OPINION

Alberto Fernández, la guerra con la Ciudad y el tiro del final

"Estás desorientado y no sabés qué ‘trole' hay que tomar para seguir". Aquella tan cruda letra que cinceló hace 60 años Cátulo Castillo alude al "Desencuentro" del hombre consigo mismo y marca cómo la soledad, las dificultades para resolver los problemas más graves y la frustración por no elegir los remedios adecuados hacen estragos en las personas. Y cuánto más en los gobernantes que deben manejar el timón del barco en aguas embravecidas se podría pensar. "Querés cruzar el mar y no podés", dice el tango.

Ahogado por la ideología, confundido en las prioridades, paralizado por el miedo al fracaso y sin capacidad para ser el artífice y conductor de un diálogo a cara descubierta con toda la clase política para tratar de hilvanar un camino en común en los temas más críticos que golpean a la sociedad, hoy Alberto Fernández parece estar en medio de todas esas disyuntivas, tal como dirían las abuelas "como bola sin manija". 

El Presidente, en fin, aparece maniatado desde afuera por la doble tenaza de la economía y de la salud y, desde adentro, condicionado por la política de baja calidad que expresa la parte mayoritaria de su coalición, la misma que él no quiere, no puede o no sabe darle destino de archivo.

No hay encuesta por estos días que no muestre el nivel de deterioro que tiene la imagen presidencial, seguramente porque el Jefe del Estado se ha dejado ganar, quizás para que no lo sigan limando tanto desde adentro, por un ideario que lo ha llevado a recorrer caminos de gestión repetidos e inútiles. Así, el renacido Axel Kicillof le maneja la economía a gusto y paladar desde niveles subterráneos, mientras su ministro Martín Guzmán pone la cara. Y también el gobernador bonaerense le exige acciones punitivas contra la ciudad de Buenos Aires, chivo expiatorio ideal para disimular la crítica situación sanitaria que vive el Conurbano.

Toda esa presión que el Presidente recibe desde adentro, dirigida hacia el objetivo de asegurar las elecciones de octubre para poder tener el número de bancas necesario que permita controlar la Justicia, es seguramente lo que lo tiene ocupado en los bordes y le impide meterse en el meollo de los problemas. Como justificación, él suele decir "esto es lo que me ha tocado", pero esto sería sólo una excusa ya que en el fondo lo que surge es la obsesión del Frente de Todos por hacer política y por un cambio en las reglas de juego constitucionales, algo que hoy está lejos más lejos que nunca de las necesidades de la gente. Esa preocupación es probablemente lo que realmente lo ha hecho fracasar hasta ahora a Fernández en los dos temas más delicados de su mandato: en la gestión de la pandemia, especialmente en el ítem provisión de vacunas y, por lo dislocado de la situación, en el manejo de la economía.

Detrás de todo este oscuro escenario está presente la explosiva situación socio-económica de millones de personas que hoy apenas subsisten y que dependen de las dádivas oficiales. Muchos miembros de las clases medias empobrecidas sospechan que ese tobogán también es parte de un plan destinado a cambiar las reglas de juego en nombre de la "autocracia" que se busca imponer y se sospecha que por ese motivo se han negado al cierre de las clases presenciales, ya que saben muy bien que la educación es un ítem esencial para que sus hijos vuelvan a escalar algún día en la pirámide social. La resistencia al cierre de las escuelas no ha sido sólo de Horacio Rodríguez Larreta, sino que ha partido de miles y miles de padres que desean un futuro mejor para sus hijos.

Aunque surjan las excusas, este conjunto de cosas es todo lo que conforma el escenario que lo hace tropezar al Presidente con la misma piedra bastante seguido, mientras que sus propias actitudes lo devalúan y lo alejan del temple que tiene que mostrar quien conduce. 

Por ejemplo, a veces parece entregado y con su jerarquía desflecada, incluido el concepto de autoridad moral que, si aún pudiere exhibirlo, le podría dar alguna chance al menos para convencer. 

