James Heckman es uno de los grandes expertos globales en estudiar los mecanismos para el desarrollo de la niñez y, en particular, cuál es el retorno que invertir en los primeros años de vida de una persona da a las sociedades.
En su paso por Argentina para participar del evento Vientos de Cambio, organizado por la Fundación Libertad y Progreso, Heckman elogió en diálogo con El Cronista los avances del programa de Javier Milei aunque se mostró temeroso por posibles cambios de tendencia, las resistencias, y relativizó la preocupación sobre la baja de la tasa de natalidad.
-¿Cómo evalúa el desempeño del programa económico de Javier Milei hasta ahora?
-Valoro el esfuerzo, habiendo estudiado a la Argentina durante décadas y ser usada en tantas clases de economía como un caso perdido —una especie de caso perdido crónico de peronismo, corrupción, malas políticas económicas—. Mucha gente afirmaba que, hace unos cien años, Argentina y Estados Unidos tenían aproximadamente el mismo PIB per cápita. Y muchos inmigrantes iban a la Argentina pensando que no había mucha diferencia y que el clima era un poco mejor. Luego vino el peronismo y este retroceso, junto con toda esta noción de sustitución de importaciones durante los últimos 80 años, de forma intermitente, además de la inestabilidad y todas las crisis de deuda.
En la Universidad de Chicago, donde trabajo, mucha gente estudia a la Argentina y hay muchos argentinos: Fernando Álvarez, Iván Werning, que está en el MIT, fue estudiante allí. Los libros sobre hiperinflación hablan sobre Argentina. Lo que veo es, al menos, una esperanza.
Pero tengo un profundo recelo de que la política fundamental del peronismo y esta suerte de sindicalismo organizado que presiona para su propio beneficio —sin buscar el bien mayor para el país— sea una fuerza subyacente que se puso en marcha hace casi cien años. Me preocupa que esas fuerzas se reactiven. Recuerde un libro sobre los insiders y los outsiders, que trataba exactamente de esto: los peronistas. Era una fuerza sólida en la Argentina y se volvió muy fuerte en Europa, donde existían estos insiders y outsiders. Pero en Argentina dominó la política, donde los peronistas solo pensaban en sí mismos, arruinaron el gobierno y aplicaron políticas corruptas e ignorantes como la sustitución de importaciones.
- ¿Cree que existe la posibilidad de que esto dé un vuelco?
- Lo que me preocupa es que, mientras haya democracia, hay mucha inestabilidad, y los charlatanes resultan electos en las democracias; ese es el problema.
Lo que sucede, al menos en Estados Unidos, es que siempre existe la política de que si alguien sale perjudicado, o algo sale mal, se quiere echar del cargo al grupo actual y poner a uno nuevo. La política democrática es sumamente inestable. Podríamos seguir hablando indefinidamente sobre si la democracia es una buena o mala idea. Aristóteles decía que la democracia tiene muchos problemas fundamentales. Esos problemas son facciones que no tienen otro interés más allá del suyo propio y acotado. La pregunta es: ¿puede Milei salir adelante? No lo sé. ¿Pero llegará lo suficientemente rápido? Siempre hay grupos de interés especial cuyos privilegios se están pisoteando ahora. Cuando se desregula, significa que alguien perdió su monopolio.
En Estados Unidos, mi mayor temor es lo que va a pasar en 2028. Trump realmente ha hecho cosas muy estúpidas y ha causado muchos problemas. Así que cualquiera que aparezca del lado opuesto a los republicanos probablemente ganará, por más ignorante y desinformado que esté.
Hay un cambio de clima, un trasfondo de irrealidad en la política que se está pregonando en algunos lugares. Tenemos personajes que prometen cosas que no sé quién lo cree, y sin embargo, consiguen que la gente los vote.
La base electoral de los Socialistas Democráticos de América es el graduado universitario con movilidad social descendente. Es un grupo de intelectuales (o que así se perciben) descontentos que minaron cualquier tipo de progreso real y efectivo. No sé si esto está pasando en Argentina, pero los economistas con los que me relaciono parecen pensar que estas reformas son buenas. Eso no me da un panorama de lo que dice el pueblo argentino.
-Argentina aprobó una reforma laboral que apunta hacia una mayor flexibilidad. ¿Qué deberíamos esperar del mercado de trabajo?
- Un mercado laboral flexible es una gran fuente de crecimiento y movilidad social. Si se tiene un grupo que controla el acceso al mercado de trabajo y a otro grupo totalmente excluido, se está alterando la naturaleza de las oportunidades en la sociedad.
Lo que me preocupa es la transición, que puede ser brutal. Hay personas protegidas que no quieren renunciar a sus derechos; van a exigir salarios más altos porque están protegidas. Si eso arruina al país no les importa. Esto es universal, en Estados Unidos pasa lo mismo. Hay un fuerte crecimiento de los sindicatos, particularmente en los del sector público.
Creo que hay mucha inercia incorporada y eso es lo que más me preocupa. Los peronistas quizás siguen muy vivos. Es algo frágil lo que está pasando acá. No sé que tan carismático es Milei. En Estados Unidos se lo percibe como una persona extravagante, pero no sé como reacciona la gente a eso. También puedo imaginar que hay sindicatos atrincherados que no quieren ningún movimiento. Porque abrir oportunidades a la gente significa perder el monopolio para otros, y el monopolio es un interés poderoso que motiva a la gente.

-Usted se especializó en inversión en primera infancia. Argentina quintuplicó la asistencia económica para los hijos de las familias de menores ingresos. ¿cómo cree que aporta eso en el largo plazo?
