Petróleo: por qué Rusia podría empezar a usarlo como un 'arma' y cómo afecta a los mercados

La crisis energética en Europa se parece cada vez más a la crisis financiera de 2008, y los gobiernos se plantean rescatar a las empresas de servicios públicos y a los proveedores de energía en apuros

No hay duda de que no faltan noticias relacionadas con la energía en Europa en este momento, donde los cortes del suministro de gas ruso siguen dominando un continente que se prepara para lo que parece que podría ser un invierno increíblemente difícil.

En primer lugar, la crisis energética en Europa se asemeja cada vez más a la crisis financiera de 2008, y los gobiernos se plantean rescatar a las empresas de servicios públicos y a los proveedores de energía en apuros, castigados por la decisión de Rusia de empuñar el arma de la energía.

¿Existe un riesgo sistémico como el de 2008? Todavía no, pero los riesgos de una crisis económica más amplia parecen estar creciendo.

Crisis in Europa

El suministro energético de Europa está en peligro. Desde que Rusia cerró el 60% de la capacidad del gasoducto Nord Stream 1 hace tres semanas, en lo que se han considerado represalias por las sanciones impuestas tras su invasión de Ucrania, el precio del gas en Europa se ha disparado (de nuevo).

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En Alemania, esto amenaza con sumir a Uniper en graves dificultades financieras, ya que la empresa tiene que sustituir el déficit de suministros rusos en sus contratos a largo plazo por compras mucho más caras en el mercado al contado.

Se habla de un apoyo gubernamental que podría incluir la entrada de Berlín en la compañía. También es posible que las empresas alemanas de servicios públicos puedan trasnferir estos costos más altos a los hogares y empresas, algo que Berlín no llegó a hacer el mes pasado cuando activó la segunda fase de su plan de emergencia para el gas.

En Reino Unido, las grandes empresas de distribución de energía como Bulb, cuyo consejero delegado dimitió la semana pasada, ya reciben miles de millones en subvenciones de los contribuyentes para ayudar a mantener encendida la luz de los clientes.

Pero Uniper es diferente. Bulb no tenía una capacidad de generación significativa y actuaba principalmente como intermediario entre los mercados de la electricidad y el gas y los hogares. 

Uniper es un actor mucho más grande, con unos 22,5 GW de generación real, por lo que cualquier trastorno significativo para su negocio tendría consecuencias de mayor alcance. Se puede entender por qué Berlín está preocupado. No se puede descartar el rescate de empresas de servicios públicos en otros países conforme se acerque el invierno. Hamburgo advierte de un racionamiento el agua caliente si Rusia corta por completo las exportaciones de gas.

Sin embargo, hay motivos para que la preocupación sea aún mayor ahora que Rusia ha desenfundado el arma de la energía.

El plan del G-7 es arriesgado

Las potencias occidentales quieren poner en el punto de mira las exportaciones de petróleo de Rusia, ya que las consideran una fuente clave de ingresos públicos. Pero, al mismo tiempo, quieren que el petróleo siga fluyendo, ya que Rusia exporta más del 7% del suministro mundial, una cantidad demasiado grande como para ser sustituida fácilmente aunque Arabia Saudita explotase hasta la última gota de su capacidad sobrante.

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Por ello, el G7 está barajando ideas como la de intentar limitar el precio del petróleo ruso amenazando con nuevas sanciones que podrían perjudicar a la industria rusa a largo plazo si no sigue el juego.

Pero existe un riesgo grande y obvio en este plan: si Vladimir Putin está dispuesto a convertir el gas en un arma, ¿por qué no hacer lo mismo con el petróleo?

JPMorgan es consciente de estos riesgos, y ha intentado elaborar un modelo de lo que podría ocurrir si Rusia empieza a jugar con las exportaciones de petróleo. Es una lectura incómoda.

En un informe titulado El límite del precio del petróleo y la ley de las consecuencias no intencionadas, analistas de JPMorgan sostienen que el G7 está jugando con fuego. Rusia se encuentra en una posición relativamente fuerte, ya que hasta ahora las sanciones no han hecho mella en sus ingresos energéticos.

