El gobierno socialista revolucionario de Venezuela soportó alzamientos, el aislamiento internacional y la remoción de su líder Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses. Pero ahora enfrenta su desafío más duro, a medida que crece la indignación por su respuesta insuficiente al doble terremoto del miércoles pasado.
Delcy Rodríguez, la socialista de toda la vida a quien el gobierno de Trump respaldó para conducir Venezuela tras el derrocamiento de Maduro, fue increpada por sobrevivientes en Caracas, la capital, mientras supervisaba las tareas de rescate en una torre derrumbada de 22 pisos el viernes.
“Fuera”, le gritaron.
En el devastado estado de La Guaira, justo al norte de la capital, los residentes desplazados se vieron obligados a remover trozos de escombros con las manos, con la esperanza de rescatar a quienes seguían atrapados, cuatro días después de que la tierra fuera sacudida por terremotos de magnitud 7,2 y 7,5.
“Vamos a tener que irnos a vivir con familiares porque si este gobierno se sale con la suya no vamos a tener ni dónde refugiarnos”, dijo Victor Arroyo, cuyo hijo permanece atrapado en su casa luego de que esta se derrumbara parcialmente el miércoles por la noche.
Desde los terremotos, Arroyo durmió en la calle, frente al edificio, junto a sus vecinos, que pegaron fotografías de sus familiares desaparecidos en la entrada del edificio con la esperanza de “un milagro”: que aparezcan con vida.
La magnitud de la devastación humana y económica todavía no está clara. La cifra de muertos ascendió a 1.450 el domingo, según funcionarios venezolanos, y se espera que siga subiendo.
Informes preliminares de organismos de la ONU estiman que el terremoto causó daños por unos u$s 6700 millones y afectó hasta a 6,76 millones de personas, incluidos 2 millones en Caracas. El gobierno venezolano dijo que 189 edificios se derrumbaron, mientras que 585 sufrieron daños parciales, y que 38 hospitales necesitan reparaciones.
Los analistas señalan que la respuesta dejó al descubierto las falencias de un régimen que a lo largo de 27 años vació gran parte de la capacidad del Estado venezolano para responder.
“El gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez demostró que, más de 72 horas después de ocurrida la catástrofe, fue incapaz de responder como debía”, dijo Edward Rodríguez, analista político venezolano alineado con la oposición.
“La respuesta estuvo marcada por la falta de planificación y de liderazgo en el manejo de emergencias, por una improvisación total y por unas fuerzas armadas que pasaron años preparándose para reprimir a la población en lugar de ayudarla en tiempos de crisis.”
Cuando Hugo Chávez lanzó su llamada “Revolución Bolivariana” tras ganar la presidencia en 1999, condujo una reorganización masiva de Venezuela. Financiado por las altas rentas petroleras, gastó fuertemente en viviendas sociales y programas médicos mientras vaciaba las instituciones del país.
La corrupción se disparó, y Chávez —exgolpista y paracaidista del ejército— elevó el rol de los militares en la política a medida que los ministerios eran reemplazados por sus “misiones bolivarianas”.

Cuando Chávez murió de cáncer en 2013, lo sucedió Maduro, quien expandió el aparato represivo de su mentor en medio de un colapso económico que hizo que el PBI se contrajera tres cuartas partes entre 2013 y 2021, y que una cuarta parte de la población huyera al exterior.
Venezuela retomó las relaciones con el FMI mientras busca reestructurar su deuda pública, que se infló bajo Maduro y Chávez. El país está por revelar un cúmulo de deuda de u$s 240.000 millones, lo que la convertiría en la mayor reestructuración soberana de la historia, según informó el FT.
Orlando Pérez, profesor de ciencia política en la Universidad del Norte de Texas en Dallas, dijo que el legado del chavismo —como se conoce al movimiento de Chávez— quedó a la vista en la respuesta a los terremotos de la semana pasada.
“El desastre reveló las consecuencias de más de dos décadas de degradación institucional: bomberos sin el equipamiento adecuado, hospitales desbordados con pacientes tirados en el piso y edificios que se desplomaron como acordeón porque los códigos de construcción nunca se hicieron cumplir o se ignoraron”, dijo Pérez.
“Los recursos estaban ahí, pero fueron a parar a otro lado: algunos a la corrupción y otros a blindar al régimen contra golpes.”
No es la primera vez que el chavismo y La Guaira son puestos a prueba por un desastre natural.
En 1999, apenas once meses después de que Chávez asumiera el cargo, La Guaira fue golpeada por aludes de barro que mataron hasta a 30.000 personas, sepultaron viviendas y arrastraron infraestructura al mar Caribe.

En medio de fuertes críticas por su respuesta titubeante, Chávez rechazó la asistencia de EE.UU., lo cual, según sus biógrafos, fue por consejo de su aliado comunista en La Habana, Fidel Castro.
