Vino y cannabis: el nuevo blend que ya se descorcha en los Estados Unidos

Vino y cannabis: el nuevo blend que ya se descorcha en los Estados Unidos

Dicen que las calles de San Francisco ya no huelen a marihuana, porque ya nadie la fuma. Todos la inhalan en cigarrillos electrónicos, la comen en galletitas, la chupan en caramelos, la mastican en chicles, la untan como crema... o la beben en una copa de vino.

Son cada vez más los países que le abren paso al cannabis al legalizar el consumo con fines medicinales y/o recreativos. Se trata de un fenómeno de gran dimensión que estaría arrojando unos números llamativos, con impacto en la industria de las bebidas y los alimentos, y también en el sector gastronómico, turístico y hotelero.

Wall Street se tiñe de verde

El color de moda en Wall Street es el verde, pero ya no sólo por el dólar. La productora canadiense de cannabis medicinal Tilray, junto a Cronos Growth Corp. y Canopy Group se perfilan como serios players en el ámbito bursátil. Las apuestas son fuertes por este sector que estima convertirse en un negocio que mueva alrededor de u$s 150.000 millones por año. La tabacalera Altria (Virginia), adquirió el 45% de Cronos Group, una empresa con presencia en los 5 continentes y que opera en el mercado de Canadá con productos relacionados con el uso recreativo del cannabis.

Por su lado, se estima que el mercado del cannabis en los Estados Unidos alcanzará los u$s 80.000 millones para 2030 y las farmacéuticas, que ya tienen patentes de medicamentos con cannabis, prevén que el negocio superará al de la cerveza.

Se calcula que el 15% de la población mundial vive en países donde el cannabis es legal en alguna o ambas formas de consumo (medicinal o recreativa).

Este fenómeno explicaría por qué Constellation Brands (uno de los gigantes de bebidas en los Estados Unidos) invirtió u$s 4.000 millones en comprar acciones en Canopy Group, y que Coca-Cola y Pepsi hayan declarado públicamente el interés en producir bebidas con cannabis.

No existen dudas de que el potencial de ventas atrajo el interés de las industrias de las bebidas, que están observando muy de cerca al sector y, especialmente, la conducta del consumidor.

En este sentido, Silicon Valley Bank (California), el banco de las empresas más innovadoras del mundo, describe en su informe de enero pasado que los millennials aún no están abrazando el consumo de vino como muchos habían estimado debido a su inestabilidad en los ingresos y, sobre todo, por la combinación de dos factores: la legalización del cannabis y un mensaje negativo en torno al consumo de alcohol.

Desde otra óptica, las encuestas acerca del llamado “efecto sustitución” deducen que difícilmente un almuerzo o una cena deje de tener como complemento una copa de vino o una pinta de cerveza pero, definitivamente, otras ocasiones de ocio o esparcimiento, como una sobremesa, el after office o un picnic matinal, puedan ser momentos ideales para el consumo de alimentos o bebidas con cannabis. Lo único cierto es que, antes de quedarse afuera del negocio, las empresas eligen amoldarse y acoplarse.

¿Te imaginás un Negroni o un Gin Tonic con cannabidiol? ¿O una crème brûlée a la CBD? Bueno, la verdad es que los bares y restaurantes con cocina, bebidas y cócteles cannábicos, son cada vez más habituales y menos discriminados, claro que en los países donde es legal.

Farmacy en Londres, Prank Bar en Los Ángeles o Gracias Madre en Hollywood son alternativas para quienes viajen y quieran vivir una experiencia gastrocannábica. Las propuestas de cocina saludable y vegana también se suben al tren del cannabidiol, apostando por sus propiedades terapéuticas, siendo un complemento de sus jugos, licuados, infusiones, y otras preparaciones.

"¿Prefiere tinto, rosado o chardonnay con cannabis?". Si algo le falta a los sommeliers, es vender vino cannábico...

La planta de la discordia

Vale aclarar a qué nos referimos al aludir al cannabis Sativa L. y dos de sus tantas especies: marihuana y cáñamo.

Del cannabis, que contiene más de 500 compuestos químicos diferentes, se obtienen los que producen efectos psicotrópicos llamados THC (tetrahidrocanabidiol) que abundan en la marihuana, y los compuestos con efectos terapéuticos, que son los CBD (canabidiol) y están en gran cantidad en el cáñamo.

De manera que, los productos van a tener uno u otro componente, según que la ley permita el uso medicinal y/o recreativo. En la mayoría de los casos en que se autorizó el uso recreativo, como en ya 10 Estados en los Estados Unidos (como California, Colorado, Oregón), no se permite combinar alcohol con THC, esto significa que te estarías tomando una cerveza o vino desalcoholizado o bien con una bajísima graduación (0.5% o 1%).

Además, en la mayoría de los casos, estos productos se consiguen sólo en tiendas que venden productos cannábicos con la correspondiente licencia.

 

¿Que tal un sauvignon cannábico?

Mientras la cerveza o el té ya ingresaron al nicho de negocio que propone el cannabis, ¿qué pasa con la industria del vino? Por lo pronto, ya hay varios lanzamientos, pero ninguno en la Argentina, considerando que aquí sólo se aprobó el uso medicinal (Ley 27350). Pero no podemos obviar la tendencia porque, aunque en principio lo veamos como algo ajeno, países como los Estados Unidos y Canadá son el primer y tercer destino de las exportaciones del vino argentino.

