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No es la primera vez que Kristalina Georgieva sostiene, augura, espera, que los u$s 20.000 millones adicionales que concedió el FMI hace un año sean el último préstamo otorgado a la Argentina.
“Esperemos que sea el último”, le había dicho entre risas a Federico Sturzenegger en el atrio de edificio del FMI en Washington después de esa nueva cifra, que quebró todos los récords de exposición al riesgo argentino. Cuán invertido está el FMI en la Argentina es un tema sobre el que el Fondo evita abundar cada vez que se le pregunta, sobre todo en la era en la que la silla de Estados Unidos -el principal aportante- tiene el aval de Donald Trump para asistir al gobierno de Javier Milei.
Este lunes, volvió a decirlo: “no creo que se necesite un nuevo préstamo”. La pregunta estaba en el aire -y en el mercado- en función de los repagos del año que viene para el Fondo y acreedores privados, que totalizan más de u$s 20.000 millones. Pero el Gobierno asegura que los tiene cubiertos en caso de que no estén las condiciones para salir al mercado a financiarse, como rezaba después de cada evaluación el FMI. Ese es el fin último. Ahora, sin embargo, el organismo evita poner el acento sobre ese punto.
Pese a eso, no es casual que, aunque solo estuvo dos días en la Argentina, Georgieva haya preferido visitar Vaca Muerta a reunirse con representantes de otros sectores sociales o políticos, como habituaba hacer el FMI en sus visitas de alto nivel. El panorama más completo de la economía argentina por fuera de lo que fueron sus conversaciones con el Gobierno, la directora optó por tomarlo del sector privado, en una cena con CEOs de las principales empresas de la Argentina que tienen una visión en la mayor parte de los casos bastante alineada con la del Gobierno de Javier Milei.

La directora gerente recibió a representantes del sector privado en el Palacio Duhau. Eran CEOs y presidentes de empresas nacionales y multinacionales que operan en la Argentina, pero el abanico de sectores era restringido. No estaban los grandes perdedores de la actividad heterogénea, sino los que llevan adelante las mayores inversiones.
Entre los invitados contó con Pierpaolo Barbieri de UALA y Jorge Brito, presidente del Banco Macro. Por el sector financiero también estuvo Isela Costantini, asesora estratégica del Grupo ST. A ellos se sumó la presidenta de AmCham Mariana Schoua, empresaria del sector energético, por el que también participó Marcos Bulgheroni CEO de Pan American Energy.
Del reducido grupo del sector privado también participaron Eduardo Elsztain, presidente de IRSA, y Juan Martín de la Serna, presidente de Mercado Libre. La lista la completaron el CEO de Glencore Argentina Martín Pérez de Solay, el ex CEO y ahora ViceChairman de Ternium Daniel Novegil y la directora de Ferrosider, Catalina Cascio.
Uno de los focos de la búlgara fue cómo se está atravesando “el proceso de estabilización”, un tema que apareció también en un diálogo muy relajado con estudiantes y economistas en el Palacio Libertad. Allí recordó que ella nació en un país “donde nadie confiaba en la moneda”.
En su charla con los jóvenes, Georgieva puso sobre la mesa uno de los temas que más preocupa al FMI a nivel global: el avance de la inteligencia artificial. “La IA remodelará hasta el 40% de los empleos— mi consejo: construyan habilidades adaptables y no teman a la disrupción”, resumió.
El riesgo FMI
Más tarde, en Neuquén, los números de Horacio Marín con las proyecciones de producción, inversión y exportaciones vinculadas a Vaca Muerta seguramente dejaron a Georgieva tranquila. Cuando vuelva a Washington DC -después de pasar por Uruguay- podrá decir que, si no hay sobresaltos, el FMI se asegura el cobro de los vencimientos pendientes.

En tanto, en Buenos Aires, traen a colación un punto sobre la exposición de la deuda argentina con el FMI que podría estar jugándole en contra a la baja del riesgo país: si bien tras las declaraciones de la economista búlgara de que no hay riesgo en la cuenta externa, la importancia del FMI y los multilaterales como el Banco Mundial, el BID y hasta la CAF “como acreedor ultra privilegiado de Argentina es una de las causas que hace tan costoso cada punto de baja del riesgo país”, escribió el ex director del BCRA Jorge Carrera.
“Dados los indicadores fiscales y externos de Argentina, si no existiera tanta deuda con el FMI y los multilaterales, el riesgo debería ser más bajo”, agregó el economista platense, que puso como ejemplo los valores del riesgo país en 2017-2018, durante la gestión de Mauricio Macri, cuando estaba alrededor de los 370 puntos básicos “en momentos donde, justamente, no había deuda con el FMI”.
Carrera explica que los operadores del mercado saben que, si hubiera problemas con la sostenibilidad de la deuda argentina, el FMI y los otros multilaterales lo primero que pedirán será reestructurar la deuda con los acreedores privados y no tocar la deuda privilegiada.
“Eso es lo que explica el exceso de prima que le cobrarían a Argentina si tomara deuda”, detalló. Por eso, sostiene, el Gobierno “debe usar garantías, o sobreactuar el superávit fiscal y la acumulación de reservas (que es lo que técnicamente preocupa hoy al FMI)”.
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