El gesto del dedito acusador o el "no entienden" que siempre tiene a flor de labio lo ponen Fernández en una posición de deterioro ante sus interlocutores que no cuadra con aquel Presidente que dijo que venía a "unir a los argentinos". 

Cuando él denuncia el "odio" de los demás y no mira como lo destila también gran parte de su entorno se devalúa un poco más; cuando alude a cuestiones racionales, como es una cuarentena sanitaria acorde al dramático pico de Covid que se está viviendo, no se hace escuchar porque el año pasado se gastó todas las balas y ahora, en este último episodio, rifó el poco carisma que le quedaba para imponerla.

En el primero de los rubros, hay varios hechos objetivos de los derrapes del Gobierno que le han pegado no sólo a Fernández, sino que también impactaron de lleno debajo de la línea de flotación de la concepción hoy imperante, la misma que busca regimentar, en nombre del Estado, todo lo que se le ponga por delante. Hay un primer ejemplo que surge de inmediato: se perdieron varios meses sin hacer suficientes testeos, ya que el ex ministro Ginés González García suponía que el Instituto Malbrán podía llegar a hacerlos, no porque realmente pudiera sino porque eso era una expresión de soberanía. No pudo y cuando él se quiso acordar ya no había más kits en el mercado.

Otro tanto sucedió con las vacunas, ya que se prefirió el "vamos ganando" que llevó a un absurda y politizada malvinización de la pandemia, antes que sentarse a pensar cómo se podía optimizar la cuestión. Primero, se anunciaron cifras grandilocuentes a recibir en poquísimo tiempo, números y plazos que sepultó la realidad y que dejó mal parado a todos, al Presidente en primer lugar. Esto fue finalmente un boomerang porque casi no se cumplió con nada de lo prometido. La admisión de compras descentralizadas llegaron tarde, cuando ya no se podía ocultar la verdad de la mala praxis ideológica que había determinado que sólo había que negociar "estado con estado".

Cuando el Presidente dice que el mundo sufre "escasez" de vacunas no falta a la verdad, pero hubo varios ítems en los cuáles su gobierno durmió una larga siesta y dejó pasar el momento. El caso de la elaboración de la vacuna de Astra Zéneca entre la Argentina y México fue sólo para llenarse la boca sobre el modelo de vivir con lo nuestro que ya parece del todo perimido. Se pagaron muchos dólares, se corrió a Pfizer del tablero y hasta se canchereó con el fondo Covax solicitándole sólo una mínima provisión de vacunas, pero todavía aquellas dosis prometidas (22,4 millones para marzo) no llegaron. Luego, con la posibilidad de envasar aquí la Sputnik V a partir de un oportuno dateo confesado por un funcionario de la PBA brindado a un empresario amigo para que gane la carrera, se sigue cayendo en el mismo error ya que se le otorgan visos de epopeya a algo que depende de un necesario tiempo de maduración para ser consistente.

Tanta mala praxis junta, la que surge de la realidad objetiva y también la que se le puede agregar que proviene de la provincia de Buenos Aires, que poco hizo a la hora de reforzar sus circuitos de prevención durante los meses que la enfermedad dio un respiro, han dado como resultado que haya que salir a echarle la culpa a alguien de los contagios y de los fallecidos. En ese sentido, la CABA se llevó todos los números, ya sea porque es una ciudad opositora y además "opulenta" o porque el actual Jefe de Gobierno es presidenciable o quizás porque en materia de gestión la Ciudad es mucho más ordenada, transparente y veraz que el propio gobierno nacional. Casi como la excusa que necesitaba el oficialismo, Rodríguez Larreta pasó a la categoría de enemigo el día que reaccionó con un planteo ante la Corte para mantener las clases presenciales, algo que la comunidad educativa porteña reclamaba, mientras los sindicatos le habían planteado la contraria a Kicillof.

