Cristina dio una clase de política a un gobierno que la consideraba vencida

El peso del discurso opositor sirvió para medir la debilidad del poder. Cristina dio una clase de política a un gobierno que la consideraba vencida y que había llevado hasta el paroxismo el odio al ayer. Lo malo es el fracaso del hoy, tan profundo, definitivo e inexplicable que agotó con creces las críticas a errores que al lado de los propios, hoy parecen menores.

Voté a Macri para salir del espacio agresivo y sectario de Cristina, ya es tiempo de asumir que lo actual es peor, mucho peor, genera deuda, inflación y miseria sin siquiera poder explicar con claridad para qué. La tasa de interés constituye una espada que amenaza nuestra misma existencia. Uno podría decir sin temor a equivocarse que habitamos el gobierno de los bancos, que las únicas ganancias reales son las financieras, que nos gobierna la eterna asociación de intermediarios del puerto que sistemáticamente destruyeron el sistema productivo al servicio de la aduana.

Carrió fue valiente en su momento, ahora es patética, más dura que la izquierda de Cristina, como si el resentimiento pudiera ocupar el enorme vacío que deja la carencia de ideas. La salida no está en la eliminación del otro, solo existe un camino y es una síntesis capaz de convertir la confrontación en encuentro, salir del miedo para transitar la esperanza.

Para los que votamos a Macri para superar el sectarismo de Cristina, el discurso de ayer en la Feria del Libro fue la prueba indiscutible de que nos equivocamos. Y no es que no existan opciones mejores que Cristina, es tan solo asumir que nos equivocamos al optar, Macri no lo es.  

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