- Creo que hay que ser muy cuidadosos con la naturaleza de la inversión porque no es solo una cuestión de arrojar dinero. Ese es el peligro: queremos gastar dinero en la primera infancia. Suena bien. Pero cómo lo gastas realmente importa. Y hay formas mejores y peores. Estos programas no son sólo educativos. No es crear un aula, es un esquema totalmente diferente.
Segundo, hay todo un tema sobre cuánto adoctrinamiento y cuánta elección tiene la gente en esos primeros años. Y eso ha matado mucha investigación en los Estados Unidos. La naturaleza de cómo se nutre a los niños y cómo se les desafía y estimula, es algo que tenemos que entender mejor.
El peligro es que muchas de estas políticas no son tan efectivas. Se preocupan por tener un aula limpia, un psicólogo, una computadora. Nada de eso es relevante. Lo único que necesitas es una persona que interactúe con el niño de manera constructiva. Un padre o algún sustituto o cuidador.
Hay un tremendo beneficio que proviene de interactuar con el niño y estimularlo. He estado trabajando y analizando un programa en Jamaica hace 40 años, ahora se usa en China. No es un centro a gran escala donde traes niños y les enseñas con un psicólogo, maestras o profesores. Lo que es es un programa de visitas domiciliarias. En Jamaica y en países menos desarrollados que Argentina hemos abierto centros donde les enseñamos a los padres a interactuar con los niños.
Son los padres el centro de atención. Y no se le dice: debes decir esto. Solo formas de animarlos, como llevarlos a la plaza del pueblo y estimularlos. Mostrar diferentes cosas, ese tipo de interacción es lo que importa. No sé si eso se entiende realmente porque la gente tiende a pensar en esto como otro sistema escolar. Y eso es un desastre si lo piensas de esa manera, no lo es.
-¿Cómo se cruza la tecnología con eso?
- La tecnología puede ayudar mucho. Podes tener estimulación para los niños. Cuando los padres tienen juegos para jugar con sus hijos, pueden ir con ellos y acompañarlos. Pero es la interacción que el niño recibe y la forma en que el niño aprende.
Se trata de esculpir, crear al niño. Es encontrar en qué nivel está el niño y pensar cuál es el paso correcto siguiente. Eso requiere una sutileza y no donde la IA está asistiendo. En China está ayudando a hacer un balance de dónde está el niño y luego dar información al padre sobre cuál podría ser el siguiente paso. Ese monitoreo es muy útil, pero tiene que involucrar a la familia, a la comunidad.
- Vamos hacia una sociedad de personas mayores, ¿cómo cree que los estados o las sociedades deberían atender el tema?
- Tengo un libro que saldrá en los próximos seis meses. Nos preocupamos mucho por esto. Pero hay que entender una cosa: tener una tasa de crecimiento decreciente no significa que estés perdiendo ingreso per cápita. De hecho, todo lo contrario. Cuando la tasa intrínseca de crecimiento de la población es negativa, tenes menos inversión per cápita, pero luego tenes más consumo per cápita que los niños. Y también puedes invertir más en una población más pequeña por el costo de formar a un niño. Hay muchas oportunidades.
Cuando pasas de una tasa de crecimiento muy alta a una tasa de crecimiento muy baja —por encima del reemplazo y por debajo del reemplazo—, la cantidad de cambio en el ingreso per cápita es muy pequeña. Y en todo caso, favorecerá el aumento del ingreso per cápita. Porque ahora el ingreso, en lugar de usarse solo para mantener a los ancianos, puede invertirse en actividades más productivas.
Hay que hacer una distinción entre el problema de la transición y el problema del estado estacionario. En la transición hay un problema real. Tienes a un grupo de personas mayores. Tienes que asegurarte de que estén cuidados debido a la política, la seguridad social y demás. Pero las tendencias salen de eso. Y ese es un problema político difícil, es el mismo tipo de problema político del que estamos hablando. Porque estas personas mayores sí votan y con ganas. Pero si llegas al estado estacionario a más largo plazo, puede ser una bendición tener un menor crecimiento poblacional.
Pero el problema de la transición es real. El dividendo llega y tienes a un montón de jóvenes pagando impuestos y manteniendo al gobierno, con nuevas habilidades y altamente motivada. Todo eso es para bien. Pero por el otro lado, cuando este dividendo se agota, obtienes a todos estos ancianos. Y esa es una consecuencia de los sistemas de seguridad social. Ha cambiado la naturaleza de las sociedades. Las llamadas sociedades confucianas ahora se están moviendo cada vez más hacia permitir que el Estado se haga cargo de lo que solía hacer la familia.

No es una maldición ni el fin del mundo. Parte de la disminución de la fecundidad se da por posposición. Las mujeres van a la universidad, se suman a la fuerza laboral, hacen carreras de una manera que sus madres no lo hicieron. Y eso pospone todo. Eso significa que la tasa global de fecundidad que usamos es mala porque asume que cualquiera sea la tasa hoy es de estado estacionario, mientras se avanza hacia el futuro y representa a la población viva hoy. El mero acto de posponer causa una disminución en la fecundidad. Pero luego rebotará cuando se concreten las decisiones de tener hijos.
El aspecto crucial, toda la discusión demográfica, tiene que ver con la tasa global de fecundidad. Queremos hablar de la tasa a la que los individuos tienen hijos por edad. Y esa es una cosa no muy estacionaria. Está cambiando mucho. Está cambiando mucho y es diferente en las sociedades.
La posición de negociación de las mujeres ha aumentado, sus ingresos han aumentado, y hay una enorme ganancia para las mujeres que van a la escuela y se educan, y eso por sí solo es una fuerza para el retraso. No creo que sea el fin del mundo, pero es global. Incluso en África, que sigue por encima de la tasa de reemplazo, la tendencia va en disminución.















