El trasero de la rapera Nicki Minaj (“hermoso”). El trasero del candidato al Senado Jon Husted (“una montaña de músculo”). Los dedos del candidato al Senado Jon Husted (“salchichas”). El rating televisivo del conductor de programas de entrevistas Bill Maher (“bajo”). Que Noruega no le haya otorgado el Premio Nobel de la Paz (“país de mierda”). Paneles solares que destrozan animales (“se fríen”). Un nuevo nombre para el Atlántico (“Océano Trump”). Y el Cheesecake Factory.

Fue todo un mensaje de cierre el de Donald Trump.

Las encuestas muestran que a los estadounidenses que votarán en las elecciones de medio término de la semana próxima lo que más les importa es la economía, y en especial el costo de vida. Pero el discurso de campaña del presidente de EE.UU. y sus lugartenientes fue algo más variado.

Hace dos años era distinto. Los estadounidenses, cansados de la alta inflación, llevaron a Trump a la Casa Blanca, entusiasmados con su promesa de bajar los precios. Ahora enfrenta el mismo enojo de los votantes por la escalada de los costos, como los de la nafta y el gasoil, que hundió a su predecesor, Joe Biden.

En medio de su repertorio de campaña sobre los demócratas “lunáticos”, su gusto por la carne y el aspecto de Husted, Trump destacó una bolsa en auge, abultadas promesas de inversión empresarial y un crecimiento del PBI que convierte a la economía en la “envidia del mundo”.

“Estas son las cifras generales: la mayor cantidad de empleos de la historia, los mejores niveles de pobreza de la historia, los mejores niveles de ingresos de la historia, la mayor cantidad de cosas exportadas”, dijo esta semana en un acto en Corpus Christi, Texas.

Pero los estadounidenses que padecen el salto de la inflación desde que Trump lanzó su guerra contra Irán no parecen creérselo. Una encuesta reciente del FT reveló que el 56% de los consultados dijo estar peor financieramente desde que Trump volvió al cargo en enero de 2025.

Según los estrategas, eso explica las divagaciones de Trump sobre temas esotéricos y las pullas personales con las que espera entusiasmar a su base.

“La gente no siente los efectos de los indicadores económicos de los que él habla, así que le resulta mucho más turbulento intentar que ese mensaje llegue a los votantes”, dijo Ron Bonjean, estratega político republicano.

“Para él, la clave es intentar movilizar a la base republicana Maga para que se entusiasme con ir a votar. Por eso en estos actos se enfoca en la economía, pero también hace muchas otras cosas”, agregó. “Al final del día, recibís muchísimo Trump, y eso suele ser exactamente lo que la base Maga quiere escuchar”.

El presidente no es el único en campaña que se sale del libreto a medida que se acerca la votación. En Alaska, la campaña demócrata por el Senado quedó envuelta en un escándalo por maniobras electorales turbias. La apuesta del partido por ganar una banca en el Senado por Maine se descarriló al principio por un candidato con un tatuaje de un símbolo nazi que fue acusado de agresión sexual.

Pero mientras los republicanos que esperan disciplina de mensaje por parte del presidente se incomodan, Trump redobló la apuesta en lo que a veces parece una rutina de comedia.

El martes en Texas, la divagación volvió a los físicos masculinos: Trump se burló, y no por primera vez, del aspecto del candidato republicano al Senado Ken Paxton, cuyo cuerpo no “calificaría” para el elogio presidencial.

El vocero de la Casa Blanca, Matthew Middleton, dijo que Trump había puesto en marcha una “agenda histórica de crecimiento económico” que trajo máximos en la bolsa, inversión económica y creación de empleo, y que “ayudó a amortiguar los efectos de la crisis inflacionaria de Biden, la peor en 40 años”. Según dijo, el presidente destacó estos y otros logros económicos durante la campaña.

No hay duda de que la economía estadounidense viene funcionando a pleno. Datos oficiales publicados esta semana mostraron que el crecimiento del PBI se aceleró al 3,4%, impulsado por el boom de inversión en IA y un consumo resiliente.

Pero para muchos estadounidenses, la suba de la inflación es un indicador más tangible de la salud de la economía. Datos publicados el jueves mostraron que el índice de Gastos de Consumo Personal, un indicador de inflación, subió 3,6% en los doce meses a septiembre, frente al 2,6% antes de que Trump asumiera.

Según los analistas, ese contexto convirtió las trivialidades no económicas en un terreno más fértil para los mensajes de campaña. Eso significa “the weave”, la ya característica verborragia de Trump en sus discursos de campaña, al estilo de un flujo de conciencia. Su público la disfruta a más no poder.

“Este no es momento para argumentos racionales y aburridos. Es momento de mantenerlo emocionante y divertido... para movilizar a la base”, dijo John Feehery, estratega republicano y ex asesor legislativo.

“En lo que Trump es realmente bueno es en generar mensajes que los medios siempre levantan; no siempre son los mensajes que los candidatos quieren, pero es brillante para generar noticias”.

Y todo lo que haga que un candidato aparezca en las noticias suma, sostienen los analistas.

