El campo se prepara para el mejor año de su historia, pero hay problemas: de qué se quejan

La guerra entre Rusia y Ucrania empujó los precios de los productos agroindustriales a niveles históricos. Esto se transformó en una gran oportunidad para la Argentina, pero no todo será tan fácil

El conflicto bélico entre Rusia y Ucrania se convirtió en una gran oportunidad para el país, pero, a la vez, en un factor de riesgo. En este último grupo se puede ubicar a la sequía; juntos elevaron los costos de insumos como los fertilizantes. Por consiguiente, se va a necesitar más inversión para mantener las mismas hectáreas productivas. APERTURA dialogó con Gustavo Idígoras (Ciara-CEC), Agustín Tejeda (Bolsa de Cereales de Buenos Aires), Gonzalo Herran (CREA Grupo Pergamino) y Marcelo Hegel (ADBlick Granos), que analizaron el complejo escenario de altos ingresos por las exportaciones, pero estancamiento de los volúmenes de producción y cómo será el impacto en la campaña 2022-2023.

Poniendo el foco en abril o ampliando la mirada en los primeros cuatro meses del año, sin importar el recorte que se haga, todo indica que el agro tendrá un 2022 récord en ingresos y en liquidación de divisas. Si bien se registran aumentos de los commodities desde fines de 2021 por la baja de casos de Covid a nivel mundial, la guerra entre Rusia y Ucrania disparó los precios internacionales de las materias primas de los alimentos, en particular de la soja, maíz, trigo, girasol, cebada, sorgo y aceites vegetales, entre otros. El agro se prepara para un año histórico en la generación de divisas y los números ya lo confirman.

En abril el sector acaba de cerrar con una liquidación de divisas de alrededor de US$ 3500 millones y se convirtió en el mayor registro histórico para este mes. Son US$ 500 millones más de lo que el sector liquidó en marzo. Haciendo un recorte temporal más extenso, entre enero y abril de este año el agro liquidó divisas por alrededor de US$ 11.425 millones, según la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), mientras que en el mismo período de 2021 el mencionado complejo había generado US$ 9750 millones. Las proyecciones de la Bolsa de Cereales de Rosario indican que solo el sector agrícola podría exportar en todo el año hasta US$ 44.000 millones, superando los niveles ya históricos del año pasado, cuando vendió al exterior por US$ 33.000 millones.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que los precios de los alimentos a nivel mundial registraron en marzo su mayor nivel desde 1990, impulsados por el incremento de los aceites vegetales y los cereales como consecuencia de la guerra en el este de Europa. La tonelada de soja subió más de un 20 por ciento desde el inicio de la guerra en Ucrania y se ubicó a fines de abril por encima de los US$ 642 en el mercado de Chicago, acercándose a los valores más altos en 10 años. El maíz tuvo una suba de más del 21 por ciento, tendencia que también acompañó el sorgo, la cebada y el aceite de girasol. El Banco Mundial estimó el mes pasado que el precio del trigo continuará en alza histórica llegando a suba total de 50 por ciento.

El contexto de precios altos es favorable para la Argentina, ya que en 2021 ingresaron US$ 54.895 millones en concepto de exportaciones de todo el complejo agroindustrial, que equivalen al 70 por ciento de las exportaciones totales argentinas. Es decir, siete de cada 10 dólares por exportación provinieron de las cadenas de los 20 complejos agroindustriales del país, según el último informe de FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina). De ese total, el 43 por ciento de las exportaciones en 2021 fueron de soja, 17 por ciento de maíz, 6,5 bovinas, 6,3 de trigo, 2,4 de girasol, 2,1 lácteos, 1,9 maní y 1,7 por ciento cebada.

El superávit del sector trepó a US$ 45.368 millones y la Argentina ubicó sus productos agroindustriales a 160 países en todo el mundo, que representó el 11 por ciento del total. El 50 por ciento de los productos agroindustriales se exportaron y el otro 50 fue para el mercado local. La Argentina es el primer exportador mundial de harina, aceite de soja, aceite y jugo de limón, porotos y maní. Está en segundo lugar en maíz y yerba, tercero en soja, cuarto en peras y leche en polvo y ocupa el quinto puesto en harina de trigo, aceite de girasol (llega a 37 países) y carne bovina, según FADA.

Probablemente, el país tenga un cierre de año con ingresos récord del agro. Pero en el sector anticipan que los números exorbitantes que generan las ventas al exterior están atravesados por otras variables que complejizan la ecuación, como el fuerte aumento de los costos -entre ellos los fertilizantes-, los efectos de la sequía y el impacto por la política de las tasas que se está dando los Estados Unidos, que afecta directamente en el valor de los commodities. Los efectos negativos del mundo convulsionado por la pandemia y por la guerra podría tener un impacto ambiguo en la próxima campaña del agro. Un rápido análisis podría caer en la tentación de encandilarse ante los altos precios internacionales, pero dejaría de lado la factible reducción de los volúmenes producidos por los elevados costos.

