

Hace cientos de miles de años, Gran Bretaña estaba conectada con Europa por extensas superficies de tierra que hoy permanecen bajo el mar del Norte. En esos paisajes vivieron animales gigantes y los primeros grupos humanos que llegaron a estas regiones.
Frente a Happisburgh, en la costa este británica, una investigación arqueológica busca reconstruir ese mundo desaparecido. Lo que comenzó como una exploración del fondo marino terminó con el hallazgo de depósitos geológicos del Pleistoceno que podrían aportar nuevas pistas sobre la ocupación humana temprana de Europa.

Es arqueóloga, ganó una beca y ahora su nombre se escribe seguido de un hallazgo inédito
La protagonista fue la arqueóloga Rachel Bynoe, quien en 2018 recibió una beca de investigación de la Fundación Leakey para desarrollar el proyecto Explorando un yacimiento sumergido del Pleistoceno frente a Happisburgh, Reino Unido. La investigación estuvo encabezada por el profesor Fraser Sturt y contó con la participación de Bynoe y otros especialistas.
Según informó un artículo de la University of Southampton, el equipo partió de descubrimientos anteriores que habían cambiado el conocimiento sobre los primeros habitantes de la región.
De acuerdo con su informe, estos hallazgos “han cambiado radicalmente nuestra comprensión del momento y la naturaleza de la ocupación temprana de los homininos en estos entornos septentrionales”, con evidencias de presencia humana de casi un millón de años.

Quién es Rachel Bynoe
Rachel Bynoe es arqueóloga marítima especializada en paisajes sumergidos del Pleistoceno. Se formó en la Universidad de Southampton, donde obtuvo su maestría en 2008 y doctorado en 2014.
En su biografía profesional, define su especialidad: “Soy arqueóloga marítima paleolítica, especializada en paisajes sumergidos del Pleistoceno”. Actualmente trabaja en la Universidad de Southampton, donde investiga la arqueología marina de Happisburgh y los antiguos territorios ocultos bajo el mar del Norte.
Un “mundo perdido” en el fondo del mar: mamuts y especies de ciervos gigantes
Durante dos semanas de trabajo de campo en el verano de 2018, los investigadores identificaron tres áreas con depósitos sumergidos de la Formación del Bosque de Cromer. El primer día localizaron un gran afloramiento de materiales laminados que hasta entonces no habían conseguido encontrar en alta mar.
La zona ya era conocida por los restos fósiles que aparecían en sus playas. Entre ellos se encontraban:
- Mamuts primitivos.
- Distintas especies de ciervos gigantes.
- Rinocerontes y osos.
- Herramientas de piedra y fragmentos de huesos de animales mineralizados.

Durante la expedición también encontraron una herramienta de piedra y pequeños fragmentos de huesos, aunque estaban fuera de su contexto original y no pudieron asociarlos directamente con los depósitos.
Para estudiar el terreno, Daniel Pascoe, integrante del equipo, realizó un modelo tridimensional de una de las exposiciones con precisión milimétrica. También extrajeron muestras de sedimentos para analizar su composición y buscar polen.
Los primeros resultados permitieron relacionar los depósitos submarinos con otros conocidos en tierra firme. Además, utilizaron sonar de barrido lateral para estudiar el lecho marino y comenzaron a preparar nuevas investigaciones sísmicas que permitirían observar qué materiales permanecen ocultos bajo las dunas de arena.
La principal conclusión fue que el fondo marino conserva información arqueológica y ambiental de enorme valor. Aunque la expedición todavía no encontró un asentamiento humano intacto, permitió localizar depósitos que podrían orientar futuras búsquedas.
Como resumieron los investigadores: “La presencia arqueológica es innegable, pero localizarla es como buscar una aguja en un pajar”. El trabajo de Bynoe y su equipo permitió avanzar en esa búsqueda y abrir nuevas posibilidades para estudiar los paisajes que habitaron los primeros humanos en Europa.
















