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El Bank of America (BofA) detectó una combinación riesgosa para los mercados emergentes: tasas de interés más altas en Estados Unidos y un dólar fortalecido. Un combo
Según su última encuesta a administradores de fondos de América Latina, esos dos factores se consolidaron como los principales riesgos externos para los activos de la región, por encima de una desaceleración de la economía estadounidense, las tensiones geopolíticas o un deterioro de la economía china, así como de los precios de las materias primas.
La advertencia es especialmente relevante para la Argentina. Y es que una política monetaria más restrictiva por parte de la Reserva Federal (Fed) encarece el financiamiento global, fortalece al dólar y reduce la disposición de los inversores a asumir riesgo en economías emergentes.
El efecto suele sentirse con más intensidad en los países que todavía pagan una prima elevada para acceder al crédito internacional.
Sin embargo, el diagnóstico de Bank of America no es completamente defensivo. El banco sostiene que el deterioro de las perspectivas macroeconómicas para los mercados emergentes podría haber avanzado lo suficiente como para abrir una oportunidad táctica de inversión.
En ese escenario, la Argentina despierta el interés entre los grandes fondos y aparece, además, en dos de las apuestas concretas de la entidad: bonos soberanos en dólares y deuda ajustada por inflación (CER).

Qué espera el mercado para la Argentina
La encuesta de administradores de fondos de Bank of America muestra que los inversores continúan siendo “constructivos” con la Argentina.
No obstante, el entusiasmo dejó de ser uniforme: la proporción de participantes neutrales ya es casi tan grande como la de quienes conservan una visión favorable sobre el mercado local.
La lectura es doble. La Argentina no perdió el respaldo de los fondos, pero el posicionamiento refleja una mayor selectividad.
Sucede que el mercado ya no parece dispuesto a comprar cualquier activo argentino bajo una tesis general de normalización, sino que empieza a diferenciar precios, riesgos y catalizadores.
Este cambio ocurre en un contexto regional de menor apetito por riesgo. La exposición de los fondos a acciones y su disposición a incrementarla durante los próximos seis meses se encuentran por debajo de los promedios históricos.
Al mismo tiempo, los inversores favorecen estrategias vinculadas con compañías de alta calidad, activos value y dividendos, mientras reducen su interés por posiciones de alta volatilidad o beta elevada.
La mayoría también espera un dólar más fuerte durante 2026. Para la Argentina, esa combinación puede limitar la velocidad de una eventual compresión adicional del riesgo país, aun cuando los factores domésticos evolucionen favorablemente.
La amenaza de las tasas de Estados Unidos
El principal riesgo señalado por Bank of America es que la Reserva Federal deba mantener o profundizar una política monetaria restrictiva.
El propio escenario base de la entidad contempla varias subas de tasas durante el año. Eso debilita la señal positiva que BofA encuentra en los precios de la deuda emergente, porque un endurecimiento prolongado de la Fed puede ampliar los spreads aun cuando las valuaciones ya reflejen un panorama macroeconómico adverso.
El banco recuerda lo ocurrido en 2022. En aquel momento, el pesimismo sobre los emergentes también había alcanzado niveles extremos y, durante algunos meses, los spreads comenzaron a comprimirse.
Pero el movimiento terminó revirtiéndose cuando el ciclo de subas de la Fed volvió a dominar el mercado.
Por eso, Bank of America no plantea una señal de compra irrestricta. La oportunidad es táctica y convive con un escenario internacional “estructuralmente precario”, en palabras del informe.
Por qué el pesimismo puede transformarse en una oportunidad
El argumento favorable surge de un indicador elaborado por el banco para medir cómo evolucionan las perspectivas macroeconómicas de los países emergentes.
Bank of America analiza las revisiones de cuatro variables:
- crecimiento económico;
- resultado fiscal;
- inflación;
- cuenta corriente.
En la última actualización, apenas el 32% de los países emergentes registró revisiones positivas, la proporción más baja desde junio de 2022.
El deterioro se concentró principalmente en las previsiones de inflación y de resultado fiscal, junto con una reversión del optimismo previo sobre el crecimiento.
A primera vista, el dato es negativo. Pero el banco encontró que los episodios de pesimismo extremo suelen coincidir con puntos de inflexión para los activos emergentes.

Desde 2015 hubo ocho oportunidades en las que menos del 40% de las revisiones macroeconómicas resultó favorable. En seis de esos ocho casos, los spreads de la deuda externa emergente se comprimieron durante los seis meses posteriores.
La reducción promedio fue de 28 puntos básicos, frente a una compresión promedio de apenas cinco puntos básicos para cualquier período de seis meses desde 2015.
La lógica se basa en que cuando las proyecciones empeoran de manera generalizada, los precios pueden incorporar una porción significativa del escenario adverso.
En ese punto, una estabilización de las expectativas —sin necesidad de una mejora espectacular puede generar una recuperación de los bonos.
BofA resume esta tesis bajo la idea de que “la oscuridad precede al auge”. No anticipa un boom asegurado, sino una relación riesgo-retorno que empieza a inclinarse favorablemente después de que el mercado descontó buena parte de las malas noticias.
La apuesta concreta por la Argentina
Dentro de esa estrategia, Bank of America mantiene una posición compradora sobre el bono soberano argentino con vencimiento en 2035.

La operación fue abierta en abril, con un precio inicial de u$s 74,1, un objetivo de u$s 80,8 y un nivel de salida defensiva de u$s 69,5.
Al momento del informe, el bono cotizaba por encima del objetivo original, en torno de u$s 82,1. A pesar de ello, la posición seguía incluida entre las recomendaciones abiertas del banco.
La tesis de del gigante bancario es que una disminución de las tensiones internacionales podría reactivar el “círculo virtuoso” de la Argentina.
En palabras menos técnicas, un contexto global menos adverso permitiría que los avances locales conseguidos por el Gobierno se reflejaran con mayor fuerza en los precios de los bonos.
Pero la recomendación viene acompañada de una lista precisa de riesgos:
- tensiones geopolíticas;
- apreciación cambiaria;
- menor crecimiento económico;
- caída de la aprobación presidencial;
- posibles desvíos respecto del programa acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El banco no desconoce, por lo tanto, los riesgos políticos, cambiarios y de actividad. Su posición se apoya en que los bonos todavía pueden capturar una mejora adicional si el escenario internacional deja de actuar como freno.
También apuesta por bonos CER
La otra señal concreta sobre la Argentina aparece en el mercado de deuda en pesos.
Bank of America cerró su posición compradora en el Boncer con vencimiento en septiembre de 2028 después de que el instrumento alcanzara el precio objetivo.
En lugar de abandonar la estrategia, decidió trasladar la exposición al Boncer de diciembre de 2028 porque considera que los rendimientos reales continúan siendo atractivos.
La decisión es más que interesante porque muestra que la preferencia del banco no se limita a la deuda soberana en dólares. BofA también ve valor en instrumentos ajustados por inflación, pese al proceso de desinflación argentino.
La apuesta no implica necesariamente que espere un rebrote fuerte del índice de precios. Puede responder a que la tasa real ofrecida por esos bonos compensa suficientemente el riesgo asumido y ofrece valor relativo frente a otras alternativas en pesos.
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