La implicancia de la visita de Kissinger a Beijing

La pregunta clave en la actual política exterior entre China y EE. UU. es si es demasiado tarde para restablecer relaciones constructivas entre los dos países después de que las administraciones de Trump y Biden adoptaran oficialmente una política de "decoupling and derisking" (política de "desvinculación y eliminación de riesgos). ¿Ha sido la reciente visita de Kissinger a Beijing un desafío a esta política?

Aparte de las implicaciones políticas para la paz en todo el mundo, es posible que la desvinculación ya haya debilitado el desarrollo normal de la economía mundial (el FMI ha advertido que el costo de la fragmentación económica podría llegar al 7 % del PIB mundial).

Después del extraño episodio del globo "espía" chino, la política de la administración Biden ha sido por lo menos ambivalente. A pesar de los esfuerzos recientes para reiniciar los contactos a alto nivel, la política sigue siendo la misma. En los últimos meses, el secretario de Estado, Antony Blinken, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, y el enviado presidencial especial para el clima, John Kerry, han visitado Beijing. Pero los resultados han sido mixtos. La respuesta de China a estas visitas ha sido correcta pero no calurosa como ha sucedido en cambio con la visita de Kissinger a quien XI Jinping lo llamó amigo y dijo que el pueblo chino nunca olvidará su contribución a las relaciones bilaterales. De los tres principales políticos de Biden mencionados anteriormente, el primer ministro chino, Xi Jinping, solo se reunió con Blinken.

En cambio, el ex - asesor de seguridad nacional y secretario de Estado Henry Kissinger no solo se reunió con Xi, sino también con el principal diplomático de China, Wang Yi, y con el ministro de defensa Li Shangfu, la persona a la que el secretario de Defensa de Estados Unidos Austin no pudo ver. Wang fue más allá al decir que Kissinger desempeñó un papel insustituible en la mejora del entendimiento entre los dos países.

El reconocimiento de China con Kissinger no es mas que una parte de la actitud tradicional de China de anclar sus políticas a una interpretación positiva de los acontecimientos históricos y, por lo tanto, una oportunidad para sugerir que China respondería mejor si las políticas estadounidenses fueran similares a las de la época de Kissinger.

Para comprender la perspectiva de Beijing, es importante recordar que el clima político en Washington se ha vuelto en contra del Partido Comunista Chino durante los últimos diez años. A pesar de todo lo que se habla de la polarización de la política exterior estadounidense, una de las pocas áreas de consenso bipartidista ha sido considerar a China como un rival en lugar de un potencial socio. Esto comenzó al final de la administración Obama. La administración Trump aumentó la hostilidad, destacando los abusos contra los derechos humanos en Xinjiang, reforzando su apoyo a Taiwán y lanzando una guerra comercial con China.

En sus dos primeros años, la administración de Biden ha a acentuado la confrontación poniendo el énfasis en la competencia estratégica. Esto se hizo evidente en la primera reunión de alto nivel entre funcionarios chinos y estadounidenses en Anchorage, Alaska, en marzo de 2021. Durante los siguientes dos años, la administración Biden dejó en claro que se tomaba en serio la competencia estratégica a todo nivel con China. Estados Unidos impulsó el Quad y lanzó el Marco Económico del Indo-Pacífico, estructuras que fueron claramente diseñadas para contrarrestar a China. En sus declaraciones, el presidente Joe Biden pareció señalar el fin de la política estadounidense sobre Taiwán, dejando bastante claro que Estados Unidos intervendría para ayudar a defender la isla de un ataque militar de la República Popular China. La Administración Biden impuso controles de exportación que hicieron que las medidas de Trump parecieran poco en comparación.

Honrar a Kissinger le permite a Beijing señalar que las relaciones serían mucho mejores si Washington volviera a la política exterior de hace una década. También evoca el estilo diplomático preferido de China para gestionar las relaciones con Estados Unidos. Durante décadas, a China le gustó más cuando la administración de EE. UU. asignó a una persona de contacto para manejar la cartera de China. Durante los últimos años de la administración de George W. Bush, fue el secretario del Tesoro, Hank Paulsen; durante gran parte del primer mandato de Obama fue el asesor de seguridad nacional Tom Donilon. Elogiar a Kissinger es una forma relativamente sutil de señalar su preferencia por volver a lo que alguna vez fue.

A medida que se deterioran las relaciones de Estados Unidos con China, Kissinger puede desempeñar no solo el papel de estadista de alto nivel, sino también su papel de asesor corporativo de riesgo político y cooperar con el sector privado en inversiones y alianzas estratégicas. Fue pionero en este enfoque en 1982 cuando él y Brent Scowcroft fundaron Kissinger Associates para ofrecer servicios de asesoría a clientes corporativos que les proporcionaban acceso a los círculos del poder, no solo en Washington, sino en todo el mundo.

La historia de amor de China con las empresas estadounidenses no es nueva. La amistad de Target Corporation con China se puede ver claramente en el Museo de Minneapolis, donde se exhibe una de las reproducciones de un pequeño pueblo chino completo debido a un permiso de exención especial para exportar bienes culturales durante la administración de Bush.

En medio de los encuentros diplomáticos y diálogos de alto nivel entre China y Estados Unidos, ha surgido un momento de reflexión sobre un camino global a seguir, que recuerda la coyuntura histórica que marcó el rumbo de las relaciones internacionales: la decisión tomada hace más de cinco décadas por el presidente Mao Zedong, el primer ministro Zhou Enlai, el entonces presidente estadounidense Richard Nixon y Kissinger de normalizar los lazos entre China y EE. UU. que no solo fue valiente sino también transformadora, remodelando el orden mundial de maneras imprevistas.

Esta resolución histórica, iniciada en el mismo lugar donde Kissinger se reunió con Xi (Villa No. 5 de la Casa de Huéspedes del Estado de Diaoyutai en Beijing), marcó el comienzo de un proceso de normalización de las relaciones bilaterales. Hay una lección que aprender de este momento histórico: EE. UU. debe ir más allá de la tradicional ilusión conservadora de que puede ejercer presión estratégica y económica sobre China mientras demanda cooperación en sus propios términos. La confianza mutua debe basarse en acciones concretas, traduciendo la buena voluntad en un quid pro quo.

El desafío de Xi para que ambos países hagan cambios profundos de cara al futuro habla de la importancia histórica de este momento. Las decisiones tomadas por China y EE. UU. hoy tendrá un impacto global. El mundo por ahora es un espectador pasivo que observa con gran interés con la esperanza de que ambos países naveguen esta fase crucial con prudencia para encontrar un impulso renovado para la cooperación y el entendimiento y evitar la confrontación. China y EE.UU. "shall choose wisely" (deben elegir "sabiamente") parafraseando los comentarios del Caballero de la orden del Rey Arturo que custodiaba el Santo Grail en la película "Indiana Jones y la última cruzada".

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