De Banchero a Güerrín

Los reyes de la pizza porteña: así empezaron los 4 locales más reconocidos de Buenos Aires

Sobre la avenida Corrientes, y sus alrededores, se ubican algunas de las pizzerías más icónicas de la ciudad. Estas son las historias detrás de las principales marcas.

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Si bien nació en Italia, más precisamente en Nápoles, Buenos Aires también puede considerarse como una de las capitales de la pizza a nivel mundial. En 2022 se entregaron más de 2 millones por delivery, sin embargo uno de los puntos fuertes de la ciudad son sus clásicas pizzerías.

Cada una tiene un estilo propio, desde sus porciones abundantes hasta la decoración que parece congelada en el tiempo desde su fundación. Estas son las historias de algunas de las pizzerías porteñas notables.

Güerrín

Los genoveses Arturo Malvezzi y Guido Grondona llegaron a la Argentina en 1927 y cinco años más tarde abrieron su emprendimiento sobre avenida Corrientes entre Uruguay y Talcahuano. Al principio era un local mucho más pequeño con solo una barra y la caja. Atrás del negocio estaban las habitaciones donde vivían los pizzeros.

A la barra le sumaron un salón y luego un segundo piso que multiplicó su capacidad de atención. A su vez, durante el boom de la producción teatral Güerrín se pobló de figuras, desde Alberto Olmedo y Jorge Porcel hasta "Tato" Bores y Susana Giménez.

Güerrín nació en 1932, cuatro años antes de la inauguración del Obelisco

Franco Malvezzi, hijo de Arturo, continuó con el legado de su padre hasta su fallecimiento en 2007. Luego fueron los empleados quienes se hicieron cargo del local hasta su venta al Grupo Desarrolladora Gastronómica, dueño también de las cadenas Kentucky y Sbarro.

Banchero

El mismo año en el que Güerrín prendía su horno por primera vez, esta pizzería icónica también abrió sus puertas. En realidad el genovés Agustín Banchero llegó a Buenos Aires en 1893 y se asentó en La Boca junto a su familia. Ahí se desarrolló en el mundo de la panadería con su propio local, Riachuelo.

Su hijo, Juan, aprendió el oficio y en 1932 abrió su pizzería, Rancho Banchero, en la esquina de Suárez y la avenida Almirante Brown. El proyecto también contaba con el apoyo de sus hijos, Antonio y Agustín, más conocido como Tito. Ellos fueron los encargados de abrir el reconocido local en avenida Corrientes en 1967.

A esas dos sucursales se le sumaron otra en el Centro, con el nombre Don Tito; una en Pilar y una en Miami Beach inaugurada en 2019. Actualmente la empresa continúa bajo el mando de la familia fundadora. Hugo Banchero, nieto de Juan, está a cargo de la sucursal de La Boca, mientras que la cuarta generación administra el resto de las pizzerías.

El Cuartito

El santuario de la pizza empezó en una habitación muy pequeña sobre la calle Talcahuano. Atendían directamente a la calle a través de una ventana y desde ahí despachaban bebidas y porciones de pizza en 1934. La difusión de boca en boca lo volvió cada vez más popular y con el tiempo los socios fundadores adquirieron propiedades linderas para agrandarse con mesas y salón.

Por sus mesas pasaron grandes personajes, como Juan Manuel Fangio y Diego Armando Maradona. Incluso dicen que Carlos Gardel, fallecido en 1935 en un accidente aéreo, llegó a probar sus famosas pizzas.

El Cuartito tiene 37 variedades de pizzas, pero su especialidad es la fugazzetta.

Manuel Diz es el actual presente de El Cuartito SA, la sociedad controlante del emprendimiento. Él llegó desde Pontevedra a la Argentina y entró a la compañía como maestro pizzero en 1969.

Los Inmortales

Se encuentra justo enfrente de Güerrín, sin embargo es una de las más "jóvenes" dentro de este grupo. Y en sus inicios ni siquiera contaba con su principal producto en el menú.

El italiano Vicente di Ciancia se mudó a la Argentina junto a su esposa, Rosa, y sus hijos Francisco, Adela, Américo y José. Ya instalados en Buenos Aires, Adela conoció a Felipe Fiorellino y este entabló una amistad con su hermano Francisco, conocido como "Chiche".

Felipe Fiorellino y "Chiche" di Ciancia inauguraron su local gastronómico en 1952.

En 1952 Felipe y Francisco abrieron juntos un café llamado Copetín de Corrientes, sin embargo el negocio no funcionaba. Entonces le pidieron a Rosa que llevara sus pizzas a la piedra al local y a partir de ese momento reconvirtieron su proyecto en una pizzería con el nombre Los Inmortales.

La marca se expandió en los 80 con una segunda sucursal sobre la calle Lavalle. En 2001 inauguró su local en Belgrano y luego se le sumaron spots en Recoleta y Nordelta. 

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