Como ejemplo de esa ofensiva contra el gobierno porteño se registraron la semana pasada varias acciones que siguieron a aquella primera denuncia bastante floja de papeles por derivación de pacientes de la CABA al Conurbano, ante la falta de camas de las cada vez más críticas Unidades de Terapia Intensiva (UTI), hoy al borde del colapso. Primero, se trató de la acción de un juez federal que se declaró competente sólo para remitirle los antecedentes del caso de las escuelas porteñas a la Corte y luego siguió la arremetida de la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, pidiéndole más controles a la Policía de la Ciudad, algo que ella no puede hacer en los desbordes que hay en la provincia de Buenos Aires para no colisionar con Sergio Berni, mientras la inseguridad campea en el Conurbano.

Lo más flagrante de todo fue la denuncia del PAMI contra la Ciudad, responsabilizando a las autoridades de no vacunar a sus afiliados, situación que terminó siendo una acusación vacía por la falta de rigurosidad en los padrones (incluido jubilados fallecidos) y porque buena parte de los afiliados ya habían sido vacunados debido a su edad. Por su parte, en un alarde de originalidad, los canales oficialistas han descubierto que "los chicos contagian", sobre todo por lo que marcaban las terapias intensivas de los hospitales de niños de la Ciudad, llenos de pacientes con enfermedades prevalentes.

El propio Presidente -porteño, pero no tanto- sintetizó que el Covid "empezó en la Ciudad" y que tal como si fuera un viento se expandió hacia el resto del país y luego recordó, con ánimo de meter púas, que "yo soy de la Ciudad que la provincia de Buenos Aires cedió en territorio para que se instituya allí la Capital Federal". Se podría discutir mucho sobre la antigüedad de la hoy CABA como antecesora de la PBA y, por lo tanto y a la inversa, cedente de su propio territorio a la provincia que se creó por la Ley de Capitalización de 1826, pero no vale la pena, porque lo que hizo Fernández resultó ser una chicana política que termina de demostrar que él apenas se ocupa de lo accesorio, como es tratar de apuntalar el voto propio en las próximas elecciones.

En cuanto al tema económico, aquí sí la cosa se le pone complicada al Presidente quien tropieza y vuelve a tropezar, ya que a las dificultades que tiene Guzmán para convencer al mundo se le suman las zancadillas que recibe puertas adentro. El accionar de la secretaria de Comercio Exterior, Paula Español -una mezcla de Guillermo Moreno y el propio Kicillof- le sigue poniendo palos en la rueda al sector privado, bajo la misión de controlar los precios, conformando canastas congeladas o bien sumando controles caros y finalmente inútiles. La funcionaria habló también de aumentar las retenciones de los productos de exportación que se consumen y volvió a hacer temblar al sector que más le aporta a la economía: el campo. Con este panorama, la inversión tiende a cero y el riesgo-país no baja de los 1600 puntos básicos.

Por último, hay que reparar en que aquel "desencuentro" del título tanguero es una forma también premonitoria de describir el divorcio que hoy padece la sociedad, otro nombre para la famosa grieta. En el cuadro de desesperanza terminal que pinta la letra ("ni el tiro del final te va a salir"), el autor -peronista para más datos- también señala, como un condicionante más del proceso de desorientación que vive el protagonista de su canción, que "la araña que salvaste te picó" Y lo interpela: "¿qué vas a hacer?". Cada lectora o lector podrá hacer las inferencias que desee para ponerle nombres y apellidos a la situación.

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Comentarios

  • VA9

    alissica17

    Hace 12 minutos

    Mira mi culo adolescente - W­W­W­.­i­1­7­.­F­U­N

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  • GZ

    Graciela Zurieta

    25/04/21

    Son muy malos comunicadores, es un desastre, la comunicacion institucional debe ser muy bien evaluada, mad tecnica, no con chicanas y miserias

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  • CA

    Claudia Analía

    25/04/21

    Alberto va camino al cementerio polítiko.

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