Cuando Estados Unidos se resfría, la Argentina estornuda. Aunque la frase nació como un reflejo del peso que tenía el país del norte en la economía global antes de que China se convirtiera en su gran rival, la decisión de Javier Milei de hacer orbitar su gobierno alrededor de los caprichos geopolíticos de Donald Trump le dio un nuevo sentido de actualidad.
Además de convertir a EE.UU. en el destino más visitado por el mandatario argentino (viajó 19 veces), el Presidente construyó su política exterior sin preocuparse demasiado por darle algún matiz propio.

A partir su alineamiento explícito con la Casa Blanca, buscó convertirse en el referente regional de una ola de centroderecha que tuvo su apogeo con las elecciones presidenciales de Chile y Colombia, pero que empezó a desinflarse con la derrota de Flávio Bolsonaro en Brasil. Milei había imaginado a un Trump indestructible, y e incluso no dudó en adoptar su estilo agresivo
El durísimo castigo electoral que recibió el jefe de la Casa Blanca dejó al gobierno argentino un tanto huérfano en el escenario internacional. Porque si bien Trump tiene dos años más de gobierno, perder la mayoría del Congreso y resignar bastiones históricos del Partido Republicano como Texas, han enviado al mundo la señal de que hay un ciclo que se agota.
Si ese giro se vuelve suficiente para desactivar las hostilidades en Medio Oriente, posiblemente permita reducir las presiones inflacionarias que le generó a todo el mundo el altísimo precio del petróleo, beneficio que también llegaría a estar tierras. Pero la sensación de que en 2027 la Argentina tendrá que buscar alternativas al prometido apoyo del Tesoro estadounidense se volvió más fuerte.
Incluso algunas prioridades que estaban incluidas en la agenda legislativa (la ratificación del acuerdo de inversiones y el Tratado de Protección de Patentes) pueden perder fuerza a la luz de la nueva realidad americana.
El riesgo país por encima de los 900 puntos refleja de forma anticipada un temor futuro, pero toma como base una realidad que no se recupera. Milei puede esperar a que los resultados deseados lleguen, pero debe ser consciente de que ese tiempo también oxida las expectativas.
El REM ya proyecta un PBI menor a 1% para este año, y aunque el Gobierno usa como escudo los superávits gemelos, no logra borrar la sensación de que la economía se desliza por un plano inclinado. La llave de una mejora del clima social a corto plazo por ahora la tiene una sola persona: León XIV.

Por Hernán de Goñi
Director periodístico
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