Con una inversión anunciada de u$s 800 millones, en estudio para presentar al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), Newmont comenzó una ampliación para prolongar la vida útil de Cerro Negro, uno de los principales yacimientos de oro del país. El proyecto, que ya está en ejecución, combina expansión productiva, incorporación de tecnología y desarrollo de proveedores locales.
En diálogo con El Cronista, María Eugenia Sampalione, Country Manager de la compañía en la Argentina, explica el trasfondo de la decisión y el escenario que se abre para la minería.
Acaban de anunciar una inversión fuerte en Cerro Negro. ¿Qué cambia respecto del escenario previo?
Cerro Negro es un yacimiento que ya está en una etapa madura y, como cualquier operación minera en esa fase, requiere una revisión constante de las inversiones necesarias para sostener y extender su vida útil. En ese marco, anunciamos una inversión de u$s 800 millones con una perspectiva de seis años que tiene dos objetivos centrales: por un lado, extender la vida de la mina más allá de 2035; y por otro, mejorar la productividad de la operación. Esto es clave porque, sin esta expansión, ya estaríamos pensando en el cierre entre 2027 y 2028, que es lo que ocurre naturalmente cuando un yacimiento entra en su fase final. La minería tiene ciclos muy definidos, y cuando contás con una buena base geológica, lo importante es mirar más allá del horizonte inmediato. Por eso la exploración sigue siendo fundamental incluso en etapas productivas: te permite identificar dónde están los mejores recursos y orientar las inversiones en consecuencia.
¿Cómo se toma la decisión de inversión de esta magnitud?
La decisión no es de un día para el otro. Este proyecto se viene evaluando hace dos o tres años. Lo primero que mira una compañía como Newmont es la calidad del recurso: la geología es el punto de partida. Si la base es sólida, eso justifica pensar en expandir. Después entran en juego otras variables: el precio del oro, el contexto global, pero también la coyuntura argentina. A eso se suma un proceso interno muy importante que tuvimos el año pasado, con un reordenamiento del management a nivel global. Se buscó mayor eficiencia, más disciplina en los procesos productivos y una estructura más enfocada en resultados.
En minería de gran escala, lo que se busca es previsibilidad. Entonces, cuando combinás una buena base geológica con un management más eficiente y un proceso productivo disciplinado, se generan las condiciones para avanzar en inversiones de largo plazo como esta.
¿Qué rol juega hoy el contexto argentino en este tipo de decisiones?
Es un factor clave. Ninguna inversión se decide solo por la geología. También se analiza el contexto económico, social y regulatorio del país donde se opera. Hoy vemos ciertos cambios que son positivos: mejoras en indicadores macroeconómicos, una tendencia a la baja en la inflación y mayor claridad en las reglas de juego.
Eso, sumado a una apertura macroeconómica y a una mayor previsibilidad, genera un entorno más propicio para invertir. Después está el componente social, que también es central en minería. Nosotros trabajamos mucho con las comunidades, porque cualquier proyecto de esta envergadura requiere una licencia social para operar. Cuando alineás esos tres factores —base geológica, contexto macro y entorno social—, es cuando una compañía decide avanzar.
¿Piensan presentarse al RIGI?
Lo estamos analizando. Vendría bien, sobre todo por la estabilidad regulatoria y fiscal que ofrece. Es importante que estas grandes inversiones sean estables, que se hagan con la libertad y estabilidad que requiere un país.
¿Los cambios en la Ley de Glaciares los impactan?
No. Nosotros estamos en el Macizo del Desierto. Igualmente todos los proyectos mineros tienen que presentar su informe de impacto ambiental. En cualquier provincia, si hay glaciares o reservas hídricas, en los informes aparecen para ver dónde se puede operar.
¿La inversión ya empezó a ejecutarse?
Sí, ya está en marcha. Hace dos meses iniciamos la ejecución y en ese tiempo ya adjudicamos seis licitaciones por cerca de u$s 20 millones a empresas locales.