Ernesto Catena, de Bodega Ernesto Catena Vineyards, considera que “en un principio, este blend lo veo más afín a las cervezas, que están acostumbradas a mezclar botánicos en sus productos. En el vino, en cambio, no se admite ningún aditivo. El vino es pura uva, nada más. Esta pureza es lo que lo hace tan especial”.

Es verdad que, en la historia de la cerveza, el lúpulo y el cannabis han tenido su romance: convivieron en la receta antiguamente, ya que tienen un lejano parentesco. Y por eso Heineken (con su marca Lagunitas) y Coors, ni lerdos ni perezosos, ya lanzaron productos con esa combinación.

La industria vitivinícola de los Estados Unidos, el cuarto productor de vinos del mundo y el primer consumidor global, lleva la delantera. Rebel Coast Winery sorprendió con su reciente lanzamiento: un sauvignon blanc infusionado con cannabis. El vino no contiene alcohol, es elaborado con uvas de Sonoma (California) e infusionado con THS (hasta 20 mg. de THS por botella). Su venta es limitada a tiendas especializadas y está disponible sólo para mayores de 21 años (o de 18 con seguro médico).

Dicen que huele a hierba, a lavanda, tomillo y cítricos, aromas propios del cannabis; pero que sabe a sauvignon blanc. También, que tiene bajas calorías -por no tener alcohol- y encima no deja resaca. ¿El precio? Nada barato: casi u$s 60.

En España, la joven empresa catalana Cannawine ofrece dos productos: un blend de cariñena y garnacha; y un blanco de macabeo y garnacha blanca, ambos fermentados con CDB, o sea con los cannabinoides no psicoactivos, lo cual permite degustar las cualidades organolépticas del vino y, a la ve,z las propiedades aromáticas y terapéuticas del CBD.

Otra propuesta es Winabis, un vino de la bodega Santa Margarita de Albacete, que a su portfolio revolucionario de vinos de colores incorporó un vino verde con CBD. La coloración es con pigmentos naturales: por ejemplo, el verde del vino cannábico es con clorofila de menta; mientras que el azul -que es un suceso en Europa- es con antocianos de remolacha y frutos rojos; y el vino naranja, a pedido del mercado holandés, se colorea con carotenos. Los vinos tienen un bajo grado alcohólico, son frescos y frutados, muy agradables, y están fuertemente dirigidos a consumidores jóvenes.

Podemos decir que estos productos pertenecen a un nicho y que están lejos de la cultura de consumo tradicional del vino; pero es indudable que es una alternativa para consumidores que buscan acercase al vino de una manera diferente.... Y por eso digna de ser tenida en cuenta.

Gustavo Pisano, enólogo y propietario de Bodega Pisano -establecimiento uruguayo con cinco generaciones de tradición, uno de los pioneros a fines del siglo XIX en el país vecino-, define: "Actualmente en Uruguay no está permitido. Si bien ha habido una apertura en cuanto al consumo e incluso el Estado es regulador en la producción, no está reglamentado por parte de nuestro Inavi la adición de otros productos, además de uvas, para llamarse vino. Sí se han elaborado bebidas con "base vino" incorporando otras frutas o incluso colorantes, pero no están denominadas como vino. No creo que desarrollemos algún producto con cannabis, aún si se llegara a autorizar, porque nuestro estilo no sigue tanto los avatares de la moda. Pero es una opinión del momento: todo puede variar".

¿Podemos imaginar, en un futuro, un malbec o un torrontés con cannabis? ¿Veremos alguna bodega argentina incursionar en el negocio, siempre que se dieran las condiciones legales?

Desde Mendoza, Juan Pelizzatti, socio fundador de Chakana Wines, pionera del segmento de vinos orgánicos y biodinámicos, plantea: "Con la liberación de la comercialización y le consumo de productos derivados de cannabis sativa (marihuana) en algunos estados de los Estados Unidos (California) se ha desarrollado una oferta creciente de productos recreativos y medicinales. Esto ha motivado a algunos grupos industriales del vino a mirar con atención el negocio y a otros directamente a incursionar en el mismo (como Francis Ford Coppola), probablemente considerando que existe una cierta sustitución en la ocasión de uso de ambos productos y una afinidad en el segmento consumidor. Coppola, por ejemplo, presenta sus productos cannábicos en estuche con forma y etiqueta de botella de vino. Otros productores asocian los aromas herbáceos del sauvignon blanc a los de la marihuana y proponen productos vinicos que incluyen THC, la sustancia psicoactiva de la marihuana. Finalmente, algunos recuperan alegres prácticas de los '70 y agregan marihuana al vino en fermentación".

Cultor del método biodinámico de producción de vino, Pelizzatti define: "En Chakana pensamos que el vino en su rol recreativo es un artefacto cultural, que expresa una identidad territorial pero también una visión social y económica. Los aspectos medicinales (si los hubiere) así como los que modifican la conciencia (asociados a la ingesta en exceso), necesariamente representan aspectos marginales y/o indeseables de la cultura del vino. Los vinos cannábicos, como los vinos saborizados, gasificados y otros cócteles industriales ultraprocesados son perfectamente respetables como opciones recreativas, pero no deberian ser considerados como parte de la cultura del vino. Me parecen más bien estrategias industriales para desarrollar nuevos nichos de mercado, generar dependencias en los desprevenidos y aumentar el lucro. Desde la perspectiva de la producción de vinos biodinámicos, aún más, consideramos que cualquier producto modificador de la conciencia altera nuestra humanidad y nuestra habilidad para actuar con el ánimo de mejorar las condiciones de vida de los otros y de nuestro entorno".

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