El tercer año de una gestión gubernamental en la Argentina suele resultar clave para proyectar su continuidad. El presidente Javier Milei ya expresó su decisión de buscar la reelección en 2027 y para sostener la posibilidad de alcanzar su objetivo, procuró en los últimos días reforzar la percepción de solidez de su proyecto, con la defensa de su estructura política y una exaltación del plan económico en diferentes foros.
Y es que, desde el advenimiento en la escena del poder argentino, el gobierno libertario ha transitado su gestión con dos realidades opuestas. Por un lado, un inicio marcado por la debilidad desde el punto de vista político, lógico para una fuerza sin representación ejecutiva provincial ni municipal y con escasa presencia parlamentaria hasta hace apenas cinco meses.
Y por el otro lado, un desarrollo anclado en una fortaleza en materia económica que sostiene a partir de la recuperación de los superávits gemelos (fiscal y comercial), la caída del índice inflacionario -los datos que se proyectan de abril muestran un regreso a esa senda- y la consecuente baja en los niveles de pobreza, entre otros ítems.

Si bien el resultado electoral del año pasado fortaleció su posición parlamentaria, Milei buscó proteger el costado político blindando, con su presencia y la de la plana mayor de su equipo, la presentación de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en el Congreso. Allí, donde el jefe de ministros debió afrontar los cuestionamientos en torno a su patrimonio y las causas judiciales en su contra, luego de presentar un informe de gestión en el que destacó los logros económicos de la administración mileísta.
Fue un desafío que el Gobierno necesitaba sortear para entender lo que vendrá en lo político con el debate de la reforma electoral y los proyectos clave que llevó al Parlamento. Pero su efecto electoral podría ser limitado: dependerá, fundamentalmente, de la evolución de la economía, que hoy se propone empujar con la reactivación del crédito, a partir de la baja de tasas.
La clave, como siempre, no será política sino económica. Que el crecimiento, en definitiva, alcance a la mayor parte de quienes deberán ir a las urnas el año próximo.
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