"Por lo tanto, si la situación geopolítica lo requiere, ahora parece más probable que el corte de las exportaciones pueda utilizarse como herramienta política de influencia, en nuestra opinión", advierte Natasha Kaneva, responsable de análisis global de materias primas de JPMorgan.

"Dado el alto nivel de tensión en el mercado del petróleo, un recorte de 3 millones de barriles al día podría hacer que [el] precio global del Brent saltara a u$s 190 el barril, mientras que el peor escenario, un recorte de 5 millones de b/d, podría llevar [el] precio del petróleo a u$s 380 el barril".

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Bajo esos escenarios, los volúmenes de exportaciones de Rusia podrían caer, pero sus ingresos se mantendrían en gran medida, mientras que causaría a las potencias occidentales algo más que heridas. La preocupación por la inflación se convertiría en pánico. Seguramente se produciría una recesión.

JPMorgan cree que sería factible que Rusia realizase recortes de semejante magnitud sin dañar a largo plazo sus yacimientos petrolíferos, ya que fue capaz de eliminar 2 millones de barriles diarios en plena pandemia sin sufrir problemas evidentes para restablecer la producción en los últimos meses.

El G7 debe esperar que China e India, que también sufrirían si Rusia intentase disparar los precios del petróleo, estén advirtiendo a Putin de que se asegure de que sus aliados en el mundo en desarrollo no se conviertan en daños colaterales.

¿Qué le espera a Qatar?

Qatar, un importante proveedor de gas natural licuado (GNL) desde hace 25 años, desempeña desde hace tiempo un papel destacado en los mercados energéticos que todo indica que se reforzará.

En las últimas semanas, la pequeña nación de 3 millones de habitantes del Golfo Pérsico, ha firmado acuerdos de empresas conjuntas con cuatro de las mayores petroleras internacionales para el esperado desarrollo de su proyecto North Field East, de u$s 29.000 millones.

Aunque los nombres de los socios -ExxonMobil, ConocoPhillips, TotalEnergies y Eni- no han supuesto una sorpresa, los anuncios cuidadosamente coreografiados muestran un país rebosante de confianza, gracias a la reorientación de los flujos energéticos tras la invasión rusa de Ucrania, que ha impulsado la demanda mundial de GNL.

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El proyecto North Field East pretende aumentar la capacidad anual de exportación de GNL de Qatar de 77 millones de toneladas a 110 millones en 2026, lo que le ayudaría a superar a Australia como segundo mayor productor de este combustible por detrás de Estados Unidos. Una segunda fase del proyecto, North Field South, podría aumentar aún más la capacidad hasta 126 millones de toneladas anuales en 2027.

La consultora Wood Mackenzie prevé que la capacidad de exportación de GNL de Estados Unidos crezca más rápidamente -de 80 millones de toneladas anuales a 160 millones en 2030-, pero la ampliación de North Field sitúa a Qatar, una vez más, como principal competidor de Estados Unidos.

Qatar está mejor ubicado geográficamente que Estados Unidos para abastecer tanto a Europa como a Asia, y ha indicado que espera que los suministros del North Field East se repartan equitativamente entre las dos regiones. En la actualidad, alrededor del 65% de las exportaciones de Qatar en virtud de contratos a largo plazo tienen como destino Asia, mientras que el 29% van a Europa, según la consultora Energy Aspects.

Qatar ha esperado al menos tres años para firmar los acuerdos de asociación y, hasta ahora, sólo ha cedido un 18,75% del proyecto entre las cuatro empresas conjuntas. Las mayores partes se han concedido a Total y Exxon, que tienen una participación indirecta del 7,5%.

Frank Harris, un experto en GNL de Wood Mackenzie que ha observado la evolución de Qatar durante los últimos 20 años, cree que la estructura de los acuerdos y la secuencia de los anuncios demuestran que la empresa estatal QatarEnergy se siente cada vez más cómoda liderando un proyecto de esta envergadura y que ha reducido su dependencia de su viejo socio Exxon.

"Quién habría pensado hace unos años que Exxon sería el cuarto socio anunciado, en lugar del primero", señala.

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