Opinión

Previsiones del comercio exterior 2024

La Argentina padece una excesiva dependencia del comercio exterior para los dólares oficiales en su economía. La referencia a la condición de oficial es deliberada: en Argentina no faltan dólares sino que donde faltan es en el Banco Central. Y eso se vincula con la obligación vigente de canalizar el comercio exterior (con alguna atenuación reciente y provisional) a través del Banco Central, el que a su vez cotiza la divisa a un precio muy inferior al de mercado.

Dada la dependencia cambiaria del comercio exterior, esa escasez de dólares se vincula además con que Argentina exporta mucho menos que lo que podría: hace 60 años el porcentaje de participación argentina en el comercio internacional planetario era más de dos veces el actual.

En 2022 la Argentina logró el récord histórico de exportaciones de bienes (casi u$s 88.500 millones) gracias a los altísimos precios internacionales logrados después de la invasión rusa en Ucrania. Con esas ventas Argentina consiguió un superávit comercial de u$s 6923 millones. Aunque esta cuenta oculta una trampa: el comercio exterior total también debe incluir a los servicios y en esa cuenta padeció un déficit de u$s 6833 millones.

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Los dólares siempre faltan en el país que desafía la lógica económica

En Argentina en líneas generales los superávits de las balanzas comerciales de bienes son neutralizados siempre por los déficits en la balanza de servicios: en los últimos diez años el superávit acumulado de la balanza de bienes es de u$s 59.427 millones mientras el déficit acumulado de la balanza de servicios es de u$s 56.980 millones.

En 2023 la sequía (y otros problemas, no sólo la sequía) están haciendo caer las exportaciones como pocas veces ha ocurrido: en nueve meses descienden 24% y generan un déficit comercial hasta hoy de u$s 6900 millones (puede preverse un déficit anual de u$s 7500 millones). Mientras, la balanza comercial de servicios en el primer semestre ya exhibe un déficit de casi u$s 4000 millones de dólares.

Se ha generado una expectativa favorable en relación a los resultados previstos para 2024: la sequía se superaría y ello permitiría que las agroexportaciones (65% del total) recuperen fortaleza (las exportaciones del complejo energético petroquímico no representan aún más del 10% del total).

La previsión para el año próximo es favorable. Sí. Aunque debe advertirse que en 2024 no se repetirán algunas condiciones que permitieron el récord de 2022: los precios de nuestras exportaciones en el último mes medido son 12% más bajos que en año anterior (y no hay previsión de que vuelvan a los niveles de 2022) y a ello hay que sumar que es probable que la próxima administración gubernamental deba proceder a ciertas correcciones económicas que puedan afectar la competitividad antes que mejorarlas. Como ejemplo, debe recordarse que la devaluación de 2002 no generó un incremento de las exportaciones en relación a 2001, al contrario, fue menor.

La hipotética mejora en las exportaciones dependerá de muchos factores: organización económica, restricciones regulativas, orden macroeconómico, intervencionismo gubernamental.

La expectativa (en base a las circunstancias actuales y si no se modifican) es que las exportaciones de bienes en 2024 ronden los u$s 84.000 millones, lo que supone un resultado 10% menor al del récord de 2022 (aunque 18% por encima del de 2023).

Los precios no tan altos, la algo más débil demanda en algunos mercados, el estrés que padecer un proceso de reacomodamiento de condiciones domésticas; son varios los motivos que impiden que la mejora en la agroproducción lleve a alcanzar niveles similares a los de 2022 aunque permita mejoras relevantes en relación a 2023.

En condiciones cercanas a la normalidad, debería preverse por su parte que las importaciones ronden cifras cercanas a la de las exportaciones (y por ende que se logre un resultado de la balanza comercial de bienes no demasiado generoso, que conviva -como siempre- con un déficit en la balanza de servicios. La razón de esta previsión de importaciones es que existe un retraso importador acumulado de 2022 y que no puede preverse otro año con restricciones importadoras como las de 2022/2024 sin suponer una afección productiva. Y debe advertirse además que en 2024 se deberá administrar una deuda comercial de importaciones financiadas hasta hoy por más de u$s 35.000 millones.

Por ende, no puede descartarse cierto mantenimiento de los límites a las compras externas, dadas las circunstancias.

Más allá de lo expresado, el inicio de una nueva administración es siempre, además, un tiempo adecuado para cambia sustancialmente el marco de referencia: la Argentina padece desde hace mucho tiempo resultados muy inferiores a los que estaría en condiciones de obtener y para ello es preciso cambiar numerosas condiciones (institucionales, macroeconómicas, regulativas, microeconómicas, de infraestructura física y de arquitectura institucional internacional).


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