El "Crypto Valley" suizo mira más allá de los vientos fríos del mercado

Zug se encuentra en la primera línea de las finanzas mundiales y concentra la mayor cantidad de los activos digitales.

La localidad de Zug fue en su día un lugar tranquilo, conocido por las monjas que hacían repostería, sus casas de madera y el kirsch, un pastel de cerezas que adoraba Audrey Hepburn.

Luego se convirtió en un paraíso de bajos impuestos y en un imán para las empresas: sede de Glencore y de otros monstruos aún menos adorables. Ahora, con sus discretos parques empresariales y bloques de oficinas que se extienden desde el centro, la ciudad se ha convertido en el reino de las criptomonedas de Europa.

A los ávidos comerciantes de Zug les gusta denominarlo 'Crypto Valley'. En un informe reciente, un inversor local, CV VC, escribió que hay 960 empresas de criptomonedas en Suiza, que emplean a más de 5000 personas. Casi la mitad de las start ups (433) tienen su sede en Zug.

En estos días, estos datos no pueden pasar inadvertidos: basándose en las imágenes publicitarias, los turistas que visiten el país podrían llegar a la conclusión de que esta tecnología es, después del chocolate y los relojes de lujo, una de las grandes aportaciones de Suiza al mundo. El boom de las fintech domina ahora las conversaciones de los bares de Zúrich, por encima de la actividad bancaria.

Pero, al igual que en todo el mundo del blockchain, hay un viento gélido que sopla en el valle de las criptomonedas. UBS advirtió esta semana de que se avecina un "criptoinvierno" cuando la Reserva Federal suba los tipos. En opinión de los analistas del banco, el desplome del precio del bitcoin en los últimos días es la primera señal de que la fiesta ha terminado.

Y parece que el tranquilo Zug se encuentra en la primera línea de las finanzas mundiales. Pero Suiza parece pensar que las criptodivisas han llegado para quedarse. Mientras que otros gobiernos intentan frenar los negocios de criptomonedas, el país ha querido favorecer su actividad en los últimos meses. En febrero de 2021, Berna introdujo una nueva "ley de blockchain" para codificar cómo los activos digitales deberían interpretarse en un tribunal en aspectos tan importantes como la propiedad y la custodia.

Por su parte, el regulador del mercado, Finma, ha sido proactivo a la hora de intentar entender el nuevo mundo de las criptomonedas. Incluso ha autorizado dos bancos de criptomonedas en el país: Seba y Sygnum. La posición de Finma pone de relieve que Suiza quiere ser la primera en lo relativo a las fintech de criptofinanzas.

Como no podía ser de otro modo, las grandes personalidades del sector también vislumbran un próspero futuro para el sector de las criptomonedas en Suiza. En una reciente visita a las oficinas de Sygnum, su CEO, Mathias Imbach me explicó que la volatilidad y la exuberancia que muchos inversores sobrios han asociado a las criptomonedas es sólo espuma, pero que debajo de esta hay propuestas y oportunidades de inversión serias.

El interés de los suizos por las criptomonedas y el entusiasmo del mundo de las criptomonedas por Suiza se basan, por supuesto, en algunos valores compartidos: la fe en el poder de la tecnología, por ejemplo, y lo que es más importante, una tendencia libertaria que favorece la libertad política e institucional.

Pero hay un inconveniente, quizás más grande que la vertiginosa venta de criptodivisas registrada en los últimos meses. Y parece que Suiza todavía no tiene una respuesta a largo plazo, independientemente de cuáles sean los precios de las criptomonedas dentro de un año o de lo institucionalizado que esté el sector.

Hace unas semanas, mientras tomaba un café en su oficina, me reuní con un gestor de criptoactivos en Zug y me dio una evaluación franca del problema en Suiza: hay ciertas personas sin escrúpulos en el valle de las criptomonedas. Y lo que es peor, hay un número aún mayor de empresarios muy ingenuos, ávidos de dinero y clientes, que se consideran desvinculados de las reglas que rigen las finanzas convencionales.

El gestor de activos añadió que la gestión de criptoactivos se ha convertido en el lugar al que acuden muchos asesores financieros reacios al cumplimiento de las normas que en los últimos años fueron expulsados de los bancos privados suizos, propensos al escándalo. En Zug, por tanto, parece que -con independencia del tiempo que haga en el mercado, sea invierno o verano- el brillante futuro de las criptomonedas corre el riesgo de ser una repetición del turbio pasado financiero de Suiza.

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