Rodeado por los lagos Nahuel Huapi y Moreno, y custodiado por los colosales cerros López y Tronador, el Hotel Llao Llao es uno de los lugares más paradisíacos de la Argentina.
Una vez al año, también, se convierte en uno de los más exclusivos y reservados por el foro empresario al que le dio su nombre. Los jets privados -15 consignó el colega Francisco Poppe, cronista local- empezaron a aterrizar, uno detrás del otro, entre el martes y el miércoles en el aeropuerto de Bariloche. Muchos otros llegaron en vuelos regulares. Cerca de 190 asistentes, récord absoluto desde que esta cumbre “discreta” -como le gusta definirla a su gestor, Eduardo Elsztain- nació, en 2012, y se institucionalizó, en 2015.
Muchos, “Dueños de la Argentina”, como suele decírseles. Pero, también, emprendedores: cada vez, más y más diversos, en historias, negocios y edades. Todos, convocados por el hecho de pertenecer y, como recordaba el histórico claim de American Express, el privilegio que eso representa. En este caso, estar, ver, escuchar, compartir. Recibir de primera mano testimonios y experiencias, con las tranquilidad y confianza -también, alivio- que dan la distancia de ojos y oídos ajenos.
Seguridad extrema, además, por una presencia única. Máxima Zorreguieta, Reina de los Países Bajos, invitada a hablar en su calidad de asesora especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Salud Financiera. Algo que la Casa Real neerlandesa se esmeró en remarcar puertas afuera y, también, adentro del Llao Llao.
“Honró al evento de una forma brutal”, asegura alguien que lleva varias concurrencias al foro. Máxima compartió con Federico Braun, dueño de La Anónima, una “fireside chat”, formato de conversación que debe su nombre a los mensajes de Franklin Roosevelt a sus "fellow americans", quienes lo escuchaban sentados con la radio junto a sus hogares.
Máxima describió su trabajo conjunto con el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) y el Banco Mundial. Remarcó que, después de África, esas entidades tienen mucho foco en América latina. “En la Argentina, hay mucho para hacer y dar”, apuntó, sobre país en el que, si bien Javier Milei se jacta de haber sacado a 14 millones de personas de la pobreza, uno de tres habitantes sigue en ella; más del 40%, en el caso de los jóvenes.
La Reina enfatizó que, en la Argentina, hace falta educación: general y financiera, en particular. La Casa Real neerlandesa había anticipado que Máxima hablaría de la “resiliencia financiera” de los hogares; que puede mejorarse a través de ahorros, seguros y préstamos accesibles que habiliten a la gente a invertir en un mejor futuro. También, del rol de los empleadores en la salud financiera de sus empleados, ofreciendo programas de ahorro, cursos de planificación y estando alertas a las señales tempranas de colaboradores que atraviesan dificultades financieras.
“Es muy importante que todos ustedes hagan esto dentro de sus empresas”, instó a un público embelesado. “Enamoró a todos”, confiesa uno de los cautivados.
Máxima tuvo algunas reuniones. En especial, con start-ups de pagos y seguros. Una fue con Marcos Galperin, anfitrión -integrante del Consejo del Foro Llao Llao- y gestor de Mercado Pago, campeón de la democratización de las finanzas en la región. Otra bilateral agendada en el coloso de estilo canadiense que diseñó Alejandro Bustillo fue con Luis Caputo.
Ausente Milei -alegó otros compromisos-, el Presidente estuvo representado. El embajador en los Estados Unidos, Alec Oxenford -ex colega y competidor de muchos presentes-, encabezó la cena del miércoles. Para la del jueves, se aprovechó esa imprevista visita del Ministro de Economía.
“Ninguno necesita viajar a Bariloche para escuchar a Caputo. Ni Caputo, ir ahí para hablar con ellos”, relativiza un asistente sobre el tenor de las confidencias que pudo haber compartido Toto. Aun así, influido por el ámbito –“Más de diálogo que de presentaciones”, se caracteriza al entorno- el rockstar del Gabinete entonó sus hits clásicos y estrenó alguno nuevo.
“Es imposible que Kicillof sea presidente”, se filtró que dijo, gracias a la infidencia de algún osado que desafío las reglas de Chatham House, compromiso que -en la interpretación del Foro Llao Llao- fuerza a no develar lo dicho entre esas paredes. “Lo dijo. Pero no lo planteó como un dato, sino como probabilidad: si las cosas siguen yendo por este camino, las probabilidades son cero”, aclara alguien que escuchó el vaticinio en vivo.
Fue, apunta, el único tramo de la noche en la que Caputo fue más el personaje público -en especial, el tuitero- que el que muchos -como Facundo Gómez Minujin, CEO de JP Morgan- conocen desde hace décadas.
“Toto dijo lo que ya sabemos: que, todavía, falta mucho por hacer. Pero también recordó los datos macro, que dan bien. Subrayó que, este año, vamos a tener u$s 100.000 millones de exportaciones”, agrega otro osado.
