Con una reducción significativa y progresiva de aranceles, la entrada en vigencia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea marca un punto de inflexión para el perfil exportador argentino.
Los beneficios que aplican, especialmente en bienes industriales y, en gran medida, también en productos agrícolas dan acceso preferencial a uno de los mercados más grandes y exigentes del mundo, sin embargo, todavía el conocimiento sobre el alcance es bajo entre las empresas locales.
Solo el 10% de las empresas conoce en detalle el cronograma de desgravación arancelaria, considerado el “corazón operativo” del acuerdo, arrojó un informe deL Centro de Investigación en Exportación y Negocios (CIEN) en base a 190 firmas consultadas.
El esquema de desgravación es uno de los puntos más relevantes del acuerdo.
Una Guía para exportadores argentinos basada en el Acuerdo Interino de Comercio (Anexo 2-A) que elaboró el analista en comercio internacional Horacio Pereira, detalló los beneficios y los sectores que pueden “picar en punta”.

En bienes industriales, la Unión Europea eliminará aranceles para el 100% de las importaciones provenientes del Mercosur: un 80% de esas posiciones arancelarias quedará liberalizado de manera inmediata, mientras que el 20% restante se desgravará en plazos que van entre 4 y 10 años, dependiendo del producto.
En el caso de los productos agrícolas, el esquema es más heterogéneo pero igualmente significativo: el 99% de las exportaciones argentinas accederá a mejoras en las condiciones de ingreso. De ese total, una parte relevante ingresará con arancel cero de manera inmediata, mientras que otros productos lo harán bajo reducciones progresivas o mediante cuotas con arancel preferencial.
Del arancel al negocio
Aunque los resultados se materializarán en el mediano - largo plazo, la baja de aranceles impacta directamente en precios, márgenes y volumen exportable. Algunos casos ilustrativos permiten dimensionar el cambio:
Carne vacuna: hoy enfrenta aranceles elevados en la Unión Europea (en muchos casos superiores al 10%), pero con el acuerdo se amplían los cupos de exportación con aranceles preferenciales significativamente más bajos. Esto mejora la competitividad de los cortes argentinos en segmentos de alto valor.
Vino: los envíos argentinos pagan actualmente aranceles que, según el tipo de producto, pueden ubicarse en torno al 10%. El acuerdo prevé su eliminación progresiva en un plazo que ronda entre 4 y 8 años, lo que abre margen para ganar participación en un mercado altamente competitivo.
Autopartes y manufacturas industriales: muchos de estos productos enfrentan hoy aranceles de entre el 3% y el 10%. Una gran parte pasará a tener arancel cero de manera inmediata, lo que mejora sustancialmente la ecuación exportadora para sectores con mayor valor agregado.
Economías regionales (frutas, alimentos procesados): varios de estos productos pagan aranceles que oscilan entre el 5% y el 20%. La reducción progresiva —y en algunos casos eliminación total— permite mejorar precios relativos y ampliar nichos en el mercado europeo.
Ranking: los sectores argentinos mejor posicionados
A partir del esquema de desgravación, se pueden identificar los sectores con mayor potencial de mejora en su inserción en Europa:
1. Agroindustria (carne, alimentos procesados, economías regionales)
2. Industria automotriz y autopartista
3. Alimentos con valor agregado (vino, productos gourmet, orgánicos)
4. Manufacturas industriales (químicos, plásticos, maquinaria)
5. Pesca y productos del mar
La Industria de Alimentos y Bebidas de Argentina alcanza exportaciones anuales por un valor cercano a los u$s 4 mil millones de dólares hacia la Unión Europea, lo que representa más del 10% del valor total, según Copal.

El impacto es aún más evidente al analizar el volumen de carga: con aproximadamente 7 millones de toneladas despachadas, el Viejo Continente absorbe el 15% del tonelaje total exportado por la industria nacional. “Continuamos trabajando activamente en la difusión y en el análisis técnico del acuerdo como soporte a las empresas asociadas”, indicaron desde la entidad.
Aunque el sector pesca lamenta que productos clave como langostinos no hayan sido incluidos en la primera etapa, el sector tiene mucha expectativa. “Para competir con el mundo de igual a igual y posicionar a la pesca argentina en lo más alto, esperamos una reducción a los derechos de exportación”, señaló Alejandro Costa, directivo de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (CAPeCA).
La expectativa también es alta en el sector automotriz. “Este nuevo acuerdo contribuye a nuestro trabajo y esfuerzo en potenciar el perfil exportador de nuestro sector, ya que funciona como una herramienta estratégica para que la industria local pueda integrarse más a las cadenas globales de valor”, Rodrigo Pérez Graziano, presidente de ADEFA.
Desafío interno
Más allá del impacto comercial, el acuerdo también introduce cambios estructurales en el funcionamiento de la economía. El especialista en comercio internacional Marcelo Elizondo advierte que la apertura implicará una mayor competencia para las empresas locales, pero con efectos positivos de largo plazo.
“Este acuerdo llevará a competir más a nuestras empresas, lo que siempre deviene en mejoras para los consumidores; y obligará a los gobiernos a ser más virtuosos en las políticas públicas porque ya no podrán ampararse tan fácilmente en la cerrazón para licuar defectos”, señaló.
Elizondo también pone el foco en el impacto reputacional y en el potencial de atracción de inversiones. “La Unión Europea, como bloque, es el principal inversor externo en el mundo —con más de 11 billones de dólares invertidos fuera de sus países— y también el principal inversor externo en la Argentina. En un marco como el nuevo, pueden esperarse nuevas inversiones, que han sido escasas en los últimos años”, sostiene.
Sin embargo, advierte que el acuerdo no resuelve por sí solo los problemas estructurales del país. “Seremos nosotros los que deberemos corregir nuestros defectos macroeconómicos y mesoeconómicos. Muchas empresas tendrán que generar atributos para estar a la altura de la nueva exigencia, lo que implica profundizar reformas no solo a nivel nacional, sino también provincial y municipal”, planteó.
Cronograma de la competitividad
El impacto de esta baja no es solo el nivel final de aranceles, sino el cronograma. La previsibilidad de un sendero de reducción permite a las empresas planificar inversiones y estrategias comerciales.
En términos concretos:
Corto plazo (0-2 años): fuerte mejora competitiva en la mayoría de los bienes industriales y en parte del agro.
Mediano plazo (3-7 años): consolidación del acceso preferencial.
Largo plazo (hasta 10 años): eliminación prácticamente total de aranceles.
Si bien la baja de aranceles abre una ventana de oportunidad inédita, su aprovechamiento no es automático. Requiere inversiones, adaptación a normas técnicas y sanitarias, y una estrategia exportadora sostenida.
En ese sentido, según Elizondo, “se abre un camino nuevo que, bien aprovechado, debería generar buenos éxitos”. El desafío será convertir esa oportunidad en una transformación real del perfil exportador argentino.

















