Donald Trump prometió “drenar el pantano”, dijo Barack Obama durante un reciente discurso de campaña en Ohio. Pero lo único que se drenó fue “el estanque reflectante del National Mall, después de que algún contrato adjudicado sin licitación lo arruinó por completo”.
“Perdimos la cuenta de todos los negocios que él y su familia hicieron, desde las memecoins hasta contratos financiados por los contribuyentes para las empresas de sus hijos”, dijo el ex presidente. “Y ni un solo republicano en el Congreso hizo nada para frenarlo”.
En los últimos días antes de las elecciones de medio término, los demócratas convirtieron la presunta corrupción en la Casa Blanca de Trump en uno de los ejes centrales de sus campañas, lo que suma presión sobre un Partido Republicano que ya enfrenta una ola de descontento del electorado por la suba de los precios del combustible y de los alimentos.
Su estrategia consistió en argumentar que la corrupción encarece la vida. Sea cierto o no, las encuestas muestran que el mensaje está calando.
Una encuesta nacional realizada por el FT y Focaldata a principios de este mes mostró que alrededor del 69% de los votantes registrados estaban “muy” o “algo” preocupados por “la corrupción, el aprovechamiento personal o los conflictos de interés” en el gobierno de Trump.
Un sondeo de Fox News de principios de este mes reveló que el 88% de los votantes dijo estar “extremadamente” o “muy” preocupado por la corrupción en el gobierno, más que por la inflación y los precios de la nafta.
Los resultados llegan apenas meses después de que se revelara que Trump había ganado personalmente más de u$s 2.200 millones desde su regreso a la Casa Blanca, en gran medida gracias a emprendimientos cripto, una ganancia extraordinaria sin precedentes en la historia presidencial estadounidense.
“Trump nunca ganó tanta plata en su vida y [los votantes] saben que es a costa de ellos”, dijo Mary Anne Marsh, estratega demócrata. “Ustedes están perdiendo terreno y los que ganan son Donald Trump, su familia y sus amigos”.
Algunos demócratas mantuvieron sus ataques en términos amplios y vagos. Pero Jon Ossoff, que compite en Georgia para conservar su banca en el Senado de EE.UU., hizo lo contrario: citó con lujo de detalles lo que, según él, son ejemplos de corrupción republicana. Un eje central: los miles de millones en respaldo del gobierno federal repartidos a empresas en las que invirtieron los hijos del presidente, Donald Trump Jr. y Eric Trump. El FT informó esta semana sobre los crecientes intereses comerciales globales de los hijos.
En un discurso reciente cerca de Atlanta, Ossoff mencionó el préstamo de u$s 620 millones que el Departamento de Defensa otorgó el año pasado a Vulcan, una start-up de tierras raras en la que la firma de capital de riesgo de Trump Jr., 1789 Capital, había invertido apenas meses antes.
El Pentágono afirmó que ni Trump Jr. ni 1789 participaron en las conversaciones sobre el préstamo entre Vulcan y el gobierno, y el hijo del presidente dijo que no intervino en negociaciones con el gobierno en nombre de las empresas de la cartera de la firma de capital de riesgo.
La presunta corrupción “es la razón por la que nada funciona para la gente común”, dijo Ossoff ante su público. “Es la razón por la que pagás una fortuna por los medicamentos recetados. Es la razón por la que tu compañía de seguros se sale con la suya cuando te niega el tratamiento contra el cáncer después de que pagaste tus primas durante décadas”.
Trump, agregó, había llegado al poder atacando un “sistema amañado”. Pero “no lo está desarmando. Lo está volviendo a amañar a su favor”, acusó.
Hechos recientes en Europa mostraron cómo el tema de la corrupción puede tener un impacto decisivo en el resultado de una elección. Se lo consideró clave en la caída de Viktor Orbán en Hungría y de Aleksandar Vučić en Serbia, quienes perdieron el poder en las urnas este año.
Los republicanos replican que los demócratas tuvieron su buena cuota de presuntos escándalos de corrupción. Mencionan los lucrativos negocios de Hunter Biden, hijo del ex presidente Joe Biden, en lugares como Ucrania, y las polémicas operaciones bursátiles de Paul Pelosi, esposo de Nancy Pelosi, mientras ella era presidenta de la Cámara de Representantes.
La Casa Blanca difundió un detallado documento informativo con ejemplos de políticos demócratas acusados o condenados por soborno o malversación, y afirmó que Trump intenta sanear un sistema plagado de abusos.

“El presidente Trump lanzó una guerra total contra el fraude en todo el gobierno federal, para que los delincuentes rindan cuentas y para ahorrarles a los contribuyentes miles de millones de dólares”, dijo Lauren Bis, vocera de la Casa Blanca. “Los demócratas en el Congreso se negaron a hacer algo para frenar el despilfarro, el fraude y el abuso en nuestro gobierno”.
Sin embargo, el planteo de Ossoff de que la corrupción es cada vez más un tema que toca el bolsillo está respaldado por datos de encuestas que muestran que los votantes efectivamente ven un vínculo claro entre el presunto aprovechamiento personal del gobierno y el deterioro de las perspectivas económicas de los estadounidenses comunes.
Según una encuesta reciente de Navigator Research, una consultora de opinión alineada con los demócratas, el 81% de los votantes cree que la corrupción en el gobierno está aumentando sus costos personales.
