

Alejandro Díaz, CEO de AmCham, sostuvo en una entrevista con El Cronista Stream que Argentina atraviesa “un escenario de oportunidades nunca visto en el mundo”, impulsado por la demanda global de minería, energía, conocimiento y agronegocio.
Según Díaz, esos son los cuatro motores que crecen a doble dígito y definirán la economía argentina hacia 2040, más allá de las discusiones sobre el tipo de cambio.
El directivo explicó que hacia 2035 las exportaciones mineras se multiplicarán por seis y las de gas y petróleo por cinco, mientras que el agro pasará del 62% al 38% de las ventas externas totales.
Para Díaz, esa transformación estructural implica que “el problema no va a ser el dólar”, ya que la balanza comercial argentina tenderá a ser sistemáticamente superavitaria en los próximos años.
Consultado sobre el diagnóstico económico actual, remarcó que la politización de los datos dificulta el análisis, aunque insistió en que los cuatro sectores ya muestran un dinamismo real y medible.

El sector que puede explotar en los próximos años
Uno de los ejes centrales de la charla fue el potencial del cobre. Díaz señaló que Argentina exporta apenas el 10% del cobre que exporta Chile, pese a compartir la misma geología cordillerana.
Explicó que la cordillera entre La Rioja y Mendoza concentra el recurso, y que La Rioja sería la provincia con mayor potencial minero proporcional del país.
El comentario derivó en un breve intercambio distendido con uno de los entrevistadores, que reconoció tener “un problema personal” con el gobernador riojano Ricardo Quintela por la disputa en torno al litio.

Más allá de la anécdota, Díaz fue categórico. “La naturaleza es Dios”, dijo, para subrayar que el potencial geológico es independiente de las decisiones políticas locales.
Los que deben reconvertirse
El CEO de AmCham también diferenció a los sectores según su velocidad de adaptación. Ubicó a la industria automotriz y la logística en un segundo grupo que debe reconvertirse tras veinte años de mercado cerrado.
Citó el caso de Australia, que entre 1985 y 1995 vivió un proceso similar y terminó perdiendo su industria automotriz por no adecuar su matriz productiva a la apertura comercial.
El sector más complejo, advirtió, es el comercio y la industria textil, donde un jean producido en Indonesia cuesta u$s 7 frente a los u$s 22 que cuesta fabricarlo en Argentina.
Sobre el rol del Estado frente a los sectores rezagados, fue tajante: si hay convicción en el rumbo elegido, la respuesta debería ser “nada” distinto a subsidios puntuales.
Rechazó así cualquier esquema de estímulo artificial al consumo, aunque reconoció que la empleabilidad en minería crecerá de forma progresiva, no inmediata.
Recordó que Australia inició su transformación con una desocupación del 4,6%, un dato que consideró clave para dimensionar los tiempos reales de la transición productiva que enfrenta hoy la Argentina.














