

Tras la propuesta de fusionar United Airlines con American Airlines, el CEO de la primera, Scott Kirby, puso sobre la mesa la posibilidad de crear la aerolínea más grande del mundo. Sin embargo, el pasado 17 de abril American salió a responder y aseguró que “no participa ni tiene interés en mantener conversaciones de ese tipo”.
A través de un comunicado, advirtió que una eventual integración sería perjudicial tanto para la competencia como para los consumidores.
El rechazo no solo enfrió las expectativas de un acuerdo -que habría sido el mayor proceso de consolidación del sector en más de una década-, sino que también impactó en el mercado, con una caída en sus acciones antes de la apertura del lunes.

“Una fusión con United sería perjudicial para la competencia y para los consumidores, y por lo tanto, incompatible con nuestra interpretación de la filosofía de la Administración respecto a la industria y los principios de la legislación antimonopolio”, comentó.
Al mismo tiempo, agradeció el liderazgo y apoyo del presidente Donald Trump y el secretario Duffy y ratificó que su foco seguirá puesto en ejecutar su estrategia de largo plazo: “Esperamos seguir colaborando con la Administración en las medidas que adopte para fortalecer el sector aéreo en general”.
De haberse concretado, la combinación de ambas implicaría cerca del 33% de participación de mercado en Estados Unidos y alrededor del 40% de la oferta total de asientos.
Desde el punto de vista financiero, United cuenta con un valor de mercado cercano a los u$s 31.000 millones, frente a los u$s 7400 millones de American. En lo que va de 2026, las acciones de United cayeron un 15%, mientras que las de American retrocedieron un 27 por ciento.














