Este jueves se conocerá la cifra oficial de pobreza para el primer semestre de 2026, un período caracterizado por momentos de aceleración inflacionaria. Desde el Gobierno esperan una suba leve de la pobreza, que convive con el deterioro de otros indicadores.

Para el primer semestre del año, se espera que la pobreza registre una suba de 2 o 3 puntos respecto de la medición del segundo semestre del año pasado, cuando se ubicó en 28,2%. “Es muy probable que la pobreza y la indigencia aumenten 2-3 pp respecto al 28 y 6% respectivamente del segundo semestre 2025. No se festeja ni mucho menos. Y duele”, sostuvo el economista cercano al Gobierno, Antonio Aracre.

Las especialistas en la materia esperan que ronde el 31%. Para la estimación que hace Martín González Rozada, econometrista de la Universidad Di Tella, para el semestre enero-junio, la misma se ubicó en 31,4%.

La variación ascendente comenzó en el cuarto trimestre del año pasado, cuando la inflación retomó un movimiento ascendente. Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica, contó que vieron una suba ininterrumpida, sólo compensada por el efecto aguinaldo de diciembre que rige sobre los consumos de enero.

De la mano de la aceleración de la inflación, el factor determinante que marcó Salvia es el hecho de que la canasta básica total, que fija la línea de pobreza, aumentó más que la inflación: en lo que va del año, la canasta acumuló una suba del 22,7%, mientras que la inflación registra en el mismo período un aumento de 21,3%.

Uno de los factores en la mira es la actualización de la medición de inflación y de las canastas en base a la Encuesta de Gasto de los Hogares 2017-18, actualización que debía entrar en vigencia en enero de este año pero que fue postergada.

En un documento que entregaron al papa León XIV, que visitará el país en noviembre, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), estimó que, de actualizarse la medición y de incorporarse el costo del alquiler para los hogares inquilinos, la pobreza ascendería al 39% de los hogares (equivalente a 4 millones), y el 48% de la población. Para la UCA, de actualizarse la composición de la canasta, la línea de pobreza superaría los $ 2 millones, y la tasa rondaría el 39%.

Si bien desde el Gobierno esperan un repunte en la estadística actual, otros indicadores que no hacen a la medición de pobreza dan cuenta de un deterioro en los ingresos y condiciones de vida de la población.

Otro de los factores a tener en cuenta para analizar el deterioro en las condiciones de vida es el endeudamiento. “El crecimiento de la solicitud de préstamos a familiares, fiado, pagos con tarjetas, préstamos para consumos corrientes. Eso lejos de detenerse, ha venido creciendo hasta el segundo trimestre de este año y ha sido para garantizar consumos y para pagar otras deudas, o para gastos fijos que vienen creciendo”, explicó Salvia. Desde el Observatorio detectaron que el 27,4% de los hogares pidió dinero prestado en agosto para cubrir los gastos habituales.

En este sentido, agregó que existen familias que entran en mora con el alquiler, las expensas, servicios, o tienen dificultades para transportarse y optan por cambiar de medio de movilidad ante el aumento del costo.

“Algo que no ocurrió es la baja alimentaria (es decir, los recortes en consumo de alimentos). Los alimentos han subido por debajo de la inflación, por lo que no empeoró de manera generalizada la calidad de la alimentación, aunque sí se migró a alimentos sustitutos, pero que mantienen estabilidad ante la inflación. Ese es un punto favorable”, destacó Salvi, quien marcó que los recortes se dieron también en gastos lúdicos, recreativos o incluso de educación, el mayor espaciamiento de visitas médicas o la reducción de sus gastos vinculados, o arreglos de los hogares.

La reducción de estos consumos se dio principalmente en el segmento medio de la población. Esto es, el 10% menos pobre de los estratos pobres y el 15% de las clases medias bajas no pobres. “Un tercio de las clases medias bajas y populares tienen algún tipo de estrés económico”, agregó el especialista.

Otro factor que analizan los especialistas es el de la falta de crecimiento del empleo registrado, lo que para algunos indica que la medición oficial de pobreza puede extender el deterioro. Según las estimaciones de González Rozada, la medición se estabilizó en el rango estimado para el primer semestre con una leve contracción.

La tasa de asalariados no registrados creció del 36,7% en el primer trimestre de 2023 a 37,9% en el primero de 2026. La tasa de informalidad laboral se ubicó en un 45% en el segundo trimestre de este año, una suba de dos puntos respecto del segundo trimestre de 2025.

Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA - Autónoma, explicó que la brecha de ingresos según la Encuesta Permanente de Hogares en el primer semestre de 2026 fue significativa: mientras que los no registrados cobraban en promedio $731.150, los registrados rondaban los $ 1.375.143.

A esta dinámica se suma el deterioro del poder adquisitivo por el aumento de los costos fijos, vinculados a la vivienda y los servicios, y que son difíciles de posponer. Según Equilibra, el ingreso disponible se contrajo 4,7% en el primer semestre de 2026 respecto del mismo período de 2025, mientras que respecto del primer semestre de 2023, la caída fue del 15,6%.