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En medio del debate sobre si el consumo crece o no, la industria pyme todavía no logra volver a crecer, pero algunos indicadores empiezan a mostrar que la caída pierde intensidad. La producción y el empleo continúan en retroceso, aunque desaceleraron su contracción, mientras que las expectativas empresarias mejoraron y volvieron a terreno positivo.
En el segundo trimestre, la producción de las pequeñas y medianas industrias se contrajo 11% interanual, mientras que el empleo cayó 4,5%, según los últimos relevamientos de la Fundación Observatorio PyME (FOP). El impacto fue más fuerte entre las empresas pequeñas que entre las medianas.

Sin embargo, la dinámica comienza a mostrar algunos matices. A la desaceleración de la caída de la actividad, del -3,6% en la variación trimestral sin estacionalidad, y del empleo (-0,8% en el II Trimestre de 2026 contra el primero, desestacionalizado) se suma una mejora de dos indicadores que buscan anticipar qué puede ocurrir en los próximos meses: el Índice de Gestión de Compras PyME (PMI-PyME) y el Índice de Confianza Empresaria (ICE-PyME).
El PMI-PyME alcanzó los 44,3 puntos en el segundo trimestre, un salto de 10,3 puntos respecto de los primeros tres meses del año. La mejora es significativa, aunque todavía insuficiente: el indicador continúa debajo de los 50 puntos que separan una dinámica expansiva de una contractiva y quedó 0,7 puntos por debajo del nivel de un año atrás.
Además, parte del rebote responde a un componente estacional. Entre 2023 y 2025, el segundo trimestre mostró en promedio una recuperación de 7,7 puntos respecto del primero.
Qué falta para que la actividad pyme vuelva a crecer
Por ahora, los cinco componentes del PMI permanecen debajo de los 50 puntos. Entre ellos, la cartera de pedidos se ubicó en 42,6 puntos. Es una variable clave porque anticipa la demanda que las empresas deberán abastecer y, según la FOP, constituye “la señal más temprana de un cambio de fase en el ciclo económico”.

En el segundo trimestre, el 41,1% de las empresas registró una caída de sus pedidos frente al período anterior y solo el 26,4% informó un aumento. La producción, en tanto, alcanzó 45,4 puntos y el empleo, 44,7.
Otra señal de cautela aparece en los stocks de materias primas e insumos, que registraron 39,4 puntos, el nivel más bajo entre los componentes del PMI. El 32,6% de las empresas redujo sus existencias y apenas el 11,4% las aumentó. La reducción de inventarios suele anticipar menores necesidades de producción.
El dato al que se aferra la industria pyme
La señal más alentadora aparece al mirar las expectativas. El Índice de Confianza Empresaria PyME alcanzó los 43 puntos, 2,7 puntos más que en el primer trimestre. Todavía se encuentra en terreno pesimista y está 4,5 puntos por debajo del mismo período de 2025.
Sin embargo, detrás del número general aparece una fuerte brecha entre el presente y el futuro. La evaluación de las condiciones actuales se encuentra en apenas 32,2 puntos, mientras que las expectativas avanzaron hasta 52,1 puntos y volvieron a superar el umbral de 50.
Ese es uno de los datos a los que se aferra el sector: la esperanza es lo último que se pierde. Aunque la situación actual continúa siendo evaluada negativamente, las expectativas para el próximo año volvieron a terreno optimista. También mejoraron las perspectivas de rentabilidad, que alcanzaron 52,5 puntos, 4,4 puntos más que en el trimestre anterior.

La mejora, sin embargo, todavía no llegó a la inversión. El indicador que mide si los empresarios consideran que es un buen momento para invertir en maquinaria y equipo cayó a 34,6 puntos y fue el único componente del ICE que retrocedió frente al primer trimestre.
Pero la inversión, explican en el sector industrial, suele aparecer más adelante en el ciclo. Mientras exista capacidad instalada sin utilizar, una recuperación inicial de la demanda puede ser atendida aumentando la producción con la estructura existente. La necesidad de ampliar plantas o incorporar maquinaria aparece cuando esa capacidad comienza a resultar insuficiente.
La demanda todavía no aparece con fuerza. Mientras el Gobierno y Marcos Galperín argumentan que hay crecimiento por fuera de los canales tradicionales, el endeudamiento de las familias y la mora siguen marcando un límite junto con la recuperación de los salarios. El mismo Ejecutivo reconoció que la mejora que espera es para 2027, según detalló en el anticipo de Presupuesto.
La foto deja así una industria pyme que todavía cae, pero empieza a buscar un piso. Los pedidos y los stocks muestran que la demanda continúa débil, mientras que la producción y el empleo siguen en retroceso. Del otro lado, la caída pierde intensidad y las expectativas ya volvieron a terreno positivo. La clave será si ese optimismo empieza a traducirse en pedidos y producción durante los próximos meses.
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