

La despoblación rural continúa siendo uno de los mayores desafíos para numerosas localidades en España.
Sin embargo, algunos de esos pueblos que quedaron vacíos hace décadas empiezan a despertar el interés de inversores extranjeros que buscan devolverles la vida mediante proyectos turísticos.
Ese es el caso de Salto de Castro, un antiguo poblado ubicado en la provincia de Zamora, que fue adquirido por un empresario estadounidense con la intención de restaurarlo y transformarlo en un complejo de turismo rural, aprovechando su patrimonio y el atractivo natural de la zona.
Cómo será el proyecto para recuperar Salto de Castro
El nuevo propietario, Jason Lee Beckwith, concretó la compra del pueblo junto con su pareja por un monto que, según medios españoles, se ubicó entre los 300.000 y 350.000 euros.
La iniciativa contempla una recuperación integral del lugar, aunque se llevará adelante en distintas etapas. En una primera fase se renovarán la iglesia y los edificios destinados a actividades de hostelería, mientras que posteriormente se restaurarán las viviendas.
El proyecto busca respetar la arquitectura original del pueblo y cumplir con las normas urbanísticas de la región. El objetivo es crear un espacio orientado al turismo rural sostenible sin perder la identidad histórica del enclave.

Qué infraestructura tiene el pueblo abandonado
A pesar de permanecer deshabitado desde hace décadas, Salto de Castro conserva buena parte de sus construcciones originales.
El poblado cuenta con 44 viviendas, una antigua escuela, un cuartel de la Guardia Civil, un bar, una iglesia y una hospedería que será reacondicionada para ofrecer alojamiento turístico. El plan prevé que este edificio disponga de 14 habitaciones, áreas comunes y servicios para los visitantes.
Su ubicación, dentro del Parque Natural de los Arribes del Duero y muy cerca de la frontera con Portugal, es uno de los principales atractivos para impulsar el desarrollo del emprendimiento.
Por qué Salto de Castro quedó completamente abandonado
La historia del pueblo comenzó en la década de 1950, cuando fue construido por Iberdrola para alojar a los trabajadores que participaban en la construcción de un embalse.
Una vez finalizadas las obras, las familias dejaron el lugar y la población fue disminuyendo hasta quedar completamente deshabitada a finales de los años ochenta.
Aunque el pueblo permaneció durante años en manos privadas e incluso existieron intentos de reconvertirlo en un hotel, ninguno de esos proyectos prosperó.
Ahora, la nueva inversión apuesta a darle una segunda oportunidad y convertirlo en un atractivo turístico que también sirva como ejemplo para otras localidades afectadas por la despoblación en la llamada “España vaciada”.












