Google armó uno de los programas de financiamiento de infraestructura más grandes de la historia para proveer más de u$s 150.000 millones en chips de inteligencia artificial a Anthropic.

La creciente demanda de Anthropic, empresa en la que Google es inversor, llevó a la Big Tech a orquestar una operación de gran escala para proveerle sus chips a la startup, según fuentes involucradas en el proyecto y presentaciones corporativas revisadas por el FT.

El esfuerzo reúne a Google, Broadcom, Apollo, Blackstone, Morgan Stanley y a una serie de mineros de criptomonedas en una red de transacciones que abarca desde la fabricación de chips hasta el desarrollo de centros de datos.

En el centro del proyecto están las unidades de procesamiento tensorial de Google, o TPU —chips de IA que la compañía codesarrolla con Broadcom desde 2016—. Utilizados en un principio casi exclusivamente dentro de los propios centros de datos de Google, estos chips comenzaron a venderse externamente, desafiando el dominio de Nvidia en el mercado de procesadores de IA.

Google vende los sistemas en “pods”: racks de servidores más altos que una persona que conectan miles de chips en un único sistema de cómputo.

“Los chips de IA son algunos de los bienes más valiosos jamás producidos”, dijo un banquero senior cercano a las negociaciones. “Es una escala como nunca vimos, porque es un producto que nunca vimos.”

Los acuerdos de financiamiento, que combinan contratos por unos u$s 200.000 millones, no habían sido reportados en su totalidad hasta ahora. Muestran cómo las grandes tecnológicas están creando modelos de financiamiento para la IA que van mucho más allá del gasto corporativo tradicional y que atan a una porción cada vez mayor del sistema financiero al crecimiento de la industria.

Para sostener el aumento incesante de la demanda de chips de IA, Google, Broadcom e inversores de Wall Street asumieron cada uno una porción distinta del riesgo financiero.

Google garantiza los centros de datos. Broadcom se compromete a comprar los chips y ayuda a financiarlos. Apollo y Blackstone aportan gran parte del capital de crédito privado que compra el hardware antes de alquilárselo a Anthropic.

“Esto es cada uno de nosotros poniendo su balance a trabajar”, dijo un ejecutivo de Google involucrado en el proyecto. “Nosotros lo hacemos del lado de los centros de datos, [Broadcom] lo hace del lado de los chips.”

La red de contratos que sostiene estos acuerdos suma cerca de u$s 200.000 millones, con aproximadamente cuatro quintas partes atadas a los chips en sí, lo que la convierte en uno de los mayores financiamientos de infraestructura jamás armados.

Un programa de esta magnitud planteaba un problema: ninguna de las empresas involucradas quería tener decenas de miles de millones de dólares en chips de IA en su balance.

Google ya está financiando un gasto de capital récord, por lo que Broadcom acordó comprarle el hardware de IA. Pero Broadcom, a su vez, prefiere destinar su capital a otras cosas.

“Broadcom es el proveedor del financiamiento, pero no quiere estar en el negocio de financiar”, dijo una persona al tanto de la operación.

Ese desafío derivó en una solución poco convencional. Morgan Stanley ayudó a armar un vehículo de crédito privado, financiado por inversores externos, que compra los chips y se los alquila a Anthropic, en una adaptación del modelo de financiamiento a proveedores que Boeing y GE desarrollaron para vender aviones y motores.

En junio, el primer tramo de hardware de TPU pasó de Google a Broadcom y de ahí a este mecanismo de financiamiento combinado. Un vehículo de propósito especial conocido como Compute SPV pagó u$s 35.000 millones por cerca de 1GW de hardware de IA, equivalente a aproximadamente 1 millón de TPU, según fuentes al tanto del asunto.

El efectivo del SPV provino de tres tramos de deuda encabezados por Apollo y Blackstone. Broadcom, en los hechos, garantizó los dos tramos senior al comprometerse a cubrir cualquier faltante si Anthropic dejaba de pagar y el SPV no lograba vender el hardware por un monto suficiente para compensar a los inversores senior.

El mecanismo, conocido como respaldo de valor residual, cubre unos u$s 30.000 millones de los u$s 35.000 millones del financiamiento, con una exposición de Broadcom que se reduce a medida que Anthropic realiza los pagos del alquiler.

