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Elecciones Brasil 2022: Jair Bolsonaro suma a su esposa Michelle en una campaña desesperada

Michelle Bolsonaro entra en escena para aumentar el atractivo del presidente entre las mujeres y consolidar su base evangélica.

En los actos de campaña de su marido, Michelle Bolsonaro se pasea por el escenario, invoca el poder de Dios y abraza a la multitud con abrazos y apretones de manos.

La tercera esposa de Jair Bolsonaro, de 40 años, se ha convertido en un activo en su campaña de reelección, ya que intenta galvanizar a los evangélicos y atraer a las mujeres. El presidente, que está rezagado en las encuestas de cara a la elección del 2 de octubre, fue "el elegido por Dios", dijo Michelle a una multitud que lo aclamaba en el lanzamiento de su campaña en Río de Janeiro. "Este hombre tiene un corazón puro, un corazón limpio, además de ser hermoso".

No es la única cónyuge que ha asumido un papel activo de cara a unas elecciones que se prevén muy polarizadas. Rosângela da Silva, la esposa del favorito de la carrera, el exlíder Luiz Inácio Lula da Silva, también tiene cada vez más protagonismo.

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"Las campañas no siempre fueron así", dijo Vera Chaia, profesora de política en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo. "Hoy, el papel de las esposas es cada vez más prominente". Michelle Bolsonaro "utiliza un estilo pastoril", dijo.

Nacida en Brasilia, Michelle conoció a su esposo, en aquel momento legislador, mientras trabajaba como secretaria en el Congreso y luego se incorporó a su despacho. Aunque Michelle apenas apareció en su campaña presidencial de 2018, Bolsonaro invocó regularmente al padre de su esposa, un chofer de colectivo del noreste de Brasil, para pulir sus credenciales con los votantes de la populosa y pobre región.

Este año la puso en primer plano. "La persona más importante en este momento no es el presidente de la república. No es el candidato a la presidencia. Es la señora Michelle Bolsonaro", dijo a sus partidarios el mes pasado, con la primera dama a su lado.

Los analistas políticos dicen que su objetivo en la campaña es ayudar a reducir su tasa de rechazo entre las mujeres, a las que no les gusta su machismo manifiesto y su historial de lenguaje misógino.

Entre las votantes femeninas, Bolsonaro está por detrás de Lula hasta en 18 puntos porcentuales, en comparación con un déficit de 15 pp. entre todas las categorías de votantes, según una encuesta de Datafolha.

Bolsonaro hizo poco para disipar la percepción de sexismo cuando reprendió a una periodista que le hizo una pregunta en un reciente debate presidencial. También insultó a otra candidata, Simone Tebet, que preguntó: "¿Por qué tanta rabia hacia las mujeres?".

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Otro objetivo es consolidar el apoyo de Bolsonaro entre los votantes evangélicos, que representan alrededor del 30% del electorado. Aunque estos votantes tienden a simpatizar con la retórica del presidente sobre los valores familiares tradicionales, Lula se disputa cada vez más su apoyo.

Malu Gatto, profesora de política latinoamericana en el University College de Londres (UCL), dijo: "Como evangélica, Michelle habla el lenguaje de los evangélicos. Sabe cómo transmitir lo que está en juego de una manera que resulta más genuina que Bolsonaro, que no sabe emplear con naturalidad el lenguaje utilizado entre los círculos evangélicos".

"[Con las mujeres] lo que hace Michelle es suavizar la imagen de Bolsonaro con quienes pueden dudar en apoyarlo dado su historial y la forma en que habla de las mujeres", dijo refiriéndose a sus antecedentes de declaraciones misóginas.

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Sóstenes Cavalcante, líder de la bancada evangélica en la Cámara Baja, dijo que la participación de Michelle en la campaña también era importante para atraer a los habitantes del noreste del país, dado su origen familiar.

"Hemos destacado ante el presidente la importancia de la primera dama en estas zonas. Y ya empezamos a ver buenos resultados", dijo.

Rosângela da Silva, por su parte, ha tomado un rumbo diferente. Conocida como Janja, esta socióloga de 56 años es militante del Partido de los Trabajadores de Lula desde hace décadas. Comenzaron a salir después de que el expresidente enviudara en 2017 y se casaron poco después de que Lula lanzara su campaña electoral en mayo.

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Lula enmarcó el matrimonio como un símbolo de su compromiso con el "amor", que quiere restaurar en Brasil después de los años de lo que él llama el "odio" de Bolsonaro. Pero los analistas políticos consideraron la medida como una forma de rechazar los crecientes ataques conservadores de que el expresidente, que apoya los derechos LGBT+, no cree en las familias tradicionales.

Gatto, de la UCL, dijo: "[La boda muestra] que Lula también forma parte de una familia; tiene un matrimonio tradicional. Es reforzar esta idea de Lula como una persona que valora la familia".

Janja es una presencia visible en la campaña, cantando a menudo en los actos y cuidando de Lula, que es propenso a perder la voz tras sufrir un cáncer de garganta hace una década. También se considera que influye en el pensamiento de Lula sobre el medio ambiente y las causas sociales, como los derechos de la mujer.

"Para mí, Janja es lo contrario de Michelle. Tiene otra forma de ver el mundo, en temas como el machismo y el patriarcado, que Michelle no tiene", dijo Fernanda Barcelos, una artista de 29 años de San Paulo y partidaria del Partido de los Trabajadores. "Veo a Michelle como un peón y a Janja como una activista. Para mí, son totalmente opuestas".

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