El sector energético argentino atraviesa una transformación estructural impulsada por la consolidación de Vaca Muerta, pero el escenario actual expone una paradoja: el recurso dejó de ser el problema y el cuello de botella se trasladó al procesamiento y la evacuación.
La madurez del upstream puso en evidencia un desfasaje con el resto de la cadena. Pablo Videla, President South Region Downstream de Techint Ingeniería y Construcción, lo sintetizó: “El gran desafío no es la disponibilidad del recurso, sino cómo lo monetizamos de forma eficiente”.
“El upstream está más desarrollado, porque las obras avanzaron, pero el downstream viene con retraso”, explicó. Para el ejecutivo, esta brecha abre una oportunidad: capturar valor a partir de los líquidos del gas de Vaca Muerta, especialmente el etano, clave para la industria petroquímica.
El impacto potencial es directo sobre la balanza comercial. “Hoy la Argentina tiene un déficit de unos u$s 14.000 millones en productos químicos, GNL y fertilizantes”, detalló Videla, marcando el margen para avanzar en sustitución de importaciones y generación de valor agregado local.
Downstream, escala y RIGI
Para revertir ese desequilibrio, la cadena necesita escalar. Videla planteó que el desafío pasa por desarrollar capacidades industriales a gran escala, con empresas capaces de diseñar, construir y operar complejos de procesamiento, junto con una red de proveedores locales.
El punto crítico es la simultaneidad. Si los proyectos de infraestructura avanzan al mismo tiempo, la demanda sobre la cadena será masiva. En ese marco, el RIGI aparece como un facilitador, al aportar previsibilidad y condiciones para inversiones de largo plazo.
“El RIGI ayuda porque da seguridad jurídica y viabiliza los proyectos”, resumió el ejecutivo, al destacar la importancia del marco regulatorio para destrabar inversiones intensivas en capital.
Independientes y expansión de frontera
En paralelo, las operadoras independientes avanzan con estrategias enfocadas en velocidad y eficiencia operativa. Pablo Bizzotto, CEO de Phoenix Global Resources, destacó que uno de los hitos fue la obtención de la licencia del bloque Mata Mora por 35 años, con respaldo financiero de Mercuria.
“Nuestro objetivo fue evitar curvas de aprendizaje y maximizar el retorno”, explicó. Esa lógica se traduce en una ejecución más rápida y precisa en campo.
El movimiento más reciente fue la incorporación de los bloques Confluencia Norte y Sur en Río Negro, lo que implica una expansión real de la frontera de Vaca Muerta. “Enganchamos uno de los pozos más productivos de la cuenca en el borde de la formación”, señaló.
Producción en alza y metas agresivas
El crecimiento de Phoenix refleja esa estrategia. Con apenas siete pozos operativos, la compañía alcanzó una producción de 23.000 barriles diarios, posicionándose como el principal operador en Río Negro.
Las proyecciones mantienen ese ritmo. “Para diciembre deberíamos estar en torno a los 34.000 barriles diarios”, anticipó Bizzotto, apoyado en un inventario de 500 pozos por desarrollar.
El dato refuerza la dinámica del sector: la escala ya no depende solo del recurso, sino de la capacidad de ejecutar, procesar y evacuar la producción.








