La economía argentina volvió a mostrar señales de contracción en febrero. Según informó este jueves el INDEC, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró ese mes una caída del 2,6%. El signo negativo le pone un interrogante a los meses que vienen. ¿Se habrá tocado piso? Luis Caputo pronosticó que vienen los mejores 18 meses. El calendario está en marcha.
Cuando se analiza su composición de la actividad y el empleo, aparece un problema más profundo: el crecimiento de los sectores que siguen traccionando para arriba no alcanza a compensar la caída de las actividades que son, además, las que más empleados ocupan.
Hoy, cerca del 65% de los ocupados —unos 14 millones de personas— se desempeña en sectores que no están creciendo o directamente están en retroceso. Hablamos de los puestos de trabajo en la Industria, el comercio, la construcción, la educación y la administración pública, que hoy concentran. según el INDEC, el grueso del empleo y no forman parte del núcleo dinámico de la economía actual.
Se trata, además, de un dato transversal: incluye trabajadores registrados y no registrados, asalariados y cuentapropistas. Los sectores que van para arriba (minería, energía, finanzas, campo) ocupan solo 1,8 millón de personas, el 8% del total de los puestos de trabajo.

Entre diciembre de 2023 y comienzos de 2026, los sectores más sensibles al ciclo económico mostraron dinámicas muy dispares. La construcción registró el ajuste más profundo, con una contracción cercana al 20%, mientras que la industria y el comercio evidenciaron caídas más moderadas, en torno al 10%, tras una recuperación parcial durante 2025 que no logró compensar el desplome inicial.
Los datos de insumo de mano de obra refuerzan este diagnóstico. La cantidad total de puestos de trabajo se mantiene prácticamente estancada, con una leve caída en los asalariados (-0,7% interanual), tanto registrados como no registrados. En contraste, los puestos no asalariados crecen (+1,6%), lo que sugiere que la expansión del empleo se está dando en formas más precarias o de menor productividad. Es decir, incluso cuando el empleo aumenta, lo hace fuera del segmento formal y con menor calidad.
Algo similar ocurre cuando se observan las horas trabajadas. En términos agregados, caen 1,8% interanual, con una contracción más marcada en el empleo asalariado (-2,7%) y especialmente en el registrado (-3,2%). Esto implica que no solo hay menos empleo de calidad, sino también menos intensidad en su uso. En otras palabras, el ajuste del mercado laboral no se da solo por cantidad de puestos, sino también por la reducción de horas trabajadas, lo que impacta directamente sobre los ingresos.
El problema no es la falta de crecimiento, sino su composición.
Los datos del EMAE muestran que el impulso proviene de un conjunto reducido de sectores. En febrero, los mayores incrementos interanuales se observaron en el sector agropecuario, la pesca, la minería y la energía.
Entre agricultura y minería explicaron 0,76 puntos porcentuales del crecimiento interanual. Es decir, una parte sustancial de la expansión se concentró en actividades altamente productivas, competitivas y con fuerte inserción externa, pero con una característica clave: emplean relativamente poca mano de obra.
El contraste es evidente. Los sectores que crecen no generan empleo masivo; los sectores que ocupan más gente, no crecen.

Esta desconexión explica buena parte de la dinámica actual del mercado laboral. Mientras los sectores en expansión reúnen alrededor de 1,8 millones de trabajadores, los sectores estancados concentran la enorme mayoría del empleo. El resultado es una economía que puede mostrar mejoras en el nivel de actividad sin que eso se traduzca en una mejora equivalente en el empleo.
Sobre este fenómeno, en estos días se escucharon dos advertencias a tomar en cuenta. El economista Ricardo Arriazu, que defiende el rumbo económico del Gobierno, señaló que le preocupaba la velocidad a la que se están destruyendo los puestos de trabajo en los sectores menos competitivos. “Se destruyen puestos más rápido de lo que se los crea”, resumió.
Por caso, la industria registra una pérdida de casi 180.000 puestos desde finales de 2023. La construcción, otros 80.000. Arriazu le puso referencia geográfica a su preocupación: el Gran Buenos Aires, territorio donde están la mayoría de las empresas del tejido industrial.
Daniel Artana, economista jefe de FIEL, coincidió: dice que el problema principal hoy no son tanto los salarios sino la falta de empleo. Señaló que, aun cuando los salarios puedan recuperar algo, si no hay creación de puestos de trabajo el problema social persiste.
Advierte que la economía puede mostrar cierta mejora en actividad, pero eso no necesariamente se traduce en más empleo forma.
A esta estructura se suma una segunda tensión: la evolución de los ingresos. Los salarios continúan rezagados frente a la inflación, incluso en segmentos formales. La recuperación del poder adquisitivo es parcial e inestable, y depende cada vez más del sector de actividad.
Al mismo tiempo, no se observa una expansión sostenida del empleo registrado. El crecimiento del empleo, cuando aparece, se canaliza principalmente a través de formas más precarias: trabajo no registrado, monotributo y cuentapropismo de baja productividad. Es decir, el mercado laboral no solo crece poco, sino que lo hace en condiciones más frágiles.
El dato central —dos de cada tres trabajadores en sectores que no crecen— no es una anomalía coyuntural. Refleja un problema estructural de la economía argentina: la desconexión entre los sectores que impulsan el crecimiento y aquellos que generan empleo.
Mientras esta brecha persista, el crecimiento difícilmente se traduzca en mejoras generalizadas en el bienestar. La economía podrá expandirse, pero sin derrame significativo sobre el empleo y los ingresos.
El desafío de fondo es conocido, pero no por eso menos complejo: lograr que los sectores dinámicos aumenten su capacidad de generar empleo y, al mismo tiempo, reactivar aquellos que hoy concentran la mayor parte de los trabajadores.
Sin esa convergencia, la Argentina seguirá atrapada en una paradoja persistente: crecer sin incluir.
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