Inflación vs concentración: la cruzada de Biden por la competencia y qué dice sobre el futuro de la globalización

La administración Biden está empezando a vincular la concentración de las grandes empresas (el sector de la carne, por ejemplo) con el aumento de la inflación .

Prácticamente desde el inicio de su gobierno, Joe Biden ha adoptado una postura más firme en materia de política de competencia que cualquier otro presidente estadounidense que se recuerde. Ha puesto a defensores de la competencia en la Comisión Federal de Comercio, el Departamento de Justicia y la Casa Blanca. En julio pasado emitió una orden ejecutiva que aborda la concentración empresarial y que contiene 72 disposiciones diferentes destinadas a frenar la influencia de los gigantes corporativos.

Gran parte de la lucha de Biden ha consistido en elevar la posición de los trabajadores en la economía estadounidense y crear unas condiciones más equitativas para los pequeños y medianos innovadores. Pero la administración también ha empezado a argumentar la conexión entre la inflación, actualmente en el nivel más alto de los últimos 40 años, y el poder de las empresas.

En julio de 2021, la Casa Blanca pidió a la Comisión Federal Marítima que investigara las subas de precios de las grandes compañías navieras. En diciembre, le pidió al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) que investigara si los grandes frigoríficos estaban haciendo subir los precios de los alimentos, que creara un portal web para que los productores denunciaran las prácticas comerciales desleales y que destinara u$s 1000 millones del Plan de Rescate Americano a ayudar a los productores independientes más pequeños.

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Más recientemente, la senadora Elizabeth Warren interrogó al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, sobre el papel que desempeñan las empresas en lo que respecta a la inflación. "La concentración del mercado le ha permitido a las grandes corporaciones esconderse detrás de las afirmaciones del aumento de costo para engordar sus márgenes de beneficio", dijo, en su audiencia de nominación para el segundo mandato la semana pasada. El propio Biden apuntó a la industria cárnica, diciendo: "Estas empresas pueden utilizar su posición de intermediarios para cobrar de más a las tiendas de comestibles y, en última instancia, a las familias".

Es un caso más fácil. El sector de la carne especialmente, pero la gran agricultura en general, se ha concentrado mucho en las últimas décadas, impulsado por Wall Street y la propia misión del USDA de mantener bajos los precios de los alimentos (un vestigio de la política de la época de la Depresión). El Covid ha puesto de relieve cómo una industria que dice estar impulsada por la eficiencia creó dos cadenas de suministro separadas, una para las tiendas de comestibles y otra para los restaurantes, parte de la razón por la que la gente hacía cola en las tiendas y los precios de los alimentos subían incluso cuando los agricultores tenían que tirar la mercancía.

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Las interrupciones de la cadena de suministro, no sólo en los alimentos sino en muchas industrias, están contribuyendo a la inflación. Pero la causalidad directa entre la concentración empresarial y la inflación es más difícil de demostrar. Hay algunas buenas investigaciones realizadas por académicos, como Steven Salop y Fiona Scott Morton, que muestran cómo la consolidación puede llevar a la interrupción en tiempos de estrés, causando escasez y picos de precios. Esto es exactamente lo que hemos visto en los últimos dos años. Pero hay muchas otras tendencias contrarias, como el impacto deflacionario de las plataformas de las grandes tecnológicas, como Amazon (aunque se puede argumentar, como he hecho yo, que el poder del monopolio y los precios más bajos pueden existir en conjunto).

Me pregunto si la Administración Biden, cuando señala la relación entre las presiones actuales sobre los precios y la influencia de las grandes corporaciones, está realmente observando algo más complicado que la dinámica de la inflación, a saber, la forma en que se está trastocando el último medio siglo de globalización.

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Como escribió el economista jefe de TS Lombard en Estados Unidos, Steven Blitz, en una nota la semana pasada: "Se puede decir que la actual inflación de los precios de los bienes es la desafortunada consecuencia del encuentro entre una demanda elevada y una oferta limitada, pero este argumento deja de lado la cuestión subyacente que tiene a la Reserva Federal con ganas de endurecer su política: la reactivación del crecimiento de los salarios de ingreso medio que mantiene altos los precios de los bienes y, a su vez, también la inflación general".

Como señala acertadamente Blitz, este grupo ha sufrido en las últimas décadas, ya que un dólar fuerte unido a la inversión tecnológica hizo "posible, y rentable, la producción de bienes y servicios en el extranjero y redujo el aporte de mano de obra para la producción nacional". Esto, a su vez, ha dado lugar a políticas gubernamentales que apoyan más mano de obra nacional, mayor poder sindical y desacoplamiento. Ahora se está produciendo una mayor regionalización, localización e incluso integración vertical de las cadenas de suministro en algunas empresas.

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"Hemos tenido una política antiobrera en nombre de la baja inflación", dice Blitz. El problema es que el cambio de ese enfoque -exactamente lo que quiere Biden, que tiene un busto del activista de los derechos de los trabajadores César Chávez en su despacho- puede resultar algo inflacionario a corto y medio plazo. Un mayor crecimiento de los salarios, que muchos economistas y líderes empresariales esperan para 2022, puede crear más demanda, aumentando los precios.

Parte de esa inflación se reducirá a medida que las disrupciones de la cadena de suministro por el Covid terminen. Pero por todo tipo de razones, desde el desacoplamiento entre Estados Unidos y China hasta el cambio a una economía con bajas emisiones de carbono y el auge de tecnologías descentralizadas como la impresión 3D, no vamos a volver a los años '90, cuando los productos baratos eran la compensación de inflación cero por el aumento del costo de la vivienda, la educación y la salud.

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Nadie en ningún lado del espectro político quiere declarar la guerra al aumento de los salarios. Así que es probable que veamos más atención a los precios, y a lo que las empresas están haciendo para inflarlos.

La concentración empresarial y la inflación pueden estar correlacionadas, sobre todo en momentos en que la demanda supera ampliamente a la oferta. No es casualidad que se registren beneficios fenomenales en algunos de los sectores más vulnerables a los estrangulamientos, como el transporte marítimo y los semiconductores.

Pero hay un cambio aún mayor: el fin de la globalización neoliberal. Sus efectos sobre las empresas, los trabajadores y la inflación acaban de empezar a sentirse.

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