Complejo escenario

Cuáles son los escenarios que baraja el Gobierno para detener la crisis en el Mercosur

El presidente estuvo tres horas tras la cumbre del bloque con sus asesores para diseñar una estrategia que evite un avance de propuestas que van contra los intereses argentinos.

Inmediatamente después de una Cumbre del Mercosur para el olvido, Alberto Fernández convocó a su despacho en la Casa Rosada a una reunión urgente para calcular el costo de la decisión uruguaya de romper con el mecanismo de negociaciones comerciales en conjunto por el que se rigen hasta ahora los cuatro socios fundadores, apoyado explícitamente por Brasil, y trazar una estrategia de contención de daños.

El jueves al mediodía, Fernández convocó a su despacho al embajador argentino en Uruguay, Alberto Iribarne, para una reunión que se prolongó cerca de tres horas. También estuvo en contacto toda la jornada con el embajador en Brasil, Daniel Scioli, a quien la crisis en la unión aduanera le interrumpió el disfrute de ser uno de los pocos nacionales que pudo acompañar a la selección de fútbol en la Copa América disputada en ese país.

El presidente e Iribarne buscaron analizar el sorpresivo anuncio que hiciera el miércoles de la semana que pasó la Cancillería de la Banda Oriental, respecto de abandonar "la regla del consenso" que se fijó en el año 2000 para negociar acuerdos comerciales con terceros países o bloques que supongan la concesión de preferencias arancelarias. Así las cosas, cualquier tratado de comercio necesita la firma de la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

El Gobierno intentó calmar los ánimos y sobreactuar cautela. A juicio de ciertos funcionarios, la decisión que el jueves ratificó el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, tiene más que ver con fortalecer su imagen en la política doméstica que con efectivamente intentar un "portazo" del bloque.

Para la Casa Rosada, la libertad de acción que reclama Lacalle va en línea con mostrarse duro para con la Argentina para aliviar el complejo de inferioridad de una economía dependiente en buena medida de su vecino rioplatense. Asimismo, marca distancia con el Frente Amplio, al que su espacio acusa de haber logrado pocos avances económicos en los 15 años de administración.

No es para desdeñar que la jugada política de Lacalle Pou le permitió ganar las portadas de los medios locales e internacionales, y tapar en buena medida las más de 700.000 firmas que la oposición consiguió para convocar a una consulta popular que pretende voltear buena parte de la "Ley de Urgente Consideración" (LUC) que aprobó el Congreso en los primeros meses de su gobierno, y  ha sido puntal para las principales reformas económicas y recortes del gasto público.

Bolsonaro, del lado del uruguayo Lacalle Pou.

Escenarios de acción

Pese a manifestar públicamente que Lacalle Pou actúa "en solitario", en el Gobierno toman nota de las expresiones del presidente brasileño, Jaír Bolsonaro, que el jueves consideró que "la regla del consenso" corresponde con "una visión arcaica" del Mercosur, y apostó por la "modernización" del bloque.

Brasil tiene este semestre la presidencia rotativa del Mercado Común del Sur, y puede por tanto fijar la agenda de reuniones que le apetezca, y convocar a tantos debates considere necesario para impulsar su agenda. De allí que el Gobierno intente ahora aproximar posiciones para desarticular la alianza brasileño-uruguaya.

Ante todo, Brasil quiere mostrar una reducción sensible de los aranceles de importación. La Argentina concedió bastante desde su posición original, pero no lo suficiente para contentar al ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, uno de los hombres a los que más oye Bolsonaro, en detrimento de su canciller, Carlos França, que criticó abiertamente la jugada oriental. Siendo así, un acuerdo en este campo podría desarticular el más osado planteo uruguayo.

Por otra parte, el Gobierno tiene sus dudas sobre el efectivo cumplimiento de los presagios uruguayos. Aunque Montevideo busca desde hace años un acuerdo con China, hay quienes creen poco probable que el gigante asiático comprometa su relación con la Argentina o Brasil para tener acceso preferencial a un mercado de apenas 3 millones de habitantes, como es el de la otra orilla del río.

No obstante, los recurrentes mensajes entre líneas del Gobierno argentino, llamando a respetar y "honrar los pactos originarios", da a entender que más acciones podrían tomarse. Por caso, medidas unilaterales en el campo económico o de la circulación de bienes y personas en frontera, como incluso frustrar eventuales intentos de acuerdo en conversaciones privadas con los eventuales interesados de acordar con los uruguayos. Todo, incluso la judicialización de un eventual acuerdo, está sobre la mesa.

El ministo de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dejó entrever que el Gobierno adoptará una postura intransigente frente a los planteos de Uruguay, y cierta flexibilidad con Brasil. "Uruguay hizo un planteo que es incompatible con el marco jurídico vigente: si ellos quisieran hacer convenios con terceros, tendrían que hacerlo yéndose del Mercosur", sentenció.

Con respecto a Brasil, Kulfas sostuvo que la Argentina "no se cierrra a la idea de bajar los aranceles", aunque subrayó que "pensar que bajar los aranceles conlleva aumentar el comercio es una ingenuidad o un dogma, que en la Argentina ya se vivió con resultados que no fueron buenos".

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Comentarios

  • NC

    Nicolas C

    13/07/21

    Te vas a quedar vendiendo verduras con Evo, gordo diabético

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