Es una escena común: terminamos de tomar agua de una botella o guardamos sobras en un recipiente y notamos en la base un pequeño triángulo de flechas con un número en el centro. Aunque la mayoría de los consumidores asocia este símbolo automáticamente con el cuidado ambiental, su verdadero propósito es identificar el tipo de resina con la que fue fabricado el producto.

Este sistema, creado a finales de los años ochenta, clasifica los plásticos del 1 al 7 y esconde información vital sobre cómo debemos manipularlos en casa.

El gran error que solemos cometer a diario es creer que todos los plásticos son iguales o que pueden reutilizarse de forma indefinida. La realidad biológica y química demuestra que ciertos componentes pueden migrar hacia los alimentos o las bebidas, un proceso que se acelera drásticamente cuando los envases son sometidos a altas temperaturas, como en el microondas, o cuando sufren desgaste por lavados repetidos.

Saber leer este código numérico es la única manera de evitar la ingesta accidental de toxinas.

Para la tranquilidad en la cocina, existen tres números que los expertos en bromatología consideran los más seguros para el contacto directo con la comida. Se trata de los plásticos marcados con el 2 (Polietileno de Alta Densidad), el 4 (Polietileno de Baja Densidad) y, muy especialmente, el 5 (Polipropileno). Este último es el material por excelencia de los tuppers de buena calidad, ya que resiste bien el calor sin deformarse ni liberar sustancias nocivas, siendo el único realmente apto para calentar viandas.

Por el contrario, el número 1 corresponde al PET, el material más habitual en las botellas de agua y gaseosas comerciales. Aunque es completamente seguro para un primer y único uso, los especialistas médicos advierten que nunca deben rellenarse de manera sistemática.

Con el uso, este material desarrolla microgrietas imperceptibles donde proliferan bacterias, y frente a la exposición solar o al calor de un auto cerrado puede liberar trazas de metales pesados como el antimonio, perjudiciales a largo plazo.

Las verdaderas alertas de salud deben encenderse al detectar los números 3, 6 y 7 en cualquier elemento destinado a la alimentación. El 3 es PVC, que resulta altamente tóxico si se somete a temperatura; el 6 es poliestireno (el clásico telgopor o los vasos térmicos descartables), que al entrar en contacto con café o sopa caliente puede liberar estireno, un potencial cancerígeno. Finalmente, el 7 es una categoría mixta que incluye al policarbonato, famoso por contener Bisfenol A (BPA), un peligroso disruptor endocrino que muchos países ya empezaron a prohibir.

Incorporar el hábito de dar vuelta los recipientes antes de comprarlos o meterlos al microondas marca una diferencia sustancial en el cuidado personal. La regla de oro para los hogares es sencilla: priorizar siempre los envases con el número 5 para almacenar y calentar, descartar las botellas número 1 tras su consumo original, y mantener bien lejos de la heladera y el calor cualquier plástico que lleve un 3, un 6 o un 7. Una simple mirada a ese pequeño triángulo alcanza para prevenir riesgos innecesarios.