendiendo chatbots. Lo harán capturando parte del gasto corporativo que hoy pertenece a otros sectores.

El mercado laboral es apenas el primer ejemplo

Para demostrar esa hipótesis, Goldman tomó como caso de estudio la industria global del reclutamiento y contratación de personal.

¿Por qué ese sector? Porque permite medir con “bastante precisión” qué ocurre cuando una empresa necesita menos empleados gracias a la inteligencia artificial.

Sucede que si cada trabajador produce más gracias a la IA, también disminuye la necesidad de contratar nuevos empleados o recurrir a personal temporario. Eso reduce los ingresos de consultoras de recursos humanos, empresas de staffing y plataformas de contratación.

Ese ahorro, sostiene Goldman, terminará financiando parte del crecimiento del negocio de la inteligencia artificial.

Más de u$s 60.000 millones de ganancias podrían cambiar de dueño

El informe cuantifica por primera vez cuánto dinero podría desplazarse dentro de esta industria.

En el negocio del empleo temporario identifica un profit pool cercano a u$s 10.000 millones. En las contrataciones permanentes calcula otros u$s 41.000 millones.

Y en el mercado global de freelancers suma aproximadamente u$s 12.000 millones adicionales.

En conjunto, son más de u$s 60.000 millones en ganancias que podrían verse afectadas a medida que la inteligencia artificial reduzca la demanda de trabajo administrativo, financiero, tecnológico o legal, donde las tareas son más repetitivas y digitalizables.

También aparecen nuevos negocios

Goldman aclara que la IA no sólo destruye ingresos para algunos sectores. También crea nuevas oportunidades de monetización.

Una de ellas es el software para automatizar el trabajo de los reclutadores. El banco estima que este mercado podría alcanzar u$s 38.000 millones, impulsado por herramientas capaces de buscar candidatos, analizar currículums, coordinar entrevistas y gestionar procesos completos de selección.

A eso se suma un mercado de u$s 17.000 millones vinculado a plataformas de empleo como LinkedIn o Indeed, que dejarán de monetizar simplemente la publicación de avisos para cobrar cada vez más por lograr contrataciones efectivas mediante algoritmos de matching y selección automática.

La IA todavía no reemplaza trabajadores

Aunque el informe habla de una fuerte redistribución de ganancias, Goldman evita uno de los discursos más repetidos alrededor de la inteligencia artificial: el reemplazo masivo de empleos.

De hecho, sostiene que ese escenario todavía está lejos.

Actualmente, alrededor del 75% de los trabajadores del conocimiento ya utiliza herramientas de IA, mientras que el 84% de los desarrolladores las usa o planea utilizarlas, pero la mayoría de las aplicaciones sigue funcionando como un asistente que mejora la productividad y no como un sustituto completo del trabajador.

Por eso, el banco considera que la gran transformación llegará cuando los modelos dejen de resolver tareas aisladas y pasen a ejecutar procesos completos de principio a fin.

La apuesta de Wall Street

Más allá del mercado laboral, Goldman deja entrever una idea mucho más amplia.

Si la IA logra absorber parte de las ganancias de sectores como consultoría, servicios legales, contabilidad, atención al cliente, marketing o seguros, el mercado potencial para los hyperscalers será muchísimo mayor que el de vender licencias de software.

La gran apuesta de Wall Street no es que Microsoft, Amazon, Google y Meta vendan más inteligencia artificial. Es que la IA se convierta en una nueva infraestructura económica capaz de quedarse con una parte creciente del valor que hoy generan industrias tradicionales.

Si esa transferencia de ganancias ocurre, el billón de dólares que hoy parece una apuesta descomunal podría terminar siendo apenas el costo de construir la próxima gran fuente de beneficios de la economía global.