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Calesita: así fue esta fiesta itinerante junto a los mejores chefs de Brasil y Argentina

Una noche desenfrenada, de banquete en banquete, girando por Franca, Niño Gordo, Mengano, Dabbang y terminando la fiesta en la UAT/ 34 platos, 20 restaurantes y una vibra carnaval carioca que llenó Palermo de color y aires brasileños/ Una crónica (no apta para hambrientos) sede por sede.

Ya me habían avisado: andá con mucho hambre y regulando porque va a ser una noche larga y vas a comer demasiado. El tema es, ¿cómo frenar cuando tenés en frente un platazo de una chef brasilera que tiene su restaurante entre los mejores del mundo? En esta crónica quiero intentar explicar - con el desafío de las palabras, y sin aromas ni sabores -, lo que fue la segunda edición de «Calesita», esa gira casi surreal por Palermo, donde probé 34 platos preparados por muchas de las mejores manos culinarias de Brasil y Argentina.

Para los que no saben o todavía no entendieron de qué se trata, Calesita es una fiesta gastro sin precedentes. Durante una noche, las cocinas y barras de cuatro restaurantes y dos bares de Palermo se vuelven colaborativas; reciben a otros cocineros locales e invitados extranjeros que, en esta segunda edición, vinieron desde Brasil. Pero no son chefs random, de un chiringuito perdido en una playa brasilera. No, hablamos de estrellas Michelin y 50 Best: hablamos de la primera liga.

Entonces, cada sede arma un menú especial, con entre ocho y diez platos, uno o dos de cada restaurante invitado. Con MALEVA y junto a otras personalidades, fuimos recibidos en cada punto del recorrido con un banquete de degustación (no exagero), un desborde de buena onda y vinito para acompañar y digerir ese non-stop de platazos.

Franca fue el punto de partida de un continuado frenético. En un abrir y cerrar de ojos la mesa se llenó de platitos: el Nino Berguese de Mad Pasta, el Okonomiyaki del chef brasilero Thiago Bañares, el tomate de invierno de Azafrán, una tempura de coliflor de Julio Báez (el anfitrión de la casa) y así, más y más y más comida. Coronamos con un postre de Chula Galvez (manzana, cardamomo y hojaldre de sarraceno, una delicia) y arrancamos para la siguiente parada. En la puerta nos esperaba un bondi de época, esos bien porteños y pintorescos, que puso a disposición Calesita para que funcionen al estilo "Hop On, Hop Off".

Así llegamos a la segunda sede - y la que personalmente más disfruté -: Niño Gordo. No digo esto solo porque me parece increíble su puesta visual - y la bienvenida estilo carnaval carioca que había en la vereda -, sino porque ahí tuvimos el lujo de sentarnos en la barra y ser testigos, en primera fila, del display culinario de personalidades como Juan Gafuri de Elena, Tassia Magalhaes y Felipe Schaedler, estos últimos dos brasileños de gran nivel. Para todo amante de la gastronomía, no creo que haya un plan más seductor.

Pero además, en esta sede probé de mis platos preferidos del circuito: la tartalette de cebolla y arándanos del restaurante Nelita, uno de los más aclamados de San Pablo; la crema de yuca de Banzeiro, con hongos autóctonos del Amazonas (degustación única en la vida, imagino) y los dumplings de cangrejo real del restaurante sede. 

Fue difícil irse de ahí, las vibras de fiesta que se respiraban adentro y afuera eran adictivas. Pero había que seguir y el tercer restaurante, Mengano, nos recibió en una mesa íntima, dentro de un salón especial, para bajar un cambio y recargar energías. Yo feliz porque ahí probé finalmente el famoso tartare de cordero de Facundo Kelemen y volví a disfrutar de los sabores de Tomás Treschanski, el creador del fine dining Trescha, con una anchoa a las brasas y un solomillo de cerdo que estaban muy bien. Pero además, porque acompañamos nuestro tercer banquete con el primer vinito tinto de la noche.

A nuestra última parada gastro, Gran Dabbang, llegamos casi al cierre. Pero eso no fue excusa porque en dos segundos nos volvió a estallar la mesa de platos, como el de trufa de Narda Lepes - terminado por ella en primera persona -, los ravioles de seso de Santa Inés y la galhinada inolvidable de Casa do Porco. Para ese entonces, honestamente, no entiendo cómo mi estómago seguía haciendo espacio. Bueno, en realidad sí; estaba todo increíble y había una especie de FOMO cuando considerabas dejar pasar un plato. ¿Y si es uno de mis top 3 y nunca me entero?

Ese Fomo no me dejó perderme ni el último postre, y menos mal porque el chocolate Dabbang de Mariano Ramón estaba para cucharear con ganas. Así, intentando procesar los 34 platos, caminamos hasta la UAT dónde nos recibió "la fiesta de la fiesta", el punto de encuentro final donde se ensamblaron las seis sedes. Hacia donde mires había un chef groso con una sonrisa de oreja a oreja, contagiando esa alegría de haber logrado con éxito un evento único, construido alrededor de una sola premisa: el disfrute. Y me sentí con suerte de formar parte de esta ciudad vibrante y ecléctica, que en la noche de jueves se mixeó con los aires cálidos y achispados que tanto amamos de Brasil.

Fotos: son todas gentileza de Calesita para prensa.

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