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El triste retorno a la Bolsa de las startups: por qué los inversores tienen poco para celebrar

Volvieron los IPO de las tecnológicas, pero algunos de sus principales inversores no tendrán mucho para celebrar. Qué espera el mercado.

El día de septiembre en que Instacart celebró su oferta pública inicial (IPO en inglés), el valor de mercado de la compañía fue de apenas la cuarta parte del precio de US$ 39.000 millones que los inversores le habían asignado en marzo de 2021, cuando era una startup privada. Aun así, Sequoia Capital, que invirtió por primera vez en la firma en 2013, mantenía una participación valuada en US$ 1000 millones al momento de la IPO. No todos los inversores tuvieron tanta suerte.

Varias compañías grandes podrían registrar pérdidas importantes por sus apuestas en la compañía, incluyendo a Fidelity Investments y T. Rowe Price, que pusieron dinero en la startup en su momento de auge. Todas esas compañías invirtieron cuando Instacart valía US$ 13.000 millones o más, indican datos de PitchBook, lo que quiere decir que al momento de la IPO esas apuestas habían perdido al menos un tercio de su valor. Instacart debutó con una capitalización de mercado de US$ 10.000 millones, luego retrocedió de manera significativa en las jornadas posteriores.

Tres de las IPO de fines de septiembre -Instacart, Arm Holdings Plc y Klaviyo Inc.- significaron el final de la racha más estéril en ofertas públicas en 32 años. Muchos observadores ahora prevén nuevas ofertas este año e incluso más en 2024 si el mercado sigue recuperándose tras las fuertes pérdidas de 2022. Los inversores estarán especialmente ávidos de que firmas gigantes como Stripe Inc., una de las startups más grandes de EE.UU. en valuación, tengan sus ansiados debuts.

Arm hace su oferta pública inicial en Nasdaq.

La tradicional línea de llegada de los capitalistas de riesgo es una IPO voluminosa. En tanto la salida al mercado se hace de nuevo habitual, las transacciones serán espléndidamente lucrativas para los inversores que hagan apuestas tempranas en firmas nuevas que lleguen a convertirse en organizaciones de miles de millones de dólares. Pero las ofertas públicas de compañías con valores de mercado fluctuantes, como Stripe, Klarna Bank AB o Ramp, podrían decepcionar a algunos soportes clave. Las firmas que apostaron a compañías maduras con valores de mercado por las nubes en el reciente auge de las startups son las que se encuentran en la situación más precaria.

También inversores no tradicionales en startups, como fondos de inversión, fondos de cobertura y fondos de riqueza soberanos, han estado volcando dinero en las firmas nuevas. "En medio de la exuberancia inversora de la era del Covid, cuando los mercados parecían no tener límites, hubo dos habilidades que se tomaron por intercambiables", señala Nina Achadjian, socia de Index Ventures, refiriéndose a inversores en etapas iniciales o tardías. Su pronóstico es que el desplome de las valuaciones hará que las firmas se especialicen en compañías en etapas específicas de desarrollo.

En 2021 las startups de fase tardía en el 10 por ciento más alto valían cada una al menos US$ 767 millones, indica PitchBook. A mediados de este año, ese umbral se había hundido a US$ 332 millones. También las condiciones de los convenios de financiamiento fueron desfavorables para los Venture Capitals cuando el mercado estaba en alza. Los inversores de fase tardía estaban tan ansiosos por cerrar operaciones que descartaban cláusulas tradicionales que los protegían, como la exigencia de que las compañías compensen la diferencia si el valor de la IPO caía por debajo del que existía en la última ronda de financiamiento privado.

Esos problemas volverán a cobrar relevancia con la reapertura gradual del mercado de las IPO. Al igual que Instacart, también Stripe tiene hoy un valor inferior al que tenía antes. Inversores como Coatue, Fidelity, Silver Lake o el Fondo de Inversiones Estratégicas del Tesoro de Irlanda (ISIF en inglés) invirtieron por primera vez en la compañía en 2021, cuando valía US$ 95.000 millones, señalan datos de PitchBook. En una ronda de financiamiento en marzo de este año, la empresa redujo su valor a US$ 50.000 millones. En un comunicado por mail, el ISIF declaró que es "un inversor comprometido a largo plazo en Stripe". Otros inversores de la ronda rechazaron hacer comentarios o no respondieron a las consultas.

"Todo lo que se precisa es otro auge y se impone la amnesia"

Otra gran startup que debe salir al público cuando mejore el apetito de cotizaciones financieras es la compañía de servicios de pagos Klarna. En una ronda de financiamiento en 2020, inversores nuevos como GIC de Singapur, Silver Lake y TCV, le dieron a Klarna una valuación de US$ 10.000 millones. En marzo siguiente la empresa recaudó US$ 1000 millones con una valuación de US$ 31.000 millones, y luego otros US$ 639 millones en junio, con un valor de US$ 45.600 millones, en una ronda encabezada por el SoftBank Group Corp.. El año pasado, empero, su valor se derrumbó a sólo US$ 6700 millones, lo que quiere decir que aquellos inversores soportarían grandes pérdidas si la firma saliera a la Bolsa con ese precio. Los inversores no hicieron comentarios sobre esa caída en valor.

También la compañía de tecnología financiera Ramp podría representar un problema para inversores de fases tardías. El año pasado la startup de software juntó US$ 198 millones con un valor de US$ 8100 millones entre nuevos inversores que incluían a General Catalyst y el director ejecutivo de Microsoft Corp., Satya Nadella, indica PitchBook. Al menos en el papel, todos esos inversores perdieron cuando la compañía anunció su más reciente ronda de inversiones por US$ 300 millones con un valor de US$ 5800 millones, una caída de US$ 2300 millones. Un portavoz de Nadella se negó a hacer comentarios.

Algunas firmas en fases tempranas posiblemente celebren el declive de las inversiones en etapas tardías por lo que eso implica en la competencia en el mundo de las inversiones en empresas nuevas. Durante años veteranos del Venture Capital se quejaron de los inversores no tradicionales que llegaban corriendo a Silicon Valley y hacían subir los valores y desplazaban a los más experimentados de su propio terreno.

Pero también algunos inversores veteranos se están quemando. Los rendimientos prometidos y las prolongadas demoras en las IPO durante la pandemia tentaron a muchos, incluido Sequoia, a hacer sus propias apuestas en fases tardías. En Sequoia, el fondo de fases tardías que en marzo de 2021 facilitó el grueso de su inversión por US$ 50 millones en Instacart, probablemente registrará pérdidas por esa apuesta. (A la firma de todos modos le fue bien porque invirtió US$ 300 millones en Instacart como un todo, en su mayor parte años antes).

Ahora que esos valores se estabilizaron en niveles menos agitados, ¿aprendieron la lección los inversores? Cuesta decirlo. En el mundo ideal, las compañías cotizan o buscan un comprador una vez que tienen ingresos por cientos de millones de dólares y pueden exhibir un crecimiento constante. Ello elimina las complicaciones que derivan de la propiedad repartida en decenas de entidades, todas con expectativas diferentes, por no hablar del temor a perderse la suba de precios en el mercado privado.

Incluso si las cotizaciones decepcionantes empujan a las firmas a ser más prudentes, no queda claro si eso se volverá costumbre. "Todo lo que se precisa es otro auge y se impone la amnesia y se repiten los mismos errores", comentó Aswath Damodaran, profesor en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York. "Para ser sincero, no estoy seguro de que sea algo malo. Es lo propio del mercado financiero". 

Esta nota se publicó en el número 360 de revista Apertura.

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