“Los indicadores macro ayudan mucho al Gobierno. Pero cada uno, también, ve lo que pasa en sus empresas”, añade.
Elsztain, por ejemplo, no necesita que Caputo le describa esa dualidad. Mientras marcas internacionales se pelean por reservar metros cuadrados en sus shoppings -ya está Victoria’s Secret; negocian Armani, Dolce & Gabbana y H&M-, a los inquilinos actuales de los locales, todavía, les cuesta repuntar. En febrero -más reciente medición del Indec-, las ventas totales a precios constantes de los centros de compra cayeron 2,1% interanual. En el primer bimestre, el retroceso fue de 1,1 punto.
Si, en 2024, el Foro había sido una experiencia religiosa de Milei y los empresarios, el contraste entre la macro y la micro pone a prueba la fe de varios. “Está el discurso de que la política se haga cargo de los problemas de competitividad que hay. Eso es real”, reconoce uno. Caputo tuvo una respuesta cuando escuchó ese reclamo: “Tienen razón. Pero la postura del Gobierno del Presidente Milei es no jorobar al sector privado. Ocuparse de que la cancha esté nivelada para que los privados sean quienes jueguen”.
Toto recordó la fuerte baja de impuestos que hizo Nación. Apuntó que el gran peso sigue siendo provincias -Ingresos Brutos, el leading case- y tasas municipales que, con niveles actuales, se hacen “imposibles”, se oyó entre los empresarios. “Esa es la pelea a dar”, transmitió el Ministro.
La tertulia con Caputo fue el único momento del Foro Llao Llao en el que la coyuntura se filtró dentro de una agenda signada por temas de mediano y largo plazo, como el impacto de la Inteligencia Artificial, las oportunidades que tiene la Argentina en energía y las condiciones que el país, todavía, debe ofrecer para la inversión.
“La política ya no es el eje. Por suerte...”, ironiza alguien que contrasta con lo que fue la edición 2023: un desfile incesante de precandidatos presidenciales, de María Eugenia Vidal y Gerardo Morales, a Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Encendieron sobre el Llao Llao un reflector que incomodó a muchos. También, estuvo Milei: en el salón Bustillo, cosechó más dudas que adhesiones. Un año más tarde, volvió triunfal, como Presidente.
Pero eso es historia y la semana pasada todos quisieron ver hacia adelante. A diferencia de otros cónclaves, es la tonalidad más libremercadista del Círculo Rojo la que se congrega a orillas del Nahuel Huapi. En especial, los emprendedores nacidos con el ADN de apertura al mundo y competitividad de la industria tecnológica y el venture capital: Galperin, Martín Migoya, Guibert Englebienne -cofundadores de Globant-, Nicolás Szekasy (Kaszek, el mayor fondo entrepreneur de América latina) y siguen las firmas.
“Espacio en constante evolución que convoca a distintas generaciones de líderes que creen en una Argentina competitiva, integrada al mundo y ganadora”, se presenta el Foro en sus redes oficiales.
Competencia, productividad, innovación, son consignas implícitas. También, la diversidad. Enriquecieron las experiencias de las celebrities deportivas invitadas: el ex tenista David Nalbandian, los ex rugbiers Juan Martín Hernández y Felipe Contepomi (actual head coach de los Pumas) y Faustino Oro, niño prodigio del ajedrez argentino. Lo propio hicieron Charly Alberti y Daniel Lauretta, investigador del Conicet a cargo del relevamiento del lecho marino argentino, que descubrió a la “estrella culona” de Mar del Plata.
O los argentinos “exitosos en el exterior”: Nicolás Aguzín, ex JP Morgan que dirigió la Bolsa de Hong Kong; Andy Kleimann, emprendedor de Silicon Valley cuya empresa, Delphi Interactive, desarrolla el nuevo juego de la FIFA para Netflix Games; y Verónica Alonso, ex VP de Marvel Studios.
Alonso, se cuenta, fue la cuota de “progresismo” que sacudió como la furia de Hulk o el martillo de Thor. “Pónganse a la cabeza de sus empresas: todos nosotros somos responsables”, la crítica que disparó acerca de lo que los empresarios deben hacer para que haya cambios.
En grandes líneas, lo mismo que planteó el chileno Andrónico Luksic: “Es importante tener reglas claras: 20, 30 años de estabilidad. Es lo que hace ingresar grandes minerales a la minería. En Chile, nos costó un montón llegar a lo que tenemos hoy. También, al sector privado, que no se quedó en el reclamo para que la política haga algo”. Destacó algo que Chile no tenía pero sí vio ahí, apenas cruzando los Andes: “Acá tienen una cosa increíble: los valores de hermandad, de tener a tanto empresario exitoso”.
