En la carrera por integrar inteligencia artificial a las empresas se suele poner el foco en la adquisición de infraestructura y licencias de software. Sin embargo, la disponibilidad de recursos económicos no garantiza una transición exitosa si se descuida el ecosistema humano de la organización. El verdadero motor de la transformación digital reside en la capacidad de las organizaciones para modelar su cultura frente al cambio.
“Hoy hay muchos proyectos de adopción de IA; algunos de esos fracasan, inclusive entre compañías que tienen los mismos recursos tecnológicos, lo que evidencia que el diferencial en realidad no está en lo visible de la tecnología sino en algo más invisible que es la cultura”, definió Fernando Troilo, Director del Posgrado en Recursos Humanos de Ucema.
El especialista señaló que el despliegue tecnológico altera las estructuras internas: “En definitiva, cuando una empresa quiere adoptar la IA lo que cambia son las formas de trabajo, de tomar decisiones, la distribución del poder; son todas cuestiones que requieren una transformación cultural”.
Bajo esta mirada, las iniciativas deben sostenerse sobre una base de responsabilidad. “La adopción de la IA tiene dos dimensiones: una relacionada con la efectividad, porque viene a impulsar los resultados del negocio; pero también tiene que tener una dimensión ética; y eso es lo que nos demuestran todos estos proyectos que terminaron fracasando”, advirtió Troilo. En ese sentido, puntualizó sobre la necesidad de contemplar “una dimensión relacionada con la sostenibilidad de la IA vinculada con el respeto por la dignidad humana, la responsabilidad, la inclusión, la diversidad, la transparencia en la adopción; es el hecho de tener en cuenta a la persona que finalmente va a ser el usuario de la IA”.
El liderazgo, la clave
A esto se suma un déficit en la conducción: “Muchas veces otra barrera es la incapacidad del liderazgo, ya que no saben acompañar equipos que adoptan IA; la incapacidad de generar transformaciones culturales, que es la otra necesidad que viene acompañando este proceso”.
Frente al temor generalizado por el reemplazo de los puestos de trabajo, la clave radica en la validación emocional desde la cúpula directiva. “La gente tiene miedo y eso tiene que ver con la parte más primitiva del ser humano. Cuando nos sentimos atacados aparece el miedo. Entonces lo primero es ver al miedo como un aliado, no como un enemigo. El tema es qué hacemos con eso”, reflexiona Troilo.
Para desactivar la parálisis organizacional, las áreas de gestión de talento deben asumir un rol activo en el despliegue de la información. “Hay que entender que el miedo es una emoción que surge naturalmente en las personas cuando queremos adoptar la IA pero también tenemos que hacernos cargo desde las áreas de capital humano y de todos los líderes de la compañía de cómo gestionamos ese miedo”, sostuvo el consultor.











