Crisis institucional

El albertismo duró poco y Cristina Kirchner le declaró la guerra abierta

La carta abierta de la vicepresidenta desafía al poder de Alberto Fernández y condiciona su futuro inmediato; duras denuncias y acusaciones al círculo íntimo del Presidente y pedido de cambio de gabinete

El albertismo esbozado por el propio Alberto Fernández duró muy poco: la vicepresidenta Cristina Kirchner se encargó de pulverizarlo en segundos con una dura carta de 20 párrafos y la Argentina ingresó anoche en una profunda crisis institucional que sólo tiene precedentes tan graves en aquel 2001 en que el entonces vicepresidente Chacho Alvarez dio un portazo al gobierno de Fernando de la Rúa y dejó el poder en medio de una debacle económico-social gigante que le costó muy caro al país.

Ante un débil intento del Presidente por recomponerse de la derrota electoral de las PASO y dar respuesta a las renuncias en masa de funcionarios K, la carta de la vicepresidenta con duras advertencia a su compañero de fórmula cristaliza a pleno la pintura de un gobierno quebrado y sin rumbo.

Alberto Fernández intentó ayer esbozar un esquema de albertismo tardío y debilitado ante la catarata de renuncias del gabinete. Dijo que "con presiones no me van a obligar". Se refugió en un puñado de gobernadores del PJ, en la CGT y un grupo de intendentes del peronismo del conurbano. Intentó minimizar el impacto del audio filtrado de la senadora kirchnerista Fernanda Vallejos donde lo tildó de "enfermo, okupa y atrincherado". Buscó un cese de hostilidades tardío y tenía previsto viajar hoy a México a la cumbre de la CELAC para dar aire a su gestión.

Pero nada de eso le sirvió de resguardo. La carta de Cristina Kirchner donde lo acusó de macrista, denunció operaciones de prensa en su contra, cuestionó algunas medidas económicas y donde le exigió que "honre el cargo que ocupa" dejó sin aliento ni reacción a los mismos albertistas.

La carta de Cristina Kirchner hay que diseccionarla y leer los mensajes cifrados. Menciona en primer término que le advirtió al Presidente en una reunión privada antes de las PASO que había una delicada situación social y que el Frente de Todos corría serios riesgos de perder. 

No sólo esto: la vicepresidenta objeta directamente las medidas económicas tomadas por Alberto Fernández para encarar la crisis pospandemia y denuncia el atraso salarial, descontrol de precios, la falta de trabajo la "falta de efectividad en distintas áreas de gobierno". No aclara cuáles son esas áreas pero se infiere por sus laderos que apuntó a Economía, Producción, la Cancillería y la jefatura de Gabinete.

En otro párrafo, la vicepresidenta se autoarroga el título de peronista. "Fui y seré peronista", dijo en un elíptico mensaje a un Alberto Fernández que buscó en estos días de renuncias K el respaldo en el PJ ortodoxo, en la CGT y en Moyano.

Cristina Kirchner le reclama un cambio de gabinete urgente tras la derrota electoral, un hecho que el Presidente pensaba que podía postergar para después de los comicios de noviembre. "¿En serio creen que no es necesario, después de semejante derrota, presentar públicamente las renuncias y que se sepa la actitud de los funcionarios y funcionarias de facilitarle al Presidente la reorganización de su gobierno?", se pregunta la vicepresidenta. Con esto, ya no le queda margen a Alberto Fernández para hacer cambios urgentes y no dar vueltas con la aceptación de renuncias.

Incluso Cristina Kirchner le sugiere, exige o infiere que el jefe de Gabinete no debe ser Santiago Cafiero sino el gobernador de Tucumán, Juan Manzur. La idea de un "presidente títere" vuelve a aparecer allí con fuerza y sin disimulo. 

Hay un pedido especial de la vicepresidenta a Alberto Fernández para no solo "relanzar" el gobierno sino también a "mirar los números del presupuesto". Es decir, el mismo proyecto de ley que envió Martín Guzmán anteayer a Diputados con proyecciones para el 2022 muy optimistas.

Y en un duro golpe a la idea de Alberto Fernández de que protagoniza un "modelo" opuesto al de Macri, la vicepresidenta equipara la gestión actual con el mismo macrismo. "Será imposible solucionar los problemas que dejó el macrismo de bajos salarios, altísima inflación, endeudamiento vertiginoso con acreedores privados y la vuelta del FMI votando al macrismo o votando sus ideas", dijo lapidaria. 

¿Cuánto margen le queda ahora al Presidente para el accionar futuro de su gobierno después de esta declaración de guerra que lanzó Cristina Kirchner? ¿Cómo se repondrá Alberto Fernández de las duras acusaciones y denuncias que le enrostró su vicepresidenta? ¿Aceptará los cambios urgentes de gabinete o se tomará su tiempo? 

Pocos responden en una Casa Rosada sumergida en silencio. Sólo un puñados de funcionarios se animan a sostener que "hay que tener la cabeza fría y pensar cada paso que demos en adelante".

La imagen de un "presidente títere" ya casi forma parte de un cuento naif en comparación con tremenda afrenta de Cristina Kirchner que condiciona a Alberto Fernández. El borrador de albertismo le duró poco a Alberto Fernández. 

El Presidente está acechado por su propia socia. Pero los condicionamientos también son para una Argentina en crisis y al borde de la debacle institucional plena.

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