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Guzmán, Cristina y una grieta menos profunda de lo que parece

Detectar las diferencias que tienen los líderes del Frente de Todos no es una tarea que demande mucho espionaje. Aunque comparten un objetivo común, tienen aspiraciones individuales y estilos distintos, que quedan a la vista en sus exposiciones públicas. Ni Cristina Kirchner ni su hijo Máximo son de hablar con medias tintas. El presidente Alberto Fernández suele apelar a un tono menos confrontativo, pero su mensaje igual llega. No obstante, el análisis externo que se hace de estas diferencias a veces remarca la grieta de una manera tal que puede distorsionar más de lo que ayuda a entender.

El acuerdo con el FMI que debe sellar el Gobierno es uno de esos puntos en donde se subrayan tanto los matices extremos, que parece que un sector del Ejecutivo quiere firmar y el otro quiere el default. Está claro que la retórica de la política diseña gestos negativos para el desarrollo de una negociación, como lo fueron la declaración que impulsaron los senadores cercanos a la Vicepresidenta, o la querella que pidió iniciar el jefe de Estado contra Mauricio Macri, por considerar que el pacto con el organismo implicó un fraude para el Estado.

Cristina Kirchner se jacta de ser "pagadora serial", básicamente por haber sido parte de la decisión ejecutada durante la gestión de su esposo, en 2005, de cancelar toda la deuda que tenía la Argentina con el Fondo. No se puede decir lo mismo de los pasivos que estaban en manos de inversores, ya que los moderados intentos por dejar atrás el default que hizo Axel Kicillof cuando era ministro de Economía solo alcanzaron al Club de París. Pero en los hechos, no hay dos fuerzas opuestas en este tema.

En este sentido, Martín Guzmán hizo propio el reclamo expresado por el kirchnerismo para que el Fondo baje la sobretasa que cobra a los países endeudados y hoy discute un acuerdo a 10 años, no a 20, pese a las sugerencias de Cristina. Reclama más DEG a los países desarrollados, porque de conseguirlos tendrá más fondos para gastar y sabe que los u$s 4300 millones podrían tener otros usos si se acuerda con el Fondo entre septiembre y diciembre.

En el análisis de la grieta económica, Guzmán aparece como un funcionario de actitudes lógicas, mientras Máximo Kirchner es visto como el referente que camina a contramano. Cabe decir que el buen resultado fiscal que logró el primero en lo que va del 2021 se debe a la licuación del gasto que generó la inflación, y también a la recaudación del aporte solidario que impulsó el segundo. El mérito que le atribuyen al ministro es solamente no haberse patinado el colchón de pesos y dólares que creó la soja. No hubo un ajuste ejecutado de manera racional. Por el contrario, lo que se viene es el aumento de salarios y jubilaciones por la inflación del primer semestre. Ese será el verdadero desafío que tendrá que gestionar el Gobierno, más allá de cualquier grieta.

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