

Molinos Río de la Plata, la alimenticia controlada por la familia Perez Companc, compró Bodega Etchart, una de las etiquetas más tradicionales de Salta. La operación incluye activos, marcas y personal y configura un cambio en el mapa vitivinícola del grupo, que hasta ahora concentraba todas sus bodegas en Mendoza.
Fundada en 1850 y ubicada en Cafayate, en el corazón de los Valles Calchaquíes, Etchart elabora vinos bajo las marcas Etchart y Cafayate. La compra representa el desembarco de Molinos en una nueva región vitivinícola y suma una quinta bodega a una cartera que hasta ahora estaba integrada por Nieto Senetiner, Cadus, Ruca Malen y su participación en Viña Cobos.
“Esta incorporación representa un nuevo paso en el desarrollo de nuestras bodegas”, afirmó Agustín Llanos, CEO de Molinos Río de la Plata.
La adquisición llega semanas después de otro movimiento de Molinos. A comienzos de junio, la compañía compró las operaciones de NotCo en la Argentina y Uruguay y sumó al grupo las marcas desarrolladas por la startup chilena fundada por Matías Muchnick.

La salida de Pernod Ricard
La operación también pone fin a casi tres décadas bajo el control de la francesa Pernod Ricard. El grupo había desembarcado en Etchart en 1992, cuando adquirió el 50% de la bodega a través de Cusenier, su filial local. Esa operación implicó que la familia fundadora cediera el manejo de la bodega. Cuatro años más tarde, en 1996, Pernod avanzó con el porcentaje restante y tomó el control total.
Para entonces, Etchart ya había dejado de ser una bodega exclusivamente salteña y se había expandido a Mendoza con una fuerte presencia en vinos finos. La compra formó parte de una ola de desembarcos extranjeros que modificó el mapa vitivinícola argentino durante los años noventa.
En ese período, el austríaco Gernot Langes Swarovski compró Norton; la canadiense Seagram adquirió Crillón; Cinba, perteneciente al grupo Cinzano, se quedó con las marcas de Navarro Correas; Hiram Walker desembarcó en Balbi y la chilena Santa Carolina tomó el control de Santa Ana.
Al mismo tiempo, Peñaflor negociaba el ingreso del Citicorp Equity Investments (CEI), una sociedad cuyos accionistas incluían al Citibank, Banco República y el grupo Werthein.
Ahora, casi 30 años después, Etchart vuelve a cambiar de dueño. La histórica bodega salteña deja la órbita de Pernod Ricard y pasa a manos de Molinos, que desembarca por primera vez en los Valles Calchaquíes.

Cómo se armó el mapa de vinos de los Perez Companc
La presencia de Molinos en el vino comenzó a fines de los años 90 con la compra de Nieto Senetiner, una de las bodegas históricas de Mendoza. Desde Vistalba, en Luján de Cuyo, produce etiquetas como Don Nicanor y Aimé y se convirtió en la principal operación vitivinícola del grupo.
Con el tiempo, Cadus dejó de ser la línea ícono de Nieto Senetiner para convertirse en una bodega propia, enfocada en partidas limitadas y vinos provenientes del Valle de Uco.
El siguiente paso llegó en 2015 con la compra de Ruca Malen. Ubicada en Agrelo, la bodega fue renovada y ganó protagonismo por sus vinos.
A esas operaciones se suma la participación del 50% en Viña Cobos, fundada por el enólogo estadounidense Paul Hobbs, quien continúa como socio y director enológico. La bodega, también ubicada en Agrelo, elabora etiquetas como Cobos y Bramare.