Hoy, los observadores ven paralelismos con aquella tragedia, aun cuando esta vez el gobierno aceptó u$s 150 millones en ayuda de EE.UU.
Ricardo Hausmann, exministro venezolano en la década de 1990 y hoy profesor en Harvard, dijo que hay “indignación” con “el régimen y las fuerzas armadas desaparecidas en combate”, que, según él, están “tratando de reprimir a los voluntarios en lugar de orientarlos”.
“Delcy no intentó unir y movilizar al país”, dijo Hausmann. “En cambio, priorizó la estabilidad del régimen por encima de las operaciones de rescate.”
Ángel Rángel Sánchez, que dirigió la agencia de respuesta a emergencias de Venezuela durante la tragedia de 1999, también fustigó la respuesta de los militares a la crisis actual, tras años de concentrarse en sofocar la disidencia.
“Sus prioridades operativas se desplazaron durante los últimos 15 años hacia la seguridad interna, bajo el supuesto de que la mayor amenaza para el Estado eran las protestas públicas”, dijo Rángel Sánchez, y agregó que en las compras se priorizaron los carros hidrantes para dispersar manifestantes por sobre el equipamiento de los bomberos.
En La Guaira, varios de los emblemáticos proyectos de vivienda social del chavismo, junto con torres hoteleras, fueron arrasados por los terremotos. Rángel Sánchez dijo que, cuando esos proyectos se construyeron hace más de dos décadas, el gobierno de Chávez impidió que los ingenieros inspeccionaran sus estándares de construcción.
“Si intentábamos sacar fotos, nos amenazaban con la cárcel”, dijo.
En distritos y ciudades de toda La Guaira muchas calles están agrietadas y fisuradas, con los restos de edificios derrumbados bloqueando las rutas y el tránsito hacia la provincia paralizado.
!["[Están] tratando de reprimir a los voluntarios en lugar de orientarlos”.](https://www.cronista.com/resizer/v2/venezuela-QTC6KP3TLJCFTJEZY3XFWDUUMM.webp?auth=904a94f2acdf06e31c08bf3713f02c41410839e46ccf6507476c6edff02b9e06&smart=true&width=800&height=533&quality=70)
Los sobrevivientes, ahora sin hogar, hacen largas colas para conseguir comida, agua y medicinas, mientras los voluntarios distribuyen los suministros. El hedor de los cuerpos en descomposición se siente con fuerza en el aire.
Solo en un puñado de puntos se veían equipos de rescate estatales, mientras las organizaciones civiles trabajaban para cubrir el vacío. El gobierno declaró el viernes pasado a La Guaira zona de desastre, restringiendo el acceso al estado.
“Acá todos empezaron a cavar con sus propias manos”, dijo un rescatista voluntario. “Si no hubiera sido por nosotros y por la propia gente, la situación sería todavía peor.”
La respuesta al desastre se da en medio de la convulsión política en Venezuela tras el derrocamiento de Maduro.
El gobierno de Trump respaldó a Rodríguez para abrir los sectores de hidrocarburos y minería del país a la inversión privada, a cambio de un desmantelamiento parcial de las sanciones económicas de “máxima presión” impuestas durante el primer gobierno de Trump.
Washington también asumió el manejo de las ventas de petróleo venezolano, que, si bien están en aumento, estuvieron marcadas por una falta de transparencia, según los analistas.
Pese a las recientes afirmaciones de Trump de que los venezolanos están “bailando en las calles” en señal de apoyo a sus acciones en el país, muchos se están desencantando con la participación de Washington en su país y crece su frustración por el lento ritmo de una transición política.
El gobierno de Trump dijo, antes del terremoto, que las elecciones se realizarán una vez que Venezuela y su economía se hayan estabilizado.
Maduro se proclamó ganador de una elección en 2024 en la que la principal líder de la oposición, María Corina Machado, tuvo prohibido presentarse. Un conteo de votos verificado de manera independiente y realizado por la oposición determinó que el verdadero ganador fue el candidato sustituto de Machado, Edmundo González. Tanto Machado como González están en el exilio.
Machado, que vive en Washington y ganó el año pasado el Premio Nobel de la Paz, estaría evaluando un regreso a Venezuela a raíz del desastre, según trascendió.
“Nadie está bailando en las calles. Están cavando entre los escombros, enterrando a sus muertos y buscando a los desaparecidos”, escribió en X Pedro Burelli, una figura opositora cercana a Machado. “Millones de personas en Venezuela vieron pocos cambios desde la brillante operación militar que sacó del poder a Maduro.”
En las calles de La Guaira, muchos vecinos trabajaron en las tareas de rescate, mientras equipos internacionales de la UE y de países como El Salvador y México comenzaban a llegar a Venezuela.
“Fue muy difícil, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada”, dijo Liuska Escobar, cuya familia permanece atrapada bajo los escombros, mientras se limpiaba una capa de polvo de la frente. “No nos vamos a quedar acá de brazos cruzados.”

