Trump generó titulares al elogiar la buena apariencia de candidatos republicanos como Tim Sheehy, de Montana, y Mike Collins, de Georgia. Pero Husted y su trasero “montón de músculo” fueron las verdaderas estrellas del show.

“El mayor problema de Husted es que la gente no sabe quién es”, dijo Feehery. “Creo que cualquier cosa que puedas hacer para que la gente hable de John Husted de manera positiva es genial”.

El candidato de Ohio, que va atrás en su carrera, bromeó esta semana antes de una visita de Trump: “No se preocupen, esta mañana estuve en la sala de pesas, entrenando”.

Algunos de los ataques de Trump fueron indiscriminados y desagradables. Divagó sobre el demócrata “vegano” James Talarico, al que también llama “Talafreako” y “Alfred E Neuman”, y lo presentó como alguien que no es lo suficientemente hombre para ganar una elección en Texas.

Se burló de Abdul El-Sayed, el demócrata que compite por la banca de Michigan en el Senado, por su religión: lo llamó “Abdullah bah bah bah bah bah Mohamed” y “miembro yihadista de la Hermandad Musulmana” que tendría que “pasar por un detector de metales” para entrar al Congreso.

“Para él, la clave es intentar movilizar a la base republicana Maga para que se entusiasme con ir a votar. Por eso en estos actos se enfoca en la economía, pero también hace muchas otras cosas”.
“Para él, la clave es intentar movilizar a la base republicana Maga para que se entusiasme con ir a votar. Por eso en estos actos se enfoca en la economía, pero también hace muchas otras cosas”.Fuente: BloombergSarah Rice

Después vino el gran escándalo del Cheesecake Factory-gate.

Durante un discurso de campaña reciente, Barack Obama bromeó con que las remodelaciones de Trump en el Salón Oval parecían como si “Saddam Hussein hubiera abierto un Cheesecake Factory”, en referencia a la popular cadena de restaurantes cuyos interiores rozan lo ostentoso.

Trump y otros lugartenientes, entre ellos el secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificaron la broma de Obama como el ataque de un elitista privilegiado de Martha’s Vineyard que se burla de los gustos gastronómicos de los estadounidenses.

Bessent incluso improvisó un encuentro con la prensa frente a un Cheesecake Factory local. “Comí muy bien. Siempre como muy bien”, dijo el ex jefe de un hedge fund.

A algunos republicanos les preocupa que este tipo de divagaciones y desvíos de temporada electoral, incluidos los alardes de Trump sobre sus obras de construcción en Washington, debiliten el tema en el que el partido debería concentrarse: el enojo de los estadounidenses por los precios altos.

“La base va a decir: decime otra vez cuánto te importo”, dijo Susan Del Percio, estratega republicana.

“Las noticias que salen de esos actos deberían tranquilizar a la gente que lo votó, y no es así.

“Cada vez que habla de un helipuerto o de un museo o de un salón de baile o de una cancha de golf, son todas veces en las que no está hablando de las cosas que le importan a la gente”.

También hubo mensajes contradictorios dentro del gobierno.

El vicepresidente de Trump, JD Vance, admitió que los estadounidenses están siendo asfixiados. “Reconozco que los precios de la nafta están demasiado altos en este momento”, dijo hace poco en un encuentro abierto con votantes en Michigan. Pero su propuesta es pedir más tiempo para corregir el problema.

“Así como este país no se rompió en un solo mandato presidencial, va a llevar más de 18 meses arreglar las cosas”, afirmó.

Pero Vance está prácticamente solo con este planteo. Otros funcionarios de Trump, como Bessent y Kevin Hassett, del Consejo Económico Nacional del presidente, minimizaron las preocupaciones por la inflación e incluso sugirieron que es un invento.

“Todo lo que hizo que la economía sea grandiosa significa que esa crisis del costo de vida es un mito”, dijo Hassett esta semana a Fox News.

En general, Trump dejó de despreciar las preocupaciones de los estadounidenses por el costo de vida como un “engaño”, su frase del año pasado. Pero culpó reiteradamente a Biden y afirmó falsamente que todos los precios bajaron desde que volvió al cargo.

“El costo de vida es un tema grande, pero lo causó el gobierno de Biden”, dijo este mes en Alaska. “Estoy acá hace apenas un poco más de un año y medio, y lo estamos bajando muchísimo. Los alimentos bajaron muchísimo; todo está bajando, y el petróleo va a bajar en cuanto termine con Irán”.

Si bien muchos aliados del presidente consideran que su presencia en la campaña es un impulso para los candidatos locales, algunos, como el candidato al Senado Mike Rogers en Michigan, intentaron distanciarse de políticas impopulares como los aranceles de Trump o la guerra comercial con Canadá.

Los demócratas sostienen que, diga lo que diga el presidente en campaña, sobre Noruega, Nicki Minaj o la inflación “derrotada”, este presidente históricamente impopular les está haciendo un favor.

“Hizo todas estas promesas sobre bajar los precios y los costos, y los precios y los costos en muchos casos fueron en la dirección equivocada”, dijo Anthony Coley, estratega demócrata y ex funcionario del gobierno de Biden.

“Su presencia en la campaña es un recordatorio visible de promesas incumplidas”.