

La felicidad de los argentinos cayó al nivel más bajo desde 2018 y los síntomas de burnout volvieron a crecer. Un relevamiento de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21, mostró que apenas el 46,8% de los encuestados manifestó sentirse feliz con su vida, mientras que el 23,8% presentó señales vinculadas al estrés laboral crónico.
El estudio, correspondiente al primer semestre de 2026, marca una caída del 1,5% en los niveles de felicidad respecto de la medición anterior, realizada en el último trimestre de 2025. Además, confirma una tendencia descendente que se mantiene por tercer año consecutivo.
En paralelo, el burnout subió 3,9% frente al relevamiento previo. El indicador mide síntomas de agotamiento mental y estrés crónico asociados al trabajo. Para evaluarlo, el informe utilizó el Inventario de Burnout de Maslach, una herramienta aplicada internacionalmente para analizar este tipo de malestar.
El deterioro del bienestar no aparece concentrado en un único grupo. La caída de la felicidad se observa principalmente entre los varones y en casi todos los segmentos etarios, con excepción del grupo de 40 a 49 años, donde se registró una leve mejora. Entre los hombres, el nivel de felicidad fue del 45,2%, el más bajo desde el inicio de la serie. En las mujeres, alcanzó el 48,4%.
Nivel educativo
El nivel educativo aparece como una de las variables con mayores diferencias. Entre las personas con estudios primarios, solo el 20% afirmó sentirse feliz, lo que implica una caída cercana al 50% respecto de la medición anterior. Ese mismo grupo registró también el nivel más alto de burnout, con una prevalencia del 31,7%.
En cambio, entre quienes tienen estudios de posgrado se observó una mejora en la percepción de felicidad y la menor incidencia de burnout, con un 18,5%. Para el Observatorio, esa brecha sugiere que el capital educativo puede funcionar como un factor de amortiguación frente al malestar.

“La disparidad observada sugiere, al igual que los anteriores relevamientos, que el capital educativo funciona como un mecanismo de amortiguación frente al malestar. Los datos exponen una fragmentación del bienestar donde los sectores con menor formación enfrentan una vulnerabilidad doble: una caída en su realización personal y una mayor exposición al desgaste laboral”, señalaron desde el Observatorio.
Además del burnout, el informe detectó una presencia extendida de síntomas de ansiedad y depresión. El 46,8% de los encuestados dijo haberse sentido nervioso, angustiado o muy tenso durante varios días de la semana. A su vez, el 36,5% manifestó dificultades para controlar sus preocupaciones, el 33,7% indicó poco interés o placer en sus actividades y el 31% señaló sentirse triste, deprimido o sin esperanzas.
El estudio fue realizado mediante una encuesta telefónica a 1050 casos por año comparado, con un nivel de confianza del 95% y un error muestral del 3,02%. La población relevada incluyó varones y mujeres de entre 18 y 65 años residentes en la Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán.















