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Pasan los años y las crisis, pero las lecciones siempre quedan pendientes

Jorge Remes Lenicov fue el economista que durante toda la campaña electoral de 1999, se dedicó a preparar un plan de salida de la convertibilidad que no llegó a ejecutarse, porque su jefe político, Eduardo Duhalde, perdió las elecciones frente a Fernando de la Rúa. Su gestión se había propuesto estirar el régimen que creó Domingo Cavallo para erradicar la inflación. Pero los shock externos y la devaluación de Brasil ya no permitían darle más cuerda a un modelo que ya había resistido más de 10 años. La Alianza tuvo que recurrir al FMI para tratar de cerrar el financiamiento perdido, hasta que el viento en contra desbarató lo poco que se mantenía en pie.

Lo que pasó hace 20 años es una cadena de acontecimientos que tuvo el peor final posible. La renuncia de De la Rúa, el corralito, el país de los cincos presidentes, son los hitos de una crisis que dejó varias lecciones, pero no todas aprendidas.

Dos años después de haberle pedido un plan, Duhalde convocó a Remes para que tratara de darle sentido a una economía que ardía como una brasa, con decenas de víctima fatales por los conflictos sociales que sacudieron las calles y el default de la deuda pública como bandera de la breve gestión de Adolfo Rodríguez Saa. Así llegó el fin del denominado 1 a 1, la obligación de respaldar con dólares el 100% de la base monetaria y la pesificación de la deuda en moneda extranjera, con una porción a cargo del Estado.

En el diálogo que mantuvo con El Cronista, publicado este lunes, el ex ministro de Economía recordó una verdad que padecen todos los que asumieron esa responsabilidad en momentos críticos: la crítica se la lleva el que ajusta, pero no el que desajusta. Remes tomó medidas antipáticas, pero a Cavallo le tocaron las más duras de todas: el déficit cero y la restricción para sacar efectivo de los bancos, contracara de la fenomenal salida de depósitos vivida en los meses previos.

En la Argentina, la moraleja que dejan las crisis es bastante recurrente: el factor más común a todos los episodios es el corte en el financiamiento del Estado. Los gobiernos asumen que hay asignaturas que no se pueden demorar, y ordenan asignar más fondos para cubrirlas. Durante la Convertibilidad, con el cerrojo puesto a la emisión monetaria, la salida primitiva fue el endeudamiento externo y luego el financiamiento bancario a las provincias. El mundo estaba dispuesto a refinanciar una vez más a la Argentina, pero apareció un cisne negro que cambió la historia: el ataque a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001. Los mercados se crisparon y hasta el Fondo optó por sacar de la mesa los u$s 8000 millones que había comprometido semanas antes. El final de ese dominó es conocido por todos. La lección de entonces sigue vigente: los gobiernos no pueden gastar lo que no tienen, porque vivir de prestado es una ilusión que tarde o temprano se termina.

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