Luksic, portador de uno de los apellidos empresarios más notables del otro lado de la Cordillera, preside el grupo Quiñenco, cuyos intereses van de la energía y la minería a la banca y la industria. Es, entre otras, dueño de CCU, segunda mayor cervecera de la Argentina. Fue una de las voces internacionales invitadas, junto a Adriana Cisneros, CEO del grupo homónimo, quien pidió inversiones entre los empresarios argentinos para su reilusionada Venezuela. Idas y vueltas que tiene América latina: tres décadas atrás, su padre, Gustavo, desembarcaba fuerte en el ecosistema de medios local, con portaaviones como DirecTV y Claxson.
Luksic, esta vez, habló de su experiencia en la minería del cobre. Compartió el espacio con Gonzalo Tanoira (presidente de Patagonia Gold, la minera del grupo Miguens Bemberg), quien se fue de Bariloche satisfecho por el tejido de confianza que se crea entre el mundo emprendedor y aquellos que, como él, pertenecen a generaciones de familias de empresarios.
El tercer hombre de ese escenario fue Marcos Bulgheroni. El CEO de Pan American Energy Group (PAE) describió la oportunidad que es Vaca Muerta. “No es un potencial, no es un sueño: es algo que se está concretando pero tiene gran posibilidad de crecer y hacer crecer al país”, afirmó.
Se definió “súper positivo” con las posibilidades que darán los motores (energía, minería, campo, economía del conocimiento), también, para que “el resto de las industrias y de los sectores del país puedan beneficiarse y los usen de plataforma”.
Bulgheroni lo contó en un video que difundió el Foro en redes sociales. Allí, también definió a los empresarios argentinos. “Son un grupo de personas que se valen del ingenio. Testarudos, que no aceptan una imposibilidad como respuesta única”, ponderó. “Pero que, también, a veces, miran demasiado hacia adentro y no tanto hacia afuera, para poder competir con el mundo y ser actores en la economía mundial”.
En esas horas, Southern Energy, el joint venture que lidera PAE, adjudicó la obra civil de los 471 kilómetros de gasoducto que se construirán desde Vaca Muerta a Río Negro para exportar GNL. Después de la novela veraniega de los caños, tampoco la ganó Techint.
Precisamente, Milei volvió a aludir a Paolo Rocca con el apodo despectivo que le inventó (“Don Chatarrín de los tubos caros”). Otra vez, personalizó en él y en Javier Madanes Quintanilla (“Gomita Alumínica”) a quienes el Presidente suele categorizar como “empresaurios”.
“Va a haber sectores a los que les va a ir mejor y sectores a los que les va a ir peor. Los que les va peor, si no se adaptan, quiebran”, sentenció Milei en el escenario de Expo EFI, mientras -a 1600 kilómetros de distancia- Oxenford lo representaba en el Llao Llao. Frente a algunos que, aunque filosóficamente coinciden, todavía sufren en carne propia el dolor de esa transición.
Están también los que ven la luz al final de ese camino. Y empezaron a transitarlo, convencidos de que es el umbral a un mundo mejor y no el tren que viene de frente.

Manuel Antelo es uno. Maravillado con Milei, lo muestra con palabras pero, también, hechos. Después de más de 20 años, decidió volver a la Argentina. Y con inversiones: u$s 200 millones, entre su negocio de autos -las marcas chinas Great Wall, Changan, Haval, Poer, JMEV, Deepal, Ora y Tank-, la cadena francesa Decathlon y las tiendas del grupo danés Bestseller: Jack & Jones, Only y Balmohk.
Más moderado que en otras ocasiones en sus elogios a Milei -al menos, en público-, Antelo compartió su historia personal. Contó cómo -porque él lo eligió, aclaró- vagar por Europa sólo con su guitarra le dio confianza y adaptabilidad para una vida empresaria que, hoy, lo encuentra al frente de un grupo de u$s 3000 millones de facturación anual y 10.000 empleados en América latina y Europa.
Fortísima carta de presentación del rey del mercado automotor de los ‘90 frente a muchos emprendedores que no habían nacido cuando la crisis de 2002, moralmente, lo quebró. “Un testimonio personal muy valioso”, elogió uno de los asistentes, que sí sabía quién era.
Antelo -quien participó por primera vez en el Foro Llao Llao- fue, por lejos, el más aplaudido, aseguran testigos. Él, por su parte, dejó Bariloche deslumbrado. “Me pareció espectacular, tanto el nivel de los oradores como el profesionalismo y los temas que se trataron”, valoró. Pero, sobre todo, la vibra que sintió: “Me impactó ver a un grupo de argentinos tan importantes, motivados por el patriotismo para ayudar al país. Para los que vivimos en el exterior, fue muy fuerte y muy conmovedor”.
Fue el momento más emotivo de una cumbre que, en ciertos casos, terminó antes: el viernes era la clasificación de la Fórmula 1 y algunos no quisieron perderse a Franco Colapinto en Miami. En especial, aquellos que lo conocieron dos años antes, en esos mismos pasillos. Y, hoy, son sus fanáticos más incondicionales.
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