En Art of the Surge, un documental sobre el triunfo electoral del presidente Donald Trump en 2024, Natalie Harp contó cómo llegó a admirar por primera vez al presidente.
La joven californiana estaba más interesada en los negocios que en la política hasta 2016, cuando Trump irrumpió en los debates de las primarias presidenciales republicanas. “Fue mi primer contacto con la política, y me encantó”, dijo. “Este tipo, ¿viste?, entiende todo”, agregó.
Una década después, Harp es la asistente ejecutiva de Trump en la Casa Blanca y una de sus colaboradoras más devotas, incluso dentro de su propio círculo íntimo de leales. La mujer de 35 años tiene una presencia casi omnipresente en los encuentros del Salón Oval, en los actos políticos Maga y en los viajes al exterior, y fue una de las pocas elegidas para acompañar a Trump en su fuga sigilosa del Air Force One hacia un carrito de catering de un aeropuerto turco, para evitar un supuesto complot de asesinato iraní.
Esta semana Harp se encontró en el centro de una feroz pelea política por su cercanía con el presidente, luego de que Jon Ossoff, el senador de Georgia y una estrella demócrata en ascenso, la mencionara durante una furibunda crítica a Trump en un discurso de campaña que se volvió viral.
“No quiere hacer el trabajo. Quiere construir su salón de fiestas y viajar con Natalie en su aparentemente indefenso palacio volador, regalo del emir de Qatar”, dijo Ossoff, en referencia al avión enviado por Doha para uso del presidente estadounidense.
Los comentarios generaron furia en la Casa Blanca y, al día siguiente, Trump arremetió contra un periodista de CNN que intentaba conocer su reacción, mientras su equipo salía a defender a Harp. El director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, se quejó de que Ossoff estaba “denigrando a gente que trabaja duro al servicio de su país”.
Pero los reflectores sobre Harp y su relación con el presidente son difíciles de apagar. Se convirtió rápidamente en un símbolo del servilismo excesivo dentro del séquito de Trump y de su propia necesidad de halagos constantes.
Sus expresiones abiertas de lealtad a Trump son tema de conversación en Washington: le envió cartas donde le dice “sos todo lo que me importa” y “quiero traerte alegría”, reparte habitualmente copias de artículos periodísticos favorables para Trump —al punto de llevar consigo una impresora portátil, una costumbre que le valió el apodo de “impresora humana” de Trump— y a veces ayuda a redactar los posteos del presidente en Truth Social.
En Escocia, Harp corrió por un campo de golf detrás de su carrito, mientras que en Nueva York saltó al baúl de una camioneta para no quedarse afuera de su caravana. “La verdad, da un poco de lástima... es una obsesión poco sana con alguien”, dijo esta semana a CNN su hermano Preston.
“Está claramente buscando su aprobación, y él quiere que ella le hable de toda la adulación que recibe, así que se retroalimentan de esa manera”, dice Kate Andersen Brower, autora de The Confidantes, un próximo libro sobre las mujeres que se desempeñaron como secretarias personales de presidentes estadounidenses. “[Trump] usa a estas mujeres más jóvenes de su entorno como personas que realmente lo hacen sentir mejor”.
Natalie Harp nació en 1991 en una familia de cristianos conservadores devotos. Su padre era corredor inmobiliario y su madre educó en el hogar a la futura asistente. “Mi mamá nos crió con la idea de que el excepcionalismo estadounidense era la forma correcta de ver las cosas. Que Estados Unidos manda en el mundo”, contó Preston Harp a CNN sobre su infancia.
“Mi hermana, lamentablemente, no logró salir de esa ilusión”, agregó.

Harp estudió en la Point Loma Nazarene University, en el sur de California, donde obtuvo una licenciatura, y luego hizo un MBA en la Liberty University, una universidad cristiana de Virginia. Cuando Trump asumió por primera vez en la Casa Blanca, ella atravesaba un diagnóstico de cáncer de huesos. Llamó la atención del presidente al atribuirle a él su propia supervivencia, gracias a una ley que había impulsado para facilitar la aprobación gubernamental de fármacos experimentales.
Él, a su vez, la invitó a hablar en la convención republicana de 2020, donde se presentó como una “estadounidense antes olvidada de California”. “No estaría viva hoy si no fuera por usted”, dijo. Después de que Trump perdiera ante Joe Biden y volviera al ostracismo político en Mar-a-Lago, Harp permaneció cerca de él y de su círculo, incluso mientras se desempeñaba como conductora en OAN, un canal de televisión conservador.
Una vez que Trump formalizó su candidatura para un segundo mandato, Harp estuvo junto a él. En Regime Change, un relato sobre cómo Trump transformó al gobierno estadounidense desde su regreso al poder, los autores Maggie Haberman y Jonathan Swan escribieron que el presidente le dijo a su equipo que Natalie “era la única que lo quería tanto como su esposa y sus hijos”. “Todos ustedes se van a ir a hacer plata; ella nunca me va a dejar”, agregó.
El vocero de la Casa Blanca, Davis Ingle, dijo que Harp es “una de las asistentes más leales y trabajadoras del equipo del presidente Trump” y criticó a los medios por “repetir consignas liberales enloquecidas contra Trump”. Brower dice que, si bien “no es inusual tener ese tipo de relación cercana” entre un presidente y su secretaria, por lo general no “se muestra de una manera tan pública”.
Pero en MS Now, esta semana, Ossoff explicó por qué desató la tormenta política y por qué eligió mencionar a Harp en primer lugar. “Escuché que se refieren a [Harp] como su manta de seguridad. Y creo que podríamos decir lo mismo de varios de los asistentes de alto rango en la Casa Blanca. No le dicen lo que necesita escuchar”.
