Esa estructura es la plantilla con la que se espera financiar TPU por varios cientos de miles de millones de dólares más. El mayor acuerdo hasta el momento se cerró en abril, cuando Google acordó venderle a Broadcom otros 3,5GW de hardware de TPU para que sean desplegados por Anthropic.

En el centro del proyecto están las unidades de procesamiento tensorial de Google, o TPU —chips de IA que la compañía codesarrolla con Broadcom desde 2016—.
En el centro del proyecto están las unidades de procesamiento tensorial de Google, o TPU —chips de IA que la compañía codesarrolla con Broadcom desde 2016—.Fuente: EFEAngel Colmenares

Las presentaciones de Broadcom revelan compromisos de compra por u$s 128.000 millones, con entregas programadas por u$s 55.200 millones para su año fiscal 2027 y u$s 72.900 millones para 2028. Según fuentes al tanto de los acuerdos, esos compromisos corresponden casi en su totalidad a la compra pactada de 3,5GW de hardware de TPU a Google.

Financiar los chips resolvía solo la mitad del problema de Google. La compañía también necesitaba suficientes centros de datos con energía disponible para alojarlos. “Tenemos un cronograma y estamos buscando capacidad que se ajuste a ese cronograma”, dijo el ejecutivo de Google. “Los mineros de criptomonedas con capacidad excedente fueron de ayuda.”

Esto ayudó a transformar a varios mineros de criptomonedas con energía asegurada en una nueva clase de desarrolladores de infraestructura de IA, con la pequeña firma TeraWulf como la primera en conseguir el respaldo de Google para sumar un centro de datos de 360MW en su predio del norte del estado de Nueva York.

Google garantizó los pagos del alquiler en el sitio destinado a Anthropic, que Morgan Stanley empaquetó en un bono de construcción que en octubre recaudó u$s 3.200 millones para llevarlo a cabo. A cambio del respaldo, Google recibió warrants de centavo que le dieron una participación en TeraWulf.

El equipo de Google replicó rápidamente este esquema en los meses siguientes, ayudando a mineros de criptomonedas como Cipher Digital y Hut 8 a construir centros de datos en Texas y Louisiana. El FT identificó cinco proyectos con 1,4GW de potencia, que reunieron u$s 15.000 millones de deuda con el respaldo de Google.

Según fuentes al tanto del asunto, la Big Tech ya respaldó 10 desarrollos con 2,4GW de potencia para TPU. Las garantías de Google la exponen a hasta u$s 44.000 millones si todos los alquileres entraran en incumplimiento, aunque la compañía registra ese pasivo en u$s 815 millones en su balance. Google también podría hacerse cargo directamente de los alquileres.

El equipo de Google ahora corre contra el tiempo para armar proyectos adicionales de centros de datos con la potencia suficiente para alojar la totalidad de los 4,5GW de hardware de TPU que se comprometió a vender. “Estamos dedicando mucho tiempo al tema [energía] en este momento —todo nuestro tiempo—”, dijo el ejecutivo de Google.

Hacia esta primavera boreal, el peso financiero de Google ya había comenzado a reconfigurar la economía de la infraestructura de IA. Los proyectos de centros de datos respaldados por Google se financiaron a una tasa mediana del 7,1%, frente al 9,3% de los operadores de neonubes que construyen en torno a los chips de Nvidia. Analistas de Jefferies calificaron esta brecha como “una desventaja estructural en el costo de capital” para quienes operan en la órbita de Nvidia.

Para el proyecto de Google, el riesgo es grande porque está concentrado: u$s 200.000 millones en contratos atados a la capacidad de Anthropic de pagar sus alquileres de chips y centros de datos. Es una pieza más de un dilema mayor, con una demanda de toda la industria que descansa sobre un puñado de grandes hiperescaladores y laboratorios de IA de punta.

“Se construyó todo un mundo debajo de esas empresas, y si su apetito por invertir disminuye, todo eso siente la desaceleración”, dijo el analista de Jefferies Jonathan Petersen. “Ese es el gran riesgo macro.”