Esto muestra que no es solo un anuncio, sino un proyecto en ejecución. La expectativa es empezar a ver los primeros impactos en términos de productividad hacia 2028. La minería tiene tiempos largos: las inversiones tardan en traducirse en producción, pero cuando lo hacen, sostienen la operación por muchos años.
¿Cómo impacta esto en la producción?
En minería el foco está puesto en el volumen, porque el precio es un commodity que define el mercado. El año pasado produjimos alrededor de 201.000 onzas, lo que representó unos u$s 735 millones en exportaciones.
La idea con esta expansión es sostener y eventualmente mejorar ese nivel de producción en el tiempo, manteniendo una operación estable. Lo importante no es solo crecer, sino hacerlo de manera predecible, con control de costos, disciplina operativa y foco en la seguridad.
¿Qué inversión en tecnología hay?
La inversión en tecnología es parte de esta expansión. Cuando incorporás innovación, mejorás los procesos, reducís riesgos y aumentás la productividad. Eso, junto con la disciplina operativa, es lo que te permite aspirar a ser una mina de clase mundial, es decir, una operación predecible y confiable más allá de las fluctuaciones del precio.
¿Sigue siendo Argentina un desafío para explicar a la casa matriz?
Todos los países tienen desafíos. En algunos casos es la macroeconomía, en otros la minería ilegal o cuestiones regulatorias. Argentina tiene los suyos, principalmente vinculados a la volatilidad macro.
Lo importante es que desde la operación trabajamos para generar condiciones favorables de inversión. Eso implica planificación de largo plazo, análisis de escenarios y estrategias para mitigar riesgos. El año pasado, por ejemplo, hicimos una planificación global a cinco años. Y también hay una mirada interesante: operar en Argentina te obliga a ser ágil, flexible y creativo. Es un desafío, pero también una oportunidad para desarrollar capacidades.
¿Qué impacto tiene la operación en términos económicos para el país?
La minería es 100% exportadora. En nuestro caso, el año pasado exportamos u$s 735 millones e importamos apenas u$s 17 millones. Es una actividad con un fuerte superávit comercial.
Además, generamos unos 1500 empleos directos y cerca de 4800 en la cadena de valor. Y una parte muy importante de lo que generamos se reinvierte en el país, en infraestructura, servicios y desarrollo local.
Por ejemplo, llevamos invertidos unos u$s 57 millones en fideicomisos para obras de infraestructura, desde líneas eléctricas hasta mejoras en aeropuertos, conectividad y servicios básicos en las comunidades donde operamos.
Hoy es central la discusión de incluir a proveedores locales en los grandes proyectos mineros ¿Cómo los integran en Cerro Negro?
Es un eje clave. Este proyecto prevé unas 300 obras vinculadas a infraestructura y desarrollo de superficie, y nuestra decisión es que la mayor parte sea ejecutada por proveedores locales.
Ahora bien, eso requiere un trabajo muy fuerte de integración. Las compañías como la nuestra tienen estándares muy altos en seguridad, cumplimiento y tiempos de entrega. Entonces hay que trabajar con los proveedores para que puedan cumplir con esos requisitos y ser competitivos.
En estos primeros meses ya adjudicamos contratos importantes en rubros como movimiento de suelos y módulos habitacionales. Es un proceso de construcción conjunta de capacidades.
¿Dónde están hoy los principales cuellos de botella?
El principal desafío no es tanto operativo como estructural: el talento. Argentina no es históricamente un país minero, por lo que no tiene una base amplia de formación técnica en este sector.
Con el crecimiento que se viene, va a haber una competencia fuerte por recursos humanos calificados. Por eso estamos trabajando en programas de formación, jóvenes profesionales y capacitación en las comunidades.
Además, la minería tiene particularidades: se trabaja en zonas remotas, con esquemas especiales, y eso también requiere generar atractivo para que las personas quieran desarrollarse en la industria.














