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La industria cambió de tono. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, pidió dejar los agravios de lado.

El día de la industria llegó luego de que desde el oficialismo calificaran de “tarados” a quienes defienden la industria. Fue el ministro de Economía, Luis Caputo, quien sostuvo el mes pasado que “la industria en esos años (2011 a 2023), en el modelo de los cracks anteriores, cayó 10% a pesar de estar subsidiada en tarifas por todos los argentinos, porque todos los boludos como nosotros pagábamos las cosas 10 veces lo que valían. Para todos los tarados que hablan de la industria”.

Las bases industriales sumaron malestar a una situación que ya ven acuciante en muchas de las ramas. El discurso de Rappallini sumó el “picante” que pedían algunos sectores golpeados.

Consumo

Si bien desde el sector prima el agotamiento por el deterioro de la situación, en particular afectada por la menor demanda interna, ya sea por consumo o porque los demandantes de insumos recurren a la importación, algunos ratifican que el rumbo es el correcto.

Ante el planteo del Gobierno de un consumo privado en récord histórico, un industrial de trayectoria y con varias firmas en su haber planteó que la discusión es sobre qué tipo de consumo. “No se vende ni lo nacional ni lo importado”, sumó un empresario textil.

Otra industrial de la provincia de Buenos Aires agregó que la discusión que buscan dar es sobre la producción nacional, y cómo esta puede alcanzar las condiciones de los bienes importados. En ese sentido, insisten con la carga tributaria, pero también con acciones sin costo fiscal.

Al consumo planchado y la apertura importadora, se apilan los sectores que advierten por el contrabando, sin prácticamente carga tributaria, pero además sin control de requerimientos para su uso. “Es un colador”, dijo un empresario textil, que además relativizó los efectos de las gestiones de las cámaras empresarias para aumentar los controles. “En el global, también hace bajar los precios”, dijo para explicar sus bajas expectativas.

Cadena de pagos

La cadena de pagos es uno de los temas que pesa sobre las cabezas empresarias. El propio Rappallini lo incluyó como un eje central de su discurso.

“Se deben establecer mecanismos para reprogramar deudas bancarias y fiscales, regularizar situaciones de morosidad y acompañar a las empresas que atraviesan esta dificultad transitoria. Sabemos que el Gobierno está trabajando en algunos de estos instrumentos y creemos que hay que profundizar ese camino”, dijo el mandamás de la UIA.

Una empresaria bonaerense atestó: “Estamos en niveles de 2001″. Se refería al nivel de cheques rechazados. Tanto es así que puso a una persona de su plantilla que se dedica exclusivamente a seguir la evolución de los cobros que no se pueden ejecutar.

Otro ejemplo que dio es el de empresas que directamente dejan de pagar. Ante las deudas acumuladas, seguidas por los embargos de cuentas, contó que una estrategia que escuchó es la de abandonar la figura societaria y crear una nueva para ver si se puede recuperar acceso a financiamiento o al sistema bancario, y desde allí ver si se puede recuperar la sociedad en quiebra. Al final del día, marcó, es otro costo más.

Embargos

La UIA ya había planteado su preocupación ante el aumento de los embargos de cuenta, principalmente por parte de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).

“Hemos pedido, como medida extraordinaria, la suspensión de los embargos, porque bloquear las cuentas de una empresa que ya tiene problemas de liquidez hace que no pueda seguir operando”, dijo Rappallini en el estrado.

Las gestiones del sector buscan que ARCA otorgue facilidades de pago, pero que fundamentalmente frene los embargos. “Es lo que más nos preocupa hoy por hoy”, planteó una empresaria provincial. Es que, ante la caída de ventas, la inhabilitación de cuentas, consideran, los deja fuera de juego.

En especial, considerando que “los sueldos hay que pagarlos ahora”.

Si bien las gestiones avanzan, las pymes en particular son reticentes a que pueda darse un efecto concreto que traiga alivio real a la situación.

Modelo

A pesar del malestar, el general de la política económica reúne algunos consensos. La baja de la inflación fue compartida como un logro por el general del empresariado.

Desde el G6 refuerzan que “no hay margen” para que se dé un cambio de modelo y plantean que el verdadero cambio se verá en los próximos 10 años.

Los pyme esperan algún grado de flexibilidad. Aunque confían que el Gobierno “va a morir con las botas puestas”, apuestan por las negociaciones institucionales y sus resultados.

“No va a haber reacción del Gobierno. Ellos están muy seguros de lo que están haciendo”, dijo un empresario que mató sus expectativas.

Otra de las gestiones en carpeta es cómo reactivar la construcción privada. Las bajas expectativas de un efecto expandido sobre los créditos en dólares y los créditos hipotecarios fondeados por el FGS llevaron a que el sector busque alternativas. Una de ellas, impulsada principalmente por los proveedores industriales de la actividad, es un “RIGI para la construcción”, con exenciones impositivas puntuales para quienes inicien nuevas obras.