Mala noticia para el campo: China prefiere el chivito uruguayo 

El afamado bife de chorizo argentino seguirá siendo un producto de consumo selecto, ya que Beijing prefiere asegurarse la llegada del tradicional chivito uruguayo.

Uruguay anunció que tiene la bendición del gobierno chino para avanzar en un Tratado de Libre Comercio. La novedad, más allá del impacto político que genera puertas adentro del Mercosur, es otra mala noticia para los productores agropecuarios dedicados a la cría de hacienda y también para la industria frigorífica. Porque el interés del gigante asiático no está puesto en un mineral estratégico, como pasa con Chile y Perú (los otros dos países sudamericanos con los que tiene firmados un TLC) sino en la carne. El afamado bife de chorizo argentino seguirá siendo un producto de consumo selecto, ya que Beijing prefiere asegurarse la llegada del tradicional chivito uruguayo. 

Según datos de Uruguay XXI, la agencia de promoción de inversiones del país vecino, China fue el país que más creció como destino de sus exportaciones (una tendencia que se verificó en casi toda la región, vale decir). Hace 20 años representaba apenas el 5% de sus ventas, equivalentes a u$s 100 millones. Hoy le despacha el 30% de su producción exportable. 

La Argentina, a la par de sus crisis recurrentes, perdió peso comercial en su relación con Uruguay: en el mismo período pasó de representar 15% del total a solo 5%. Algo parecido le pasó a Brasil, dato que no hace más que reflejar la fatiga que refleja el intercambio intra Mercosur. 

En agosto, las exportaciones uruguayas se incrementaron 40%, un porcentaje envidiable. En los primeros ocho meses, la variación fue de 35%, con el aliciente de que si se compara las ventas de ese período con las de 2019, están 11% arriba. ¿El principal producto exportado? La carne bovina, cuyos despachos crecieron 90%, gracias al cupo vigente en los envíos de la Argentina. Si se miran las ventas a China solamente, el incremento en lo que va del año fue de 97%: pasaron de u$s 414 millones a u$s 815 millones. Japón también le sacó provecho al cepo: sus compras de carne uruguaya se elevaron 82%. 

El presidente Luis Lacalle Pou aprovechó las resquebrajaduras que tiene el bloque (especialmente entre la Argentina y Brasil) para volver a poner sobre la mesa su deseo de avanzar en acuerdos comerciales sin esperar el consenso del resto de los socios. 

Para Marcelo Elizondo, experto en comercio internacional, la estrategia es clara. "Uruguay apuesta a fortalecer su perfil agroexportador, y ahí claramente tiene más oportunidades a futuro. También veo que están mirando para adelante, no la foto de hoy. La apertura de mercados en China les podría abrir la puerta a inversiones que mejoren su capacidad productiva", sintetizó. 

Uruguay no es solo carne. También exporta soja, celulosa, madera y sus derivados, productos lácteos. Para todos ellos el principal mercado es el mismo: China. 

Es evidente que el país vecino no va a abastecer la demanda de un gigante como China, pero su posicionamiento como proveedor estable lo favorece por sobre la Argentina, que repitió una receta que ya desde 2006 había dañado su reputación como exportador de carne. 

No hay que pasar por alto, además, un detalle explicitado por Lacalle Pou: China ya dio su conformidad para avanzar. Eso significa que más allá de la importancia que le adjudique el gobierno argentino a la relación que tiene con Beijing (definida en su momento como estratégica), está claro que el interés chino está puesto en toda la región. Y sí está dispuesto a compensar a la Argentina con una silla en el grupo BRICS, es evidente que cuando piensa en negocios agropecuarios sus prioridades no son simétricas. 

La Argentina tiene una puerta abierta todavía, que pasa por la producción porcina (un segmento que Uruguay no abastece). Pese a hay acuerdos avanzados para estimularla, el problema a nivel local es que resulta "políticamente incorrecta", ya que numerosos referentes artísticos y sociales se han pronunciado en contra de la instalación de criaderos de gran escala. 

Para toda la cadena de producción agroindustrial, el avance uruguayo no es una buena noticia. No en términos de volumen, sino de oportunidad, ya que Asia es el origen de 32% de las importaciones globales. Latinoamérica, solo 3%. 

El mercado está del otro lado del mundo. Solo se trata de agarrar la cuchara cuando llueve sopa, que es lo que ayer hizo Uruguay.

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