Melissa Toufanian, directora general de Navigator, contó que las personas consultadas sobre el tema en grupos focales realizados por su organización dijeron: “No me preocuparía tanto toda esta corrupción si me estuviera yendo mejor”.
“Es cuando a la gente no le va tan bien económicamente y ve a otros beneficiarse de manera obscena que empieza a acumularse la frustración”, afirmó.
Otro político que buscó capitalizar el enojo de la opinión pública con el tema es James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, que acusó a su rival republicano Ken Paxton, fiscal general del estado, de ser “el político más corrupto de Texas”. La campaña de Paxton descartó sus acusaciones como ataques con motivaciones políticas.
En una reciente asamblea pública televisada en Fort Worth, Talarico señaló cómo el patrimonio neto de Paxton se había disparado mientras ocupaba el cargo, mencionó las 15 casas que posee y sostuvo que sus numerosos enredos legales y éticos deberían inhabilitarlo para ocupar una banca en el Senado. Paxton fue sometido a juicio político y posteriormente absuelto por el Senado estatal de Texas en 2023 por acusaciones de corrupción y abuso de poder.
“Esta elección no se trata de izquierda contra derecha”, dijo Talarico. “Se trata de si vamos a tener un senador que ponga plata en tu bolsillo o un senador que la ponga en el suyo”.

Consultado por un votante en la asamblea sobre cómo combatiría la corrupción si resultara electo, Talarico dijo que buscaría imponer límites a los mandatos en el Congreso y prohibir el gerrymandering partidario, las operaciones bursátiles de los legisladores y los Super PAC, los grupos de recaudación que pueden gastar sumas ilimitadas para influir en las elecciones de EE.UU.
Sherrod Brown, ex senador demócrata por Ohio que hace campaña para volver al cargo, usó una retórica similar contra su rival republicano, Jon Husted. En un discurso el mes pasado, Brown lo atacó por sus vínculos con FirstEnergy, la compañía eléctrica en el centro de uno de los mayores escándalos de sobornos de la historia de Ohio. Husted negó tener cualquier conocimiento del esquema de sobornos y nunca fue acusado de ningún delito.
“Nadie en Washington les hace frente a estas corporaciones que manipulan el sistema y te suben los precios”, dijo Brown. “En cambio, los políticos, personas que se supone que trabajan para vos, están haciendo caja”.
Pero los demócratas no son los únicos que convirtieron la corrupción en un tema político. Los republicanos les aplican la misma vara y sostienen que ellos son el origen del problema.
Mike Marinella, vocero del Comité Nacional Republicano del Congreso, dijo que los estadounidenses estaban “asqueados” por el “nivel de corrupción en beneficio propio” entre los principales demócratas, que “ahora... de repente cambian el discurso porque es un año electoral”.
“Los votantes ven a través de la fachada y saben que los republicanos están limpiando la podredumbre que dejaron los líderes demócratas”, afirmó.
Los republicanos difundieron cientos de avisos de ataque en este ciclo electoral en los que acusan a legisladores demócratas de enriquecerse en el cargo, de ganar millones con operaciones bursátiles y de estar financiados por intereses particulares y multimillonarios extranjeros.
También denunciaron vínculos entre algunos donantes demócratas de grandes recursos y Jeffrey Epstein, el fallecido delincuente sexual.
“Talarico, Ossoff y Brown dicen combatir la corrupción mientras llenan las arcas de sus campañas con dinero de la ‘clase Epstein’, donaciones de lobistas y dólares de otros estados”, dijo Bernadette Breslin, del Comité Senatorial Nacional Republicano.
Los expertos advierten que el riesgo de usar la corrupción para desprestigiar al adversario político es que los votantes tienden a interpretarla de manera distinta según su preferencia política.
En la encuesta de Navigator Research, muchos demócratas definieron la corrupción como funcionarios electos que les dan un trato especial a donantes adinerados y grandes corporaciones. Una gran proporción de republicanos la entendió como “funcionarios electos que permiten el despilfarro, el fraude y el abuso del dinero de los contribuyentes”.
Esa es la interpretación que prefieren los republicanos en Minnesota, donde el partido aprovechó un vasto escándalo de fraude en los programas de servicios sociales del estado para golpear a los demócratas, que gobiernan Minnesota desde hace casi 16 años.
Los republicanos lo convirtieron en un eje de sus campañas estatales para la gobernación y la legislatura, al afirmar que el fraude implicó un enorme despilfarro del dinero de los contribuyentes.
Los demócratas, sin embargo, confían en que los votantes tenderán a identificar el problema de la corrupción con los republicanos y no con su propio partido.
“Lo están viendo como un tema particularmente republicano, porque escuchan hablar de recortes de impuestos [para] donantes multimillonarios y de corporaciones que inflan los precios de manera abusiva”, dijo Lauren French, de Senate Majority PAC, un Super PAC dedicado a llevar demócratas al Senado de EE.UU.
No está claro, de todos modos, qué tan receptivos son los estadounidenses a ese mensaje. En una encuesta reciente de The Washington Post, ABC News e Ipsos, se les preguntó a los votantes en qué partido se podía confiar para reducir la corrupción en el gobierno. Cuatro de cada 10 respondieron que en ninguno.
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