Escenario actual

Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC, que agrupa a las principales agroexportadoras del país, indicó a APERTURA que "el escenario de exportaciones del sector agroindustrial, en particular el oleaginoso, este año está atravesado por variables que han confluido de una forma muy significativa. La primera tiene que ver con inconvenientes climáticos, sobre todo en la Argentina, Brasil y Paraguay, que han reducido la producción por el efecto de la sequía en maíz y soja. En segundo lugar, la bajante del río Paraná y su impacto en los costos logísticos. Además, si bien ya veníamos con precios relativamente altos, la tercera variable tiene que ver con el conflicto entre Ucrania y Rusia que llevó a los commodities a seguir subiendo. La Argentina lograría su máximo histórico en valor de exportación. No así de volumen, porque va a ser menor por la menor cosecha de maíz y de soja".

Por su parte, Agustín Tejeda, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, destacó que "el agro siempre tuvo un rol protagónico, pero entre el año pasado y lo que va de este, y en el marco de una coyuntura compleja, el aporte es récord y se debe a los precios internacionales. Pero hay que complejizar esto porque cuando empezamos a indagar en términos de cantidades la performance del país viene siendo por debajo del promedio mundial. Venimos perdiendo participación en el mercado frente a nuestros principales competidores". Y añadió: "El país venía hasta 2015 con un crecimiento muy importante de la cadena de la soja, con un liderazgo en las exportaciones a nivel mundial, y la eliminación a los derechos de exportación en los cereales provocó una modificación en el incentivo a producir. Desde 2015 la soja comenzó a caer y comenzaron a ganar espacio las cadenas de cereales como el trigo y maíz. Es decir, las modificaciones de las alícuotas de los derechos de exportación generan cambios en la matriz productiva. En solo cinco años la Argentina pasó de ser un país más maicero que sojero".

Gonzalo Herran es miembro de CREA del Grupo Pergamino, una asociación civil creada por productores agropecuarios, y es también presidente del Congreso Nacional CREA 2022. En diálogo con APERTURA afirmó que "el problema que tenemos es que nosotros no podemos medir el resultado económico sin contar el costo de reposición, que es básicamente la implantación del próximo cultivo. Si miramos los precios, claramente estamos en niveles superiores a la campaña anterior. Pero si miramos los costos, están mucho más arriba que el incremento de precios que tuvimos. Y tenemos un problema adicional, porque los precios no los capturamos llenos porque tenemos impuestos a las exportaciones, en cambio el aumento de los costos impacta directamente. Si suben los costos, por más que hayan subido los precios vamos a tener una ecuación desfavorable. Por ejemplo, el trigo subió un 50 por ciento desde que se desató la guerra entre Ucrania y Rusia, pasó de US$ 220 a 340, pero el fertilizante nitrogenado, que se utiliza en maíz, cebada, trigo, aumentó tres veces, un 300 por ciento". Y advirtió que "si tomamos la foto del sector en cuanto a los ingresos, va a ser un año mejor, pero esto no será real. Y este es el problema que tenemos. El 2022 va a ser mejor que 2021 en resultados económicos, pero será peor en términos de reposición (superficie a implantar)".

En este sentido también se refirió Marcelo Hegel, CFO de ADBlick Granos, una compañía que lleva adelante un fideicomiso vinculado al sector: "Los commodities relacionados con los alimentos tuvieron subas de precios significativa, pero también subieron los costos. Entonces, aquel productor que tuvo una renta de un 20 por ciento en la campaña 2021-2022, en la 2022-2023 va a tener que invertir en dólares un 40 o 50 por ciento más y teniendo en cuenta que en general los bancos no incrementan las líneas de crédito, sino que las mantienen igual. Es decir, se trata de una rentabilidad muy relativa que el productor la necesita para invertir en la próxima campaña".

Campaña actual: producción y desempeños por eslabón

Según estimaciones preliminares de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en términos de producción la campaña actual (2021-2022) tiene en primer lugar al maíz con 49 millones de toneladas producidas, que se exportan mayoritariamente como grano y no como cadena industrial. En segundo lugar, viene la soja con 42 millones de toneladas producidas y en tercer puesto aparece el trigo con 21,8 millones. Luego se ubican la cebada con 5 millones de toneladas, sorgo con 3,5 millones y el girasol con 3,4 millones. En cuanto a la cadena industrial o de valor agregado, y contemplando todos los eslabones, encabeza el ranking la soja, luego el maíz, el trigo y cierran la cebada, el girasol y por último el sorgo.

Agustín Tejeda subrayó que el eslabón de la producción tiene riesgos de mercado y climáticos y que "hoy están exacerbados ambos porque el mercado mundial tiene incertidumbres muy grandes y volatilidad de precios muy alta por la guerra y la salida de la pandemia. En la Argentina se suma el riesgo de las políticas que tienen cambios constantes en las reglas de juego. Pero el sector desarrolló en los últimos 20 años una matriz productiva particular que trabaja en red y que permite absorber los shocks externos de una manera más eficiente. Los productores ahora van a tener que atravesar un escenario de mucha volatilidad y altos costos".

