El cierre de un 2025 electoral dejó en el país consecuencias socioeconómicas cuyos resultados aún se aprecian en las estadísticas oficiales y que deberían ser tomadas como enseñanza para el año próximo.

La recuperación que venían experimentando la economía y los indicadores de pobreza chocaron antes del paso por las urnas con un shock financiero, producto de una corrida cambiaria equivalente al 50% del M2 (circulante más depósitos a la vista), según el Gobierno, que revirtió la tendencia.

La recuperación de la economía y la pobreza se frenó por un shock financiero provocado por una corrida cambiaria antes de las elecciones.
La recuperación de la economía y la pobreza se frenó por un shock financiero provocado por una corrida cambiaria antes de las elecciones.

El hecho dejó expuesta la fragilidad de una economía local que expresa su evolución en forma de K. La inflación aceleró el ritmo y la actividad económica se deterioró más en los sectores de mayor demanda de mano de obra, como la industria y el consumo, lo que volvió a correr la línea de pobreza hasta alcanzar a 15,5 millones de personas al término del primer semestre, de acuerdo a los datos revelados por el Indec.

Fue un combo indeseado: con precios más altos, creció la demanda de empleo para atender los mayores gastos, pero la oferta del sector privado, en una economía que entró en su zona fría, no alcanzó para cubrirla.

La actividad llegó a registrar en julio último la peor variación mensual desestacionalizada desde el arranque de la pandemia, un dato que demanda atención tanto como la pelea inflacionaria, cuyo fin anunció ayer Javier Milei, luego del visto bueno del Senado a la reforma de la Carta Orgánica del BCRA.

Más allá de la minería, la energía y el campo, la evolución de los otros sectores resulta clave para afrontar el año próximo un nuevo desafío electoral en el que la búsqueda dólares como refugio volverá a ser importante, como ya anticipa la suba del riesgo país.