En cuanto a otros eslabones, indicó que "la cadena de la soja es de las más eficientes del mundo porque tenemos capacidad para moler más de 60 millones de toneladas. Producto de los derechos de exportación del 33 por ciento, cayó la inversión y hoy tenemos una alta capacidad ociosa ya que se están moliendo 40 millones de toneladas. Tenemos una molienda prácticamente estancada en los últimos 10 años, cuando nuestros principales competidores vienen en aumento". Además, el economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires explicó que "la molienda también está sufriendo en el resto de las cadenas del agro. Tenemos capacidad industrial, ya sea para el maíz, trigo o girasol, pero con desempeños bastante pobres y las cantidades molidas estancadas en el último tiempo". Luego hizo mención a los eslabones de carnes y lácteos: "Veníamos ganando mucho espacio en el mercado internacional hasta mediados del año pasado cuando se implementaron derechos a las exportaciones. Esto fue un fuerte desincentivo a las inversiones".

Próxima campaña

Por parte del eslabón exportador, Idígoras comentó que "la expectativa para el próximo año es que continúen los precios altos. Vamos a tener una relación oferta y demanda muy tirante y con una inestabilidad importante del mercado que marca mucha incertidumbre por cuestiones climatológicas y por el conflicto bélico. No sabemos cuánto tiempo va a tardar Ucrania en recomponer su aparato productivo y logístico exportador. Por lo tanto, aventuramos un 2023 bastante similar al 2022 en términos de producción y exportación. Pero esto va a depender de la evolución de la guerra, del clima y del acceso a los insumos, porque a nivel mundial se complicó la importación de fertilizantes porque hay poca oferta y a precios muy elevados".

Por su parte, Tejeda destacó que "el mercado internacional presenta una enorme oportunidad con la salida de la pandemia y el conflicto en el Mar Negro. El mundo tiene una escasez relativa de la mayor parte de los granos y el mercado internacional mira hacia nuestra región como uno de los mercados que pueden responder y ocupar el espacio de Rusia y Ucrania, que son dos de los grandes exportadores a nivel mundial. No es solo una oportunidad para la coyuntura, para la próxima campaña, sino para el mediano y largo plazo y para conformarse como un proveedor confiable de alimentos, con un sector agroindustrial eficiente y con capacidad ociosa y, también, que está ubicado en una zona de paz, porque va a ser difícil que el mundo vuelva a confiar rápidamente en los países del Mar Negro. El límite para esto lo pone el clima y, especialmente, las políticas".

También señaló: "Vemos una próxima campaña difícil y compleja y con fuerte incertidumbre. El productor va a tener que hacer una inversión grande porque los costos aumentaron significativamente, con riesgos claros para poder capturar un precio que cierre el margen. Tenemos consultas récord de los compradores a nivel mundial viniendo a la Argentina a ver cuánto vamos a producir y nuestra primera estimación para la siembra de trigo de esta próxima campaña es todo un dato si tenemos en cuenta los precios récord, porque vamos a sembrar menos trigo comparando ambas campañas. Esto es porque los productores tienen la percepción de que van a subir los derechos a la exportación del trigo y entonces se van a otros cultivos".

En tanto, Herran indicó que la próxima campaña va a estar condicionada por los aumentos de los costos de los cultivos, fundamentalmente los fertilizantes y fitosanitarios, y por los aumentos de costos de comercialización (fletes). "Esto probablemente genere una reducción de superficie en trigo y maíz y tenga un impacto de aumento en la superficie de soja. Esto es porque hay cultivos más dependientes que otros, por ejemplo, el maíz, el trigo y la cebada son más dependientes de fertilizantes que la soja", dijo. Además, describió que "en la campaña que se está cerrando ahora hay una caída de la producción como consecuencia del clima. Es una campaña muy buena de trigo y cebada, muy mala de maíz y normal de soja y girasol. Ahora, respecto a la campaña que viene, vemos que en ingresos promedios va a ser mejor, pero cuando vemos que tenemos que implantar empiezan las dudas porque va a hacer falta más del doble de inversión para una misma hectárea de maíz y de trigo y más de 1,5 veces más para una hectárea de soja".

Hegel, por su parte, explicó que "actualmente, ADBlick Granos tiene abierto el capital del fideicomiso de su campaña número 14 y estimamos para el cierre de la campaña número 13 una rentabilidad del 12,5 por ciento dólar linked. La campaña que viene creemos que puede ser compleja porque básicamente tendrá precios de commodities muy altos, con subas muy fuertes en los alquileres de los campos, tanto en quintales como en precio de la soja". 

El texto original de esta nota fue publicado en la edición 341 